La palabra ábside procede del latín apsis o absis, términos derivados del griego apsis, relacionado con el arco. En arquitectura religiosa designa, sobre todo, el espacio que remata el coro o una nave lateral y que suele cubrirse con una bóveda. También puede aplicarse, en sentido más amplio, a un nicho abovedado, a una cúpula o al espacio donde se sitúa la sede episcopal.1
La planta más característica del ábside es semicircular, aunque también existen ábsides poligonales y rectangulares. La cubierta suele adoptar la forma de una media cúpula o de otra bóveda adaptada a la planta. El muro acostumbra a ser macizo en la parte inferior y puede abrir ventanas en la zona superior.1
El ábside está estrechamente relacionado con el santuario, pero ambos términos no siempre significan lo mismo. El ábside es, en primer lugar, una forma o un espacio arquitectónico; el santuario es la zona de la iglesia destinada al altar y al clero. En las iglesias cristianas antiguas, el santuario podía quedar limitado al ábside, aunque en otros edificios ocupaba también parte de la nave central o incluía espacios añadidos.2



