Las aclamaciones tienen raíces que se remontan a prácticas antiguas, tanto dentro como fuera del contexto religioso1.
Aclamaciones Seculares y su Influencia
Históricamente, las aclamaciones eran comunes en contextos seculares, como en la elección de emperadores paganos. Por ejemplo, en el relato de la elección del emperador Tácito (283 d.C.), los senadores y el pueblo aclamaban con frases como «Trajano también accedió al Imperio siendo anciano» o «Es tu mente, no tu cuerpo, lo que elegimos»1. Estas aclamaciones populares continuaron incluso después de que las coronaciones imperiales adquirieran un carácter eclesiástico y se realizaran en la iglesia1.
Esta práctica de aclamar al soberano en su elección se extendió también al Papa y, en algunos casos, a los obispos. Por ejemplo, en la coronación de un Papa, se cantaban palabras como «Exaudi, Christe» (Oye, oh Cristo) y «Larga vida a nuestro Señor [nombre], Sumo Pontífice y Papa Universal»1. En la presentación de un obispo electo, el pueblo podía gritar «Es digno, es digno, es digno; por muchos años»1. San Agustín registró una instancia en la que el pueblo aclamó «Gracias a Dios, Alabado sea Cristo» veintitrés veces al proponer a Heraclio como su sucesor1.
Aclamaciones en los Concilios Primitivos
Las aclamaciones también aparecen en los actos de algunos de los primeros concilios. Aunque algunas eran cumplidos a los emperadores, también incluían exclamaciones de naturaleza más litúrgica o doctrinal. Por ejemplo, en la primera sesión del Concilio de Calcedonia (451 d.C.), los Padres gritaron «Cristo ha depuesto a Dióscoro, Cristo ha depuesto al asesino» o «Este es un veredicto justo; este es un concilio justo»1.
Fórmulas Litúrgicas Breves
Con el tiempo, algunas fórmulas litúrgicas breves, como el Dominus vobiscum (El Señor esté con vosotros), Kyrie Eleison (Señor, ten piedad) y Deo gratias (Gracias a Dios), también llegaron a ser consideradas acclamaciones, aunque en un sentido más amplio1. La frase «Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat» (Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera) también se encontraba en las laudes imperiales de la Edad Media y ha mantenido su lugar en algunos rituales de coronación1.
