El acompañamiento espiritual es un medio privilegiado para el crecimiento integral de la persona en la fe1. Se establece como una relación constante y de confianza con alguien dotado de un profundo espíritu de fe y sabiduría cristiana2. Su propósito fundamental es ayudar a las personas a acercarse más a Dios, en quien se encuentra la verdadera libertad3. No es una terapia centrada en el autoabsorción, sino un peregrinaje con Cristo hacia el Padre3.
En este proceso, el director espiritual, o acompañante, guía al acompañado en los caminos de Dios, enseñándole a escuchar la voz del Señor y a vivir según sus mandamientos4. A través de este consejo, el dirigido puede tomar decisiones iluminadas por el llamado de Dios, lo que a su vez determina el tipo de servicio que ofrecerá con su vida y revela el plan de Dios para su día a día4.
