El acoso escolar comprende conductas deliberadas que humillan, intimidan, aíslan, amenazan o dañan a un alumno. Puede producirse en el aula, el patio, los transportes escolares, las actividades extraescolares, los grupos de mensajería o las redes sociales.
No todo conflicto entre estudiantes constituye acoso. Una discusión ocasional entre personas con fuerzas semejantes requiere corrección y mediación, pero suele diferenciarse del acoso por la combinación de varios elementos:
- Repetición o continuidad de las agresiones.
- Intencionalidad de dañar, dominar o excluir.
- Desigualdad de poder, física, psicológica, social, económica o digital.
- Indefensión de la víctima, que encuentra dificultades para detener la situación.
- Participación de un grupo, tanto mediante agresiones directas como por risas, difusión, silencio o complicidad.
La conducta puede causar daños visibles o permanecer oculta durante mucho tiempo. Las burlas constantes, los rumores, la exclusión deliberada, la destrucción de pertenencias, las amenazas y la difusión de imágenes humillantes forman parte del mismo fenómeno cuando pretenden someter o degradar a la víctima.



