Las colecciones de documentos pontificios
Durante la Edad Media y la Edad Moderna, la Iglesia reunió los documentos pontificios en distintas colecciones. Las decretales, constituciones y cartas papales circularon primero mediante copias manuscritas y, más tarde, a través de colecciones impresas.
Desde el siglo XVI aparecieron colecciones privadas conocidas como bullaria o bullaria pontificia, porque contenían principalmente bulas papales. También existieron recopilaciones de cartas pontificias, decisiones de las Congregaciones y documentos conciliares. Estas colecciones facilitaban el conocimiento del derecho vigente, pero no todas poseían idéntico valor oficial ni ofrecían un sistema uniforme de publicación.
La Iglesia contó también con grandes compilaciones jurídicas, como el Corpus Iuris Canonici, que reunió diversas colecciones medievales de cánones, decretales y legislación pontificia. Sin embargo, la existencia de recopilaciones jurídicas no eliminó la necesidad de publicar de manera regular las nuevas disposiciones de la Santa Sede.,
Formas antiguas de promulgación
Antes de la organización moderna del boletín oficial, la promulgación de las leyes pontificias adoptó formas diversas. Durante una primera etapa, hasta finales del siglo XIII, la promulgación podía realizarse en las provincias eclesiásticas mediante obispos o enviados especiales. Posteriormente adquirió mayor peso la promulgación romana.
Durante varios siglos, los documentos pontificios se fijaban públicamente en lugares determinados de Roma, especialmente en las puertas de las basílicas de San Pedro y San Juan de Letrán, en la Cancillería Apostólica y en otros puntos de la ciudad. La tradición jurídica consideraba que la publicación en Roma, centro de la cristiandad y sede del papa, bastaba para conferir fuerza universal a determinados actos.,
Este sistema provocó discusiones sobre la relación entre la publicación jurídica y el conocimiento efectivo de la ley. Algunos autores defendían la necesidad de una difusión provincial; otros consideraban suficiente la publicación romana. La expansión de la administración pontificia y el aumento de los documentos hicieron cada vez más conveniente un medio oficial, estable y fácilmente consultable.