La caridad como virtud teologal
La caridad pertenece a las tres virtudes teologales, junto con la fe y la esperanza. Recibe el nombre de teologal porque tiene a Dios como origen, motivo y destino.
El Catecismo de la Iglesia Católica define la caridad como el amor a Dios sobre todas las cosas por sí mismo y el amor al prójimo como a uno mismo por amor de Dios.
La caridad no consiste únicamente en un sentimiento afectivo. Implica una orientación estable de la voluntad hacia Dios y hacia el bien verdadero del prójimo. Por ello, una persona puede realizar un acto de caridad incluso cuando no experimenta consuelo sensible, entusiasmo o emoción religiosa.
Amor a Dios y amor al prójimo
El acto de caridad une inseparablemente dos dimensiones:
- El amor vertical, dirigido a Dios como bien supremo.
- El amor fraterno, dirigido al prójimo por amor de Dios.
La caridad hacia el prójimo no constituye una virtud desligada del amor divino. Cuando el cristiano ayuda, perdona o sirve movido por su amor a Dios, sus actos participan de la misma caridad sobrenatural.
Este amor alcanza a todas las personas, también a quienes han causado daño. Perdonar no significa aprobar la injusticia ni renunciar a la verdad o a la legítima defensa; significa abandonar el odio y desear, en la medida posible, el bien del otro.