Adhesión a Dios
El acto de fe se dirige прежде de todo a Dios. La fe cristiana no consiste únicamente en aceptar proposiciones religiosas, sino en adherirse personalmente al Dios que se revela. El cristiano cree en Dios, porque Dios es el origen y el fin de la fe.
Esta adhesión alcanza su plenitud en la fe en Jesucristo, Verbo encarnado y revelación definitiva del Padre. También incluye la fe en el Espíritu Santo, que conoce al Padre, revela a Cristo y mueve interiormente al creyente.
Asentimiento a la verdad revelada
La oración expresa asimismo la aceptación de las verdades que Dios ha dado a conocer. El creyente no crea el contenido de la fe ni lo modifica según sus preferencias personales. Recibe una revelación confiada a la Iglesia y transmitida mediante la predicación apostólica, la Sagrada Escritura y la Tradición.,
La fe incluye, por tanto, dos dimensiones inseparables:
- La adhesión personal a Dios, que se revela.
- El asentimiento a la verdad revelada, que la inteligencia acepta por la autoridad de Dios.
Acto de la inteligencia y de la voluntad
El acto de fe compromete a toda la persona. La inteligencia reconoce la verdad de lo que Dios revela, mientras que la voluntad, movida por la gracia, impulsa al asentimiento y a la entrega personal. Santo Tomás de Aquino describió la fe como un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina bajo el impulso de la voluntad movida por Dios mediante la gracia.,
La fe no es, por ello, un acto irracional ni una decisión puramente emocional. Tampoco resulta de una demostración racional que obligue al entendimiento como una evidencia matemática. La inteligencia posee motivos para creer, pero el fundamento último del asentimiento es la autoridad de Dios que revela.,
Gracia y libertad
El acto de fe requiere la gracia de Dios y, al mismo tiempo, constituye un acto verdaderamente humano. El Espíritu Santo mueve interiormente a la persona y la capacita para creer, pero Dios no elimina su libertad.,
Por su propia naturaleza, la fe debe prestarse libremente. Nadie puede ser obligado a creer contra su conciencia. La oración del acto de fe pide, por tanto, el don de permanecer abierto a Dios y de responder voluntariamente a su llamada.