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Acto y potencia

Acto y potencia son dos principios fundamentales de la metafísica de Aristóteles y de la tradición escolástica, especialmente de la filosofía de santo Tomás de Aquino. El acto expresa una realidad determinada o una perfección ya presente; la potencia, la capacidad real de recibir una determinación o alcanzar una perfección. Esta distinción permite explicar el cambio sin reducirlo a la aparición de algo desde la nada y, en la metafísica tomista, ayuda a comprender la composición de los seres finitos y la afirmación de Dios como acto puro.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreActo y potencia
CategoríaTérmino
DescripciónPrincipios metafísicos que expresan una perfección ya presente (acto) y la capacidad de recibir una determinación (potencia). Principios fundamentales de la metafísica aristotélica y escolástica que explican la realidad, el cambio y la composición de los seres finitos
Enseñanzas PrincipalesEl cambio es el paso de la potencia al acto; los seres finitos combinan acto y potencia; Dios es acto puro sin potencialidad pasiva.
ImportanciaOfrece el marco conceptual para analizar la finitud, el cambio, la causalidad y la doctrina de Dios en la tradición tomista.
Personas RelacionadasAristóteles, Santo Tomás de Aquino, Francisco Suárez, C. Cardona, Steven A. Long
TemaMetafísica y teología escolástica
Tesis CentralLa distinción entre acto y potencia explica el cambio y la finitud de los seres, culminando en la afirmación de Dios como acto puro.
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

Concepto y terminología

Los términos latinos actus y potentia traducen, en la tradición escolástica, los términos griegos enérgeia o entelécheia y dýnamis, empleados por Aristóteles. Acto no significa solo una acción: también puede designar una determinación, una actualidad o una perfección. Potencia tampoco equivale siempre a fuerza; puede nombrar una aptitud o capacidad real para obrar o para recibir una determinación.1

La potencia remite a aquello que todavía puede llegar a ser de un modo determinado; el acto, a la realidad ya alcanzada. Así, el acto determina y completa, mientras que la potencia es determinable y puede recibir esa determinación. No son dos cosas necesariamente separadas: con frecuencia describen aspectos distintos de una misma realidad.1

En el uso metafísico, estos términos abarcan más que sus usos ordinarios. Toda operación es acto, porque actualiza una capacidad; pero también lo son otras perfecciones y determinaciones que no consisten en una acción. Del mismo modo, algo «en potencia» no es una mera posibilidad lógica: existe en un sujeto real capaz de adquirir una determinación.1

Potencia y posibilidad

La posibilidad lógica consiste en que una idea no entrañe contradicción. La potencia metafísica, en cambio, requiere un sujeto real que pueda recibir una determinación. Por ello, decir que algo es posible no basta, por sí solo, para afirmar que existe una potencia real capaz de realizarlo. La potencia implica una aptitud efectiva, no solo que algo pueda concebirse.1

La distinción también impide reducir la potencia a una referencia al futuro. Una cosa puede estar en potencia respecto de una determinación aunque todavía no la posea; lo decisivo no es solo que esa determinación llegue más tarde, sino que la realidad considerada tenga capacidad para recibirla.1

Potencia activa y potencia pasiva

La tradición escolástica distingue dos sentidos principales de potencia:

  • Potencia activa: capacidad o principio de obrar. El agente produce una acción o un cambio en otro, o en sí mismo bajo algún aspecto.
  • Potencia pasiva: capacidad de recibir una acción, un cambio o una perfección procedente de otro.

La distinción aparece con claridad en el ejemplo de la escultura. El mármol posee potencia pasiva para recibir la forma de una estatua; el escultor, en virtud de su capacidad y destreza, posee potencia activa para trabajar el mármol y darle esa forma. La potencia pasiva pertenece al sujeto que puede ser transformado; la activa, al principio capaz de causar la transformación.1,2

La potencia activa no debe confundirse con la pasividad o la imperfección. En la interpretación tomista, significa ante todo un principio de acción y puede considerarse una perfección del agente. La potencia pasiva, en cambio, designa de manera característica la capacidad receptiva de aquello que puede ser actualizado.2,3

Acto, potencia y cambio

El cambio puede entenderse como el paso de la potencia al acto: una capacidad real recibe una determinación que antes no poseía. El mármol que puede adquirir forma de estatua pasa a poseerla mediante la acción del escultor. La forma no surge de la nada en ese proceso: el cambio presupone un sujeto capaz de recibirla y un agente que lo actualice.1,4

Esta explicación permite distinguir entre el sujeto que cambia, la forma o determinación adquirida y el agente que produce el cambio. En el ejemplo de la estatua, el mármol es la causa material, la forma de estatua es la determinación alcanzada y el escultor actúa como agente. El fin por el que se fabrica la estatua -por ejemplo, satisfacer un encargo- corresponde a otro tipo de causa, la final.4

La potencia no actúa por sí sola en el sentido de actualizarse independientemente de todo principio actual. La actualización requiere algo que ya esté en acto y pueda producir el cambio. Por eso, en la explicación tomista, la potencia activa pertenece a un agente real, mientras que la potencia pasiva corresponde a aquello que puede recibir su acción.2,1

La misma realidad puede llamarse acto o potencia según el término con el que se la compare. Una capacidad adquirida, como una destreza, es acto respecto de la naturaleza que la hace posible; pero permanece en potencia respecto de las acciones concretas que permite realizar. La comparación debe mantener el mismo aspecto: respecto de una misma determinación, algo no puede poseerla actualmente y carecer de ella potencialmente a la vez.1

Acto primero y acto segundo

La escolástica distingue entre acto primero y acto segundo. El acto primero es una actualidad que hace posible una operación posterior; el acto segundo consiste en el ejercicio de esa capacidad. La facultad de ver es acto primero; el acto de estar viendo es acto segundo. Del mismo modo, poseer una ciencia o una habilidad no equivale a ejercerla en una acción concreta.5

El acto segundo completa una capacidad operativa al ponerla en ejercicio. La acción puede considerarse una perfección ulterior respecto de la facultad que la hace posible. Sin embargo, «primero» y «segundo» no siempre designan una secuencia temporal: indican ante todo un orden de dependencia entre una capacidad ya adquirida y su ejercicio.5,6

Acto y potencia en los seres materiales

En el análisis de los seres materiales, la tradición aristotélica relaciona acto y potencia con materia y forma. La materia puede recibir determinaciones; la forma actualiza esa capacidad y constituye el principio por el que una cosa es de una especie determinada. El compuesto de materia y forma puede, a su vez, recibir nuevas determinaciones.4

La materia primera designa el principio de potencialidad material considerado en su nivel más fundamental. No es una cosa concreta que exista por sí sola sin ninguna determinación, sino un principio que entra en la composición de los seres materiales. La forma la determina; el ser compuesto puede recibir después otros actos o determinaciones, como la cantidad, la figura o diversas cualidades.5,4

La relación de potencia y acto no queda restringida a materia y forma. La tradición metafísica la aplica también a otras composiciones: la sustancia respecto de sus accidentes, la esencia respecto del acto de existir y la facultad respecto de su operación. Estas relaciones no son todas idénticas, pero expresan, de distintos modos, una capacidad receptiva y la actualidad que la determina o perfecciona.7

Acto y potencia en los seres espirituales

La distinción metafísica de acto y potencia no se limita a los cuerpos ni a la energía física. También permite hablar de realidades espirituales, porque expresa la relación entre una perfección poseída y otras perfecciones que un ser puede adquirir. La tradición escolástica distingue así la cuestión metafísica general de las nociones físicas de energía potencial y energía cinética, que pertenecen a un ámbito más restringido.1

Un ser espiritual puede poseer una facultad y, sin embargo, no ejercerla continuamente. La diferencia entre la capacidad de actuar y la operación realizada conserva, por tanto, sentido más allá del cambio material. En el caso humano, conocer una ciencia como hábito no es lo mismo que actualizarla en un acto concreto de conocimiento.1,5

Dios como acto puro

En la metafísica escolástica, Dios recibe el nombre de acto puro (actus purus) porque no contiene potencia pasiva ni está en proceso de adquirir una perfección que todavía le falte. Los seres finitos poseen determinaciones actuales y, al mismo tiempo, capacidades que pueden permanecer sin actualizar o recibir nuevas determinaciones. La noción de acto puro expresa, en cambio, plenitud de actualidad y ausencia de esa potencialidad pasiva.8

El razonamiento parte de la relación entre cambio y actualidad: cambiar supone que algo pueda ser actualizado. La tradición tomista sostiene que la serie de actualizaciones no puede explicarse últimamente por seres cuya propia actualidad dependa siempre de otra actualización. De ahí concluye en un primer principio que no recibe de otro su actualidad: Dios, acto puro y causa primera.8

Esta doctrina no presenta a Dios como un ser que va desarrollando una posibilidad infinita o que alcanza progresivamente su plenitud. La fórmula acto puro significa precisamente que en Dios no hay un tránsito desde la posibilidad a la realización ni una perfección que todavía deba adquirir. La potencialidad caracteriza a los seres finitos; la plenitud de actualidad, a Dios.8

La creación tampoco supone un cambio o una nueva perfección en Dios. En esta perspectiva, crear o no crear no modifica al acto puro; la dependencia y el cambio corresponden a la criatura.7

Importancia filosófica y teológica

La distinción entre acto y potencia ofrece un marco para explicar cómo una realidad puede cambiar sin dejar de ser el sujeto del cambio: algo permanece capaz de recibir una determinación y llega a poseerla por la acción de un agente. También permite distinguir entre tener una facultad y ejercerla, y entre una posibilidad meramente pensable y una capacidad real.1,5

En la metafísica tomista, esta distinción contribuye a comprender la finitud: los seres creados no poseen toda perfección posible, sino que están actualizados de ciertos modos y abiertos a otros. La composición de acto y potencia sirve, además, para analizar relaciones como materia y forma o esencia y existencia, y para explicar la dependencia causal de los seres finitos respecto de Dios.7

En suma, acto y potencia no son meras nociones sobre lo actual y lo futuro. Designan principios metafísicos con los que la tradición aristotélico-escolástica interpreta la determinación, la capacidad, el cambio y la dependencia de los seres. La aplicación culminante de esta distinción es la afirmación de Dios como acto puro, sin potencialidad pasiva ni perfección por adquirir.1,8

Citas y referencias

  1. Actus et potentia, Enciclopedia Católica, Actus et Potentia (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  2. La posibilidad como potencia, C. Cardona. El acto de ser y la acción creatural, 3 (1978). 2 3
  3. C. Cardona. El acto de ser y la acción creatural, 4 (1978).
  4. Aristóteles, Enciclopedia Católica, Aristotle (1913). 2 3 4
  5. Actus primus, Enciclopedia Católica, Actus primus (1913). 2 3 4 5
  6. La potencia operativa, C. Cardona. El acto de ser y la acción creatural, 5 (1978).
  7. Metafísica, Steven A. Long. La doctrina de Dios y la analogía del ser, 9 (2019). 2 3
  8. Actus purus, Enciclopedia Católica, Actus Purus (1913). 2 3 4
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