Raíces en la escolástica medieval
El término actus essendi surge en el marco de la filosofía escolástica, influida por Aristóteles y Boecio, pero recibe su formulación precisa en Santo Tomás de Aquino (1225-1274). En su obra De ente et essentia, Aquino distingue entre esse (el acto de ser) y essentia (la esencia o quiddidad), estableciendo que en las criaturas hay una distinción real entre ambos, mientras que en Dios coinciden perfectamente.4,5,6
El actus essendi puro se entiende como el ser en acto sin mezcla de potencia (potentia). Toda realidad creada es compuesta: posee una esencia que limita el acto de ser, recibiéndolo de Dios como causa primera. En contraste, Dios es actus purus (acto puro), donde el esse no es recibido, sino subsistente por sí mismo. Esta noción resuelve el problema de la composición metafísica: «Lo que recibe el ser está en potencia respecto a él, pero Dios no recibe nada, sino que es su propio ser».2,7
Distinción entre actus primus y actus secundus
En la tradición escolástica, se diferencia el actus primus (primera actualidad, como la facultad o potencia ordenada al acto) del actus secundus (el ejercicio pleno del acto). Aplicado al ser, el actus essendi puro trasciende esta distinción, pues en Dios no hay secuencia de potencialidades: es acto último y perfecto desde toda la eternidad.1,8
Francisco Suárez (1548-1617), en sus Disputationes metaphysicae, profundiza esta idea al afirmar que la voluntad y el conocimiento divinos son por modo de actus ultimus, idénticos a la esencia divina, sin potencia receptiva ni activa.9,8,7

