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Actus Essendi Puro

El actus essendi puro-en latín, actus essendi purus- designa, en la metafísica tomista, el acto de ser absolutamente pleno, sin mezcla de potencia, limitación o dependencia. Esta expresión identifica a Dios como Ipsum Esse Subsistens, el Ser subsistente por sí mismo: en Dios, esencia y existencia no constituyen principios distintos, porque la esencia divina consiste en ser.1,2

Saint Thomas Aquinas
Ver información de la imagenSan Tomás de Aquino, c. 1476. Este archivo se derivó de: St-thomas-aquinas.jpg, Carlo Crivelli, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreActus Essendi Puro
CategoríaTérmino
Nombre Completoactus essendi purus
DescripciónActo de ser absolutamente pleno, sin mezcla de potencia, limitación o dependencia. Expresión de la metafísica tomista que identifica a Dios como Ipsum Esse Subsistens, el Ser subsistente por sí mismo. Identidad entre esencia y existencia en Dios y participación del ser en las criaturas
Doctrinas RelacionadasSimplicidad divina, creación, participación, analogía del ser
EnseñanzasDios es su propio ser; las criaturas poseen una distinción real entre esencia y acto de ser.
Escritos RelacionadosEnciclopedia Católica
Importancia EclesialSostiene la comprensión católica de la creación, la dependencia de las criaturas y la trascendencia divina.
Personas RelacionadasTomás de Aquino
Tema
  • Metafísica tomista
  • Ipsum Esse Subsistens, acto puro, esencia, existencia, potencia
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

Significado de la expresión

Actus essendi

Actus essendi significa literalmente acto de ser. No equivale simplemente al hecho empírico de que algo exista, ni designa solo la existencia considerada como dato lógico. En la metafísica de santo Tomás de Aquino, el acto de ser constituye la perfección fundamental por la que una esencia llega a existir realmente.

Una cosa posee una esencia -por ejemplo, la naturaleza humana-, pero esa esencia no explica por sí sola que exista. La esencia responde a la pregunta «¿qué es?»; el acto de ser responde a la pregunta «¿es?». En las criaturas, ambas dimensiones no son idénticas: una cosa puede ser comprensible por su naturaleza sin que esa naturaleza exija necesariamente su existencia.3,2

El acto de ser actualiza la esencia y hace que el ente sea real. La esencia recibe y limita el acto de ser, de modo semejante a como una potencia recibe y determina un acto. Por esta razón, el acto de ser posee prioridad metafísica respecto de la esencia en el orden de la actualidad, aunque una realidad concreta nunca aparezca como un acto de ser aislado, separado de toda esencia.3

Puro

El calificativo puro significa sin mezcla de potencia. Todo lo que puede cambiar, perfeccionarse, perder una cualidad o recibir una determinación posee alguna potencialidad. La materia primera representa, en la filosofía aristotélico-tomista, el extremo de la potencialidad; Dios ocupa el extremo contrario como acto puro, plenamente realizado y sin capacidad pasiva pendiente de actualización.1

En las criaturas, la actualidad siempre aparece limitada. Una planta, un animal, un ser humano o un ángel poseen perfecciones reales, pero no las poseen de modo ilimitado ni idéntico a su ser. Dios, en cambio, no recibe el ser: es el Ser mismo subsistente. Ninguna perfección puede añadirse a Él, porque toda perfección está contenida en la plenitud de su ser.1,4

Distinción entre esencia y existencia

La esencia como potencia respecto del ser

La esencia es aquello por lo que una realidad pertenece a un determinado tipo de ente. La esencia humana comprende las notas constitutivas del ser humano; la esencia de un árbol comprende las notas propias de la vida vegetal arbórea. Sin embargo, ninguna de esas esencias implica por sí misma que exista un individuo concreto.

En las criaturas, la esencia funciona como principio limitador y receptivo del acto de ser. El acto de ser no aparece en ellas como una realidad infinita, sino como un acto recibido en una esencia determinada. Por eso existen seres humanos, caballos, árboles y minerales, pero no una criatura que sea el ser ilimitado en cuanto tal.3,5

La esencia no constituye una realidad independiente que posteriormente reciba existencia como si primero existiera por sí misma. La criatura completa surge como un ente compuesto de esencia y acto de ser. Antes de existir en la realidad, la esencia solo posee un estatuto conceptual o, en el caso de las criaturas posibles, una presencia en el conocimiento divino; no subsiste separadamente como una cosa.6

La existencia como acto

La existencia, entendida metafísicamente como actus essendi, no es una propiedad añadida del mismo modo que el color, el tamaño o una relación. El acto de ser actualiza radicalmente la esencia y fundamenta todas las demás perfecciones del ente.

Un accidente existe en cuanto inhiere en un sujeto; una forma no subsistente existe en cuanto algo subsiste mediante ella. El ser corresponde propia y plenamente al sujeto subsistente, mientras que las formas y los accidentes reciben el nombre de entes de manera derivada.7

Esta doctrina permite comprender por qué la creación afecta ante todo al ser de la criatura. Dios no se limita a reorganizar una materia preexistente ni a conferir una determinación secundaria a algo ya constituido. La creación comunica el acto de ser y, con él, la realidad completa de la criatura.7,6

Distinción real en las criaturas

La tradición tomista sostiene que en las criaturas existe una distinción real entre esencia y acto de ser. La expresión «real» no significa que esencia y existencia puedan separarse físicamente como dos objetos independientes, sino que no son idénticas en la estructura metafísica del ente creado.

Una criatura puede dejar de existir sin que por ello desaparezca la inteligibilidad de su esencia. Además, ninguna naturaleza finita contiene en sí misma la razón suficiente de su existencia. Si algo recibe el ser de otro, necesita una causa que explique esa recepción. La serie de realidades cuyo ser depende de una causa no puede explicar por sí sola el fundamento último del ser.2,4

Dios como Ipsum Esse Subsistens

Identidad entre esencia y ser

En Dios, la distinción entre esencia y existencia desaparece. Dios no es una esencia que posea el ser, como si el ser fuese una perfección recibida. Dios es su propio ser: Ipsum Esse Subsistens, el Ser mismo subsistente.

Esta identidad explica la simplicidad divina. Si Dios estuviera compuesto de esencia y acto de ser, necesitaría un principio que unificara ambos elementos. También tendría el ser de manera recibida y limitada. Pero el ser divino no procede de otro ni está recibido en una esencia distinta de él. Por eso Dios es acto puro y no puede depender de una causa anterior.1,2,4

La fórmula bíblica «Yo soy el que soy» expresa, en la interpretación filosófica clásica, la plenitud y la independencia del ser divino. Dios no recibe el ser, no llega a ser y no puede perderlo. Su realidad no admite crecimiento, disminución ni perfeccionamiento ulterior.1

Simplicidad divina

La simplicidad divina no significa que Dios sea pobre, abstracto o carente de contenido. Significa que Dios no está compuesto de partes, principios o elementos que puedan existir separadamente. Su simplicidad coincide con la plenitud absoluta.

En las criaturas, ser, vivir, conocer y querer son perfecciones realmente distintas. En Dios, tales perfecciones no introducen composición, porque todas se identifican con la única realidad simple de la esencia divina, aunque nuestro conocimiento las conciba mediante conceptos diferentes.1,4

Dios posee todas las perfecciones creadas de un modo eminente e ilimitado. La sabiduría, la bondad, la vida y la inteligencia no aparecen en Él como cualidades recibidas, sino como idénticas a su ser subsistente.8,4

Acto puro y causalidad

El movimiento como actualización

La experiencia muestra realidades que cambian. En sentido metafísico, el movimiento no se reduce al desplazamiento local: incluye toda transición de la potencia al acto, como el crecimiento, la alteración, la generación, la corrupción o la adquisición de una perfección.

Todo cambio exige algo que actualice una potencia. Ninguna realidad puede actualizarse a sí misma bajo el mismo aspecto y en el mismo sentido, porque tendría que poseer ya en acto aquello que pretende recibir. La cadena de actualizaciones exige, por tanto, una actualidad primera que no dependa de otra. Esta actualidad primera es el acto puro.1

Causa primera del ser

La causalidad conduce también al reconocimiento de una causa primera. Las criaturas no poseen en sí mismas la razón última de su acto de ser. Reciben el ser de otro y dependen continuamente de la causa que las mantiene en la existencia.

La causalidad divina no consiste solo en un acontecimiento inicial ocurrido en el pasado. La criatura depende de Dios en cuanto existe ahora. La conservación divina constituye una continuación de la causalidad creadora: Dios comunica el ser sin experimentar cambio ni adquirir una perfección nueva.2,4

Ninguna criatura puede crear en sentido estricto, porque crear significa producir el ser en cuanto tal, sin presuponer una materia o sujeto anterior. Las causas creadas pueden transformar, organizar o producir efectos naturales, pero el acto de ser pertenece propiamente a la causalidad divina.9

Participación del ser

Las criaturas no son el Ser subsistente, pero poseen ser. Esta afirmación requiere la doctrina de la participación.

Participar significa recibir de manera limitada una perfección que otro posee de modo pleno. Una criatura participa del ser porque no es el ser mismo: recibe el acto de ser según la capacidad y los límites de su esencia. Dios, en cambio, no participa del ser; es el ser subsistente por esencia.6,8

La participación no convierte a Dios en la esencia de las criaturas. Dios permanece trascendente, mientras que las criaturas poseen un ser propio, limitado y realmente distinto del ser divino. La criatura tiene el ser procedente de Dios, pero no es Dios ni una parte de Dios.6

La dependencia creatural afecta tanto al acto de ser como a la esencia. La esencia de una criatura tampoco constituye una realidad autosuficiente anterior a la creación. Dios es la causa del ser de la criatura y de la criatura entera, no solo de una existencia añadida desde fuera.9,6

La analogía del ser

Necesidad de la analogia entis

La analogía del ser explica cómo puede hablarse verdaderamente de Dios y de las criaturas sin afirmar que ambos posean el ser del mismo modo.

El término «ser» no tiene exactamente el mismo significado cuando se aplica a Dios y cuando se aplica a una criatura. Si tuviera un significado unívoco, Dios y las criaturas quedarían situados dentro de un mismo género metafísico. Pero Dios no pertenece a un género, porque es el ser subsistente, mientras que las criaturas reciben el ser de manera limitada. Si el término fuese completamente equívoco, ningún conocimiento verdadero de Dios resultaría posible. La analogía ocupa una posición intermedia: existe una semejanza real fundada en la causalidad, junto con una desemejanza aún mayor derivada de la trascendencia divina.4,8

Dios como causa y las criaturas como participantes

La analogía del ser funciona como puente entre el acto de ser divino y el acto de ser creado. Dios posee el ser de manera plena y originaria; las criaturas lo poseen de manera recibida, limitada y dependiente.

Las perfecciones creadas permiten ascender racionalmente hacia Dios porque proceden de Él y reflejan, de modo finito, la perfección divina. Sin embargo, ninguna criatura representa adecuadamente la esencia de Dios. Toda semejanza entre la criatura y el Creador implica simultáneamente una desemejanza superior.8,4

La analogía evita dos errores opuestos. El univocismo reduce a Dios a un ente más dentro del conjunto de los seres. El equivocismo rompe toda relación inteligible entre el mundo y Dios. La analogia entis conserva la trascendencia divina y, al mismo tiempo, permite afirmar que Dios es bueno, sabio, verdadero y existente eminentemente.

Analogía y creación

La creación fundamenta la analogía. Las criaturas reciben de Dios su acto de ser y sus perfecciones, por lo que poseen una semejanza causal con Él. Pero el modo creado de poseer esas perfecciones difiere radicalmente del modo divino.

Dios es bueno por esencia; la criatura es buena por participación. Dios es el ser; la criatura tiene ser. Dios es causa del ser de todas las cosas; ninguna criatura puede identificarse con el ser divino. Esta estructura permite hablar de una verdadera comunicación del ser sin caer en el panteísmo.6,4

Esse como acto y esse como cópula lógica

La cópula «es»

La palabra latina esse puede aparecer en dos contextos distintos. En lógica, el verbo «ser» puede funcionar como cópula, es decir, como vínculo entre un sujeto y un predicado: «el hombre es racional». En este caso, «es» articula una proposición y atribuye una propiedad o una esencia al sujeto.

La cópula lógica no constituye por sí sola el acto metafísico de ser. La proposición «el hombre es racional» no equivale a la afirmación «el hombre existe», aunque ambas puedan relacionarse en el discurso ordinario. La cópula conecta conceptos dentro de un juicio; el actus essendi funda la realidad del ente al que el juicio se refiere.

El esse como acto metafísico

En metafísica, esse designa el acto por el que una realidad existe. No funciona simplemente como una pieza gramatical que une sujeto y predicado. Constituye la actualidad más profunda del ente y fundamenta todas sus demás perfecciones.

La confusión entre ambos sentidos puede reducir el acto de ser a la mera afirmación verbal de existencia o a una propiedad lógica. La tradición tomista entiende el esse como una perfección real, aunque no como una perfección delimitada dentro de una categoría particular. Las cosas no entran en un género por su acto de ser, sino por su esencia o quidditas.7

El juicio «Dios es»

Cuando la razón afirma «Dios es», la cópula lógica expresa una proposición. Pero el contenido metafísico de esa afirmación apunta a una realidad en la que el ser no funciona como algo recibido en una esencia distinta. En Dios, el «ser» no actúa como un predicado añadido: Dios es el ser subsistente.

Por eso conviene distinguir entre:

  • «Dios es bueno», donde la cópula relaciona el sujeto «Dios» con el predicado «bueno».
  • «Dios es», donde la afirmación apunta a la existencia divina.
  • Dios como Ipsum Esse Subsistens, donde el ser no constituye una perfección recibida, sino la propia esencia divina.

Esta distinción evita interpretar la metafísica tomista como una simple teoría gramatical sobre el verbo «ser».

Acto puro y eternidad divina

El acto puro no está sometido a devenir. El devenir implica recibir una perfección que todavía no se posee o perder una perfección que antes se poseía. Dios, al poseer toda perfección de modo infinito, no puede adquirir ni perder nada.

La eternidad divina no equivale a una duración temporal indefinida. La eternidad expresa una posesión completa y simultánea de la vida divina, sin sucesión ni cambio. Las criaturas viven en el tiempo porque reciben el ser de manera limitada y atraviesan estados sucesivos; Dios trasciende toda sucesión.1,4

La creación no modifica a Dios. El cambio pertenece a la criatura, que comienza a existir y depende de Dios; no pertenece al Creador, cuya perfección permanece inmutable.4

Acto puro y atributos divinos

La doctrina del actus essendi puro ilumina los principales atributos metafísicos de Dios:

  • Simplicidad: Dios no está compuesto de esencia y existencia, materia y forma, potencia y acto, ni de partes.
  • Perfección: Dios posee toda perfección sin limitación.
  • Infinitud: el ser divino no está restringido por una esencia receptiva.
  • Inmutabilidad: Dios no puede pasar de potencia a acto.
  • Eternidad: Dios no está sometido a sucesión temporal.
  • Unidad: solo puede existir un ser cuya esencia sea el ser subsistente.
  • Bondad: todo bien creado participa de la plenitud de ser que tiene su fuente en Dios.
  • Causalidad universal: Dios comunica el ser a todas las criaturas y las mantiene en la existencia.1,8,4

Estos atributos no describen partes separadas de Dios. En Dios, la esencia, el ser, la inteligencia, la voluntad, la bondad y la vida son realmente idénticos, aunque el entendimiento humano los conciba mediante conceptos diversos.

Importancia teológica

El actus essendi puro sostiene una comprensión católica de la creación, la dependencia de las criaturas y la trascendencia divina. El mundo no es Dios, ni existe por necesidad absoluta, ni posee el ser por sí mismo. Todas las criaturas reciben el ser y conservan una dependencia radical respecto del Creador.

La doctrina también protege la diferencia entre Creador y criatura. La participación del ser no elimina la realidad propia de las criaturas ni convierte la creación en una emanación necesaria de Dios. Dios crea libremente; la criatura recibe el ser sin convertirse en una parte de la divinidad.6,4

Desde el punto de vista teológico, esta metafísica permite afirmar que Dios está íntimamente presente en todas las cosas como causa de su ser y, al mismo tiempo, permanece infinitamente por encima de todo lo creado. La presencia divina no implica identidad entre Dios y el mundo.

Recepción en la tradición tomista

La distinción entre esencia y existencia ocupa un lugar central en la metafísica tomista, especialmente en la explicación de la dependencia creatural y de la simplicidad divina. La tradición tomista interpreta a Dios como el único ser en quien esencia y existencia son idénticas, mientras que las criaturas poseen un ser participado y limitado por su esencia.5

Los comentaristas posteriores desarrollaron distintas formulaciones acerca de la relación entre esencia y acto de ser, pero mantuvieron como núcleo la prioridad del ser recibido, la dependencia de la criatura y la identidad divina entre esencia y existencia. Algunas discusiones se concentraron en el modo exacto de entender la distinción real y en la relación entre la esencia como principio receptivo y el acto de ser como actualidad fundamental.3,5

Conclusión

El actus essendi puro expresa la plenitud absoluta del ser divino. En las criaturas, la esencia recibe y limita el acto de ser; en Dios, la esencia es idéntica al ser subsistente. Por eso Dios no es simplemente un ente superior dentro del universo, sino el fundamento trascendente de todo ente creado.

La doctrina une la distinción entre esencia y existencia, la causalidad creadora, la participación y la analogía del ser. También exige distinguir cuidadosamente el esse como acto metafísico del «ser» como cópula lógica. En su sentido pleno, actus essendi purus designa a Dios como acto puro, ser subsistente y fuente de toda realidad creada.

Citas y referencias

  1. Actus purus, Enciclopedia Católica, Actus Purus (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9
  2. Obispo Robert Barron. El que es; el que da: Derrida, Tomás de Aquino y el dilema de la generosidad divina, 4 (2020). 2 3 4 5
  3. Mark K. Spencer. La condición de persona del alma separada, 13 (2014). 2 3 4
  4. Steven A. Long. La doctrina de Dios y la analogía del ser, 17 (2019). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  5. Metafísica, Enciclopedia Católica, Metafísica (1913). 2 3
  6. D. C. Schindler. ¿Cuál es la diferencia? Sobre la metafísica de la participación en Platón, Plotino y Tomás de Aquino, 26 (2007). 2 3 4 5 6 7
  7. Carlos Cardona. El ser de la potencia operativa, 11 (1978). 2 3
  8. Stephen L. Brock. La armonización de Platón y Aristóteles sobre el esse: Tomás de Aquino y el De hebdomadibus, 18 (2007). 2 3 4 5
  9. Adrian J. Walker. Instrumentos divinos: notas hacia la regeneración de la ciencia, 32 (2021). 2
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