Antecedentes marianos
Desde los primeros siglos de la Iglesia, los Padres de la Iglesia ya reconocían a María como Señora y Reina. San Jerónimo la describía como «Señora» en lengua siríaca, mientras que San Juan Damasceno la llamó «Reina de todas las criaturas»1. Estos títulos se reflejaron en la liturgia primitiva, donde se cantaban himnos como Regina caelorum y Salve Regina.
El Año Mariano y la Asunción
El Concilio Vaticano II había proclamado la dogma de la Asunción (1950) y, para celebrar este misterio, el Papa Pío XII había decretado el Año Mariano (1950‑1952). Al concluir dicho año, el Pontífice quiso ofrecer un «clímax» a la devoción mariana, estableciendo una fiesta dedicada a la realeza celestial de María1.
