Antecedentes doctrinales
La resurrección de Cristo es el culmen de la fe cristiana y fundamento de la esperanza escatológica: «Cristo murió, fue sepultado y resucitó al tercer día… para que, como Él, nosotros también seamos levantados»1. Desde los primeros concilios se ha enseñado que la resurrección de los muertos será una participación real en la vida gloriosa de Cristo1.
Bases bíblicas y catequéticas
El Credo de los fieles afirma la creencia en la resurrección de los muertos y la vida futura, lo que implica que la muerte no es el fin, sino una transición hacia la vida eterna2. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) también señala que, por medio del Espíritu Santo, la vida cristiana ya participa en la muerte y resurrección de Cristo3.
