Una carta apostólica en forma de motu proprio
Juan Pablo II promulgó Ad tuendam fidem como una carta apostólica en forma de motu proprio, es decir, mediante un acto legislativo pontificio emitido por iniciativa propia del Romano Pontífice. Esta forma documental posee carácter jurídico y permite modificar directamente normas universales de la Iglesia.3
El documento no pretendía elaborar una nueva doctrina sobre la fe, sino incorporar expresamente al derecho canónico una obligación doctrinal que ya formaba parte de la enseñanza católica. La cuestión principal consistía en que el Código de Derecho Canónico recogía el deber de creer las verdades reveladas y el deber de prestar obediencia religiosa al magisterio auténtico, pero no formulaba de modo específico la obligación relativa a las doctrinas propuestas de manera definitiva y vinculadas al depósito de la fe.4
Protección del depósito de la fe
El título procede de la finalidad declarada por el documento: proteger la fe frente a doctrinas o interpretaciones que contradigan la enseñanza definitiva de la Iglesia. La Iglesia recibió de Cristo el depósito de la revelación para custodiarlo santamente, profundizar en su comprensión, anunciarlo y exponerlo fielmente. El ejercicio del magisterio forma parte de esa misión confiada a la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo.5
Ad tuendam fidem relaciona esta responsabilidad eclesial con la obligación de los fieles de aceptar las enseñanzas del magisterio conforme al grado de autoridad con que la Iglesia las propone.


