En el lenguaje común, «adicción» suele referirse a una conducta repetitiva que termina imponiéndose al sujeto. En la reflexión cristiana, el modo de nombrarla puede subrayar su carácter de esclavitud: el Papa Francisco describe los efectos del consumo de drogas como una «web» que quita la libertad y puede llevar a una esclavitud «química».1
Asimismo, la Iglesia reconoce que no hay una sola causa: intervienen factores personales y también sociales, como la fragilidad familiar, las presiones del entorno o las estrategias de quienes trafican y promueven sustancias.1,2


