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Adoración de los pastores en el pesebre

La adoración de los pastores en el pesebre representa la visita de los primeros testigos humanos al Niño Jesús después de su nacimiento en Belén. El episodio, narrado por san Lucas, expresa la manifestación inicial de Cristo a los pobres y humildes de Israel, y ocupa un lugar central en la iconografía del nacimiento, la espiritualidad navideña y la tradición del belén cristiano.

The Adoration of the Shepherds
Ver información de la imagenLa obra representa el momento en que el Niño Jesús, que aparece desnudo y sostenido por su madre, la Virgen María, fue adorado por los pastores de Belén, c. 1650. Museo Nacional del Prado, Bartolomé Esteban Murillo, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreAdoración de los pastores en el pesebre
CategoríaTérmino
DescripciónVisita de los pastores al Niño Jesús en Belén tras su nacimiento, según San Lucas. Los pastores, anunciados por un ángel, llegan al pesebre donde yace el Niño Jesús con María y José, proclaman la buena nueva y regresan alabando a Dios; el episodio fundamenta la devoción navideña y la iconografía del belén. Primera manifestación del Cristo a los pobres y humildes de Israel
Aplicación MoralEscuchar la palabra, ponerse en camino, testimoniar y alabar a Dios.
Contexto BíblicoLucas 2,8-20
FestividadNavidad
Impacto HistóricoDesde la recreación franciscana en Greccio (1223) se difundió el belén viviente y la costumbre de montar belenes domésticos.
InfluenciasInspiró la tradición del belén, arte sacro, liturgia navideña y piedad popular.
LugarBelén
Personas RelacionadasSan Lucas, San Francisco de Asís, Santo Tomás de Aquino, Papa Benedicto XVI, Papa Pablo VI, Papa Francisco
Referencias en DocumentosAdmirabile signum (2019), Directorio Homilético (2014), Acta Apostolicae Sedis 2012, Directorio de Piedad Popular 2002
SimbolismoPesebre como pan, Niño como Cordero, ovejas como pueblo guiado.
TextoLucas 2,8-20
TipoDevoción, Escena del Nacimiento

Tabla de contenido

Relato evangélico

El Evangelio según san Lucas sitúa el nacimiento de Jesús en un contexto de pobreza y sencillez. María envolvió a su hijo en pañales y lo acostó en un pesebre porque no había lugar para ellos en el alojamiento. El pesebre, destinado originalmente a contener el alimento de los animales, anticipa simbólicamente a Cristo como el verdadero Pan bajado del cielo.1

En los alrededores de Belén, unos pastores vigilaban durante la noche sus rebaños. Un ángel del Señor se presentó ante ellos y la gloria divina los envolvió con su luz. El ángel les anunció el nacimiento del Salvador, el Mesías y Señor, y les ofreció una señal concreta: encontrarían a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Después, una multitud del ejército celestial alabó a Dios y proclamó la paz.2

Los pastores respondieron con prontitud:

«Vayamos, pues, a Belén a ver eso que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado».2

Llegaron rápidamente a Belén y encontraron a María, a José y al Niño acostado en el pesebre. Después comunicaron lo que habían escuchado acerca del Niño, provocando la admiración de quienes los oían. Finalmente, regresaron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído.2

Significado teológico

La primera manifestación a los pobres

El anuncio a los pastores manifiesta una característica fundamental de la revelación cristiana: Dios comunica primero la alegría del nacimiento de Cristo a personas humildes, vinculadas al trabajo cotidiano y alejadas de los centros del poder político y religioso.

Los pastores no aparecen como representantes de una élite social ni como especialistas en la Ley. Su respuesta nace de la confianza y de la disponibilidad. Escuchan el anuncio, acuden a Belén, contemplan al Niño y transmiten la noticia a los demás. El Directorio homilético presenta su actitud como una forma de sentido común propio de los pobres: reciben la palabra, se ponen en camino y comprueban la verdad del anuncio en la humildad de una familia y de un recién nacido acostado en un pesebre.3

La pobreza de la escena no constituye un simple detalle sentimental. El nacimiento en un lugar destinado a los animales revela la humildad de Dios hecho hombre. El Niño no aparece rodeado de prestigio, seguridad o riqueza, sino necesitado de cuidados humanos. La adoración de los pastores proclama así que la salvación llega desde la pequeñez y puede ser acogida por quienes poseen un corazón sencillo.

La adoración como respuesta a la revelación

El Evangelio no presenta a los pastores como espectadores pasivos. La revelación produce en ellos un movimiento completo:

  1. Escuchan el anuncio del ángel.
  2. Disciernen la señal ofrecida.
  3. Se ponen en camino con urgencia.
  4. Encuentran al Niño con María y José.
  5. Dan testimonio de lo que han oído.
  6. Regresan alabando a Dios.

La adoración cristiana integra, por tanto, escucha, búsqueda, contemplación, anuncio y alabanza. El belén representa normalmente a los pastores inclinados ante el Niño, pero el Evangelio muestra también su actividad misionera: después de contemplar a Jesús, comunican la noticia a quienes encuentran.

La contemplación de María

Mientras los presentes escuchaban con admiración el relato de los pastores, María conservaba todas aquellas palabras y las meditaba en su corazón.2

La figura de María introduce una dimensión contemplativa en la escena. Los pastores proclaman; María interioriza. Ellos llegan desde el campo con la experiencia del anuncio celeste; ella vive desde dentro el misterio del Hijo que ha dado a luz. Ambas actitudes pertenecen a la respuesta cristiana ante la Navidad: comunicar con alegría y custodiar el misterio mediante la meditación.

Pastores y Magos: Israel y las naciones

La adoración de los pastores y la adoración de los Magos forman dos escenas distintas, aunque la tradición cristiana las ha unido en el belén y en las celebraciones navideñas.

Los pastores, primicia de Israel

San Lucas narra que los pastores reciben el anuncio directamente de los ángeles y llegan pronto al pesebre. Representan la primera respuesta creyente de Israel ante la venida del Mesías. Santo Tomás de Aquino explica que los pastores fueron las «primicias de los judíos», porque vivían cerca de Belén y recibieron primero la manifestación de Cristo.4

Su presencia recuerda que Jesús nace dentro de la historia de Israel y cumple las promesas hechas a su pueblo. El anuncio celestial habla del «Salvador», del «Mesías» y del «Señor», títulos que vinculan el nacimiento con la esperanza bíblica y con la acción salvadora de Dios.

Los Magos, primicia de las naciones

El Evangelio según san Mateo relata posteriormente la llegada de unos Magos procedentes de Oriente. Ellos reconocen la importancia del Niño mediante una estrella, llegan a Jerusalén y finalmente encuentran a Jesús con María. Después se postran y ofrecen oro, incienso y mirra.5

Los Magos representan a los pueblos no judíos. El Directorio homilético los presenta como sabios gentiles que simbolizan a todas las naciones y que llegan a Jerusalén buscando al Creador. Su camino necesita tanto el signo cósmico de la estrella como la orientación de las Escrituras, que identifican Belén como la ciudad del nacimiento del Mesías.6

La diferencia entre ambas escenas posee un valor teológico preciso:

  • Los pastores representan la primicia de la revelación a los pobres y al pueblo de Israel.
  • Los Magos representan la primicia de la revelación a las naciones.
  • Los pastores reciben el anuncio de los ángeles.
  • Los Magos emprenden el camino guiados por una estrella y por las Escrituras.
  • Unos y otros reconocen en el Niño la presencia del Salvador.

Santo Tomás interpreta esta sucesión como una anticipación de la misión de la Iglesia: primero el anuncio dirigido a Israel y después la apertura de la salvación a los gentiles.4

La figura de los pastores en el belén

Elementos iconográficos

La representación tradicional de la adoración de los pastores suele incluir:

  • El Niño Jesús acostado en un pesebre.
  • María y José junto al recién nacido.
  • Varios pastores que llegan desde el campo.
  • Ovejas y otros animales.
  • Bastones, zurrones, mantas o instrumentos propios de la vida pastoril.
  • El ángel que anuncia el nacimiento.
  • La luz celestial que vincula la escena terrestre con la gloria divina.

El Evangelio menciona expresamente el pesebre como señal para los pastores. La tradición del belén añadió progresivamente otros elementos destinados a hacer visible el ambiente de Belén y a acercar la escena a la experiencia cotidiana de los fieles.

La presencia de ovejas cumple una función narrativa y simbólica. Recuerda el oficio de los visitantes y alude también a la imagen bíblica del pueblo guiado por Dios. Dentro de la lectura cristiana, el Niño acostado en el pesebre será además reconocido como el Cordero que ofrece su vida por la salvación del mundo.

De la sencillez evangélica al folclore navideño

La iconografía de los pastores nació de la sobriedad del relato lucano: unos hombres trabajan de noche, reciben un anuncio extraordinario y acuden a un lugar humilde. Con el paso del tiempo, la escena adquirió una riqueza visual cada vez mayor.

Los pastores pasaron a representar diversos tipos humanos: el anciano, el joven, la mujer con un niño, el músico, el campesino, el vendedor ambulante o el trabajador que ofrece un producto de su tierra. En muchos belenes europeos, y particularmente en los belenes de la península Ibérica, estos personajes contribuyeron a introducir paisajes, vestimentas, oficios y costumbres locales.

La transformación no eliminó necesariamente el sentido religioso. El folclore navideño puede cumplir una función catequética cuando conserva la centralidad del Niño y orienta la atención hacia el misterio de la Encarnación. Sin embargo, la acumulación de detalles puede oscurecer el significado original si convierte el nacimiento en una simple escena costumbrista.

El Directorio homilético recuerda que los pastores contemplan algo mucho más profundo que una imagen sentimental: la pobreza visible del pesebre solo adquiere su verdadero sentido mediante la fe.3

La tradición franciscana

Greccio y el nacimiento del belén viviente

La tradición franciscana desempeñó un papel decisivo en la difusión de la escena del nacimiento. En 1223, san Francisco de Asís quiso celebrar la Navidad en Greccio reproduciendo, con la mayor viveza posible, las condiciones humildes del nacimiento de Jesús en Belén.

Francisco pidió a un habitante de la localidad, llamado Juan, que preparase una cueva, un pesebre, heno, un buey y un asno. El día de Navidad acudieron frailes y habitantes de los alrededores con flores y antorchas. El sacerdote celebró la Eucaristía sobre el pesebre. La representación no utilizó estatuas: los participantes vivieron la escena reunidos alrededor de la cueva, como contemporáneos del misterio.1

La celebración de Greccio no reprodujo todavía el belén figurado en su forma posterior. Su importancia radica en haber unido la liturgia, la memoria evangélica, la participación comunitaria y la contemplación concreta de la humanidad de Cristo.

La humanización del nacimiento

La espiritualidad franciscana ayudó a contemplar a Jesús como verdadero hombre: un niño pequeño, pobre, necesitado de cuidados y acostado sobre el heno. Esta atención a la humanidad de Cristo no redujo la fe en su divinidad. Al contrario, permitió percibir de modo más profundo la humildad del Verbo encarnado.

La tradición franciscana presentó la pobreza de Belén como una revelación del amor divino. Dios no salva desde la distancia, sino entrando en la historia humana y compartiendo la fragilidad de la vida. La escena del pesebre invita a contemplar el camino que conduce desde la pobreza de Belén hasta la entrega de Cristo en la cruz.7

El papa Benedicto XVI explicó que Francisco descubrió con especial profundidad la humanidad de Jesús en el momento en que el Hijo de Dios, nacido de la Virgen, fue envuelto en pañales y colocado en un pesebre. Esta contemplación convirtió la fe en amor y permitió percibir la humildad de Dios hecho niño.8

Impacto en la piedad popular

A partir del siglo XIII, la costumbre de preparar pequeños belenes en las casas se extendió ampliamente, influida por la celebración de Greccio. La construcción familiar del belén ofreció una ocasión para reunir a padres, hijos y otros miembros del hogar en torno al misterio de la Navidad, con momentos de oración y lectura del Evangelio.9

La piedad popular incorporó así la adoración de los pastores a la vida doméstica. Las figuras permiten que cada generación entre visualmente en el relato evangélico. El niño que coloca una oveja, el adulto que prepara el pesebre y la familia que contempla la escena participan, cada uno a su modo, en una pedagogía de la fe.

La tradición franciscana convirtió el belén en una forma sencilla de evangelización. Su lenguaje visual facilita que niños y adultos comprendan que el centro de la Navidad no reside en el consumo, el ruido o la decoración, sino en el nacimiento del Salvador.7

El pesebre como símbolo cristiano

El pesebre y la Eucaristía

El pesebre contiene una importante resonancia eucarística. Jesús fue acostado en el lugar donde comen los animales, y la tradición cristiana relaciona este detalle con Cristo como alimento de la humanidad. San Agustín resumió el simbolismo con estas palabras: «Acostado en un pesebre, se convirtió en nuestro alimento».1

En Greccio, la celebración de la Eucaristía sobre el pesebre manifestó la unión entre la Encarnación y el sacramento eucarístico. El mismo Cristo que se entrega como alimento bajo los signos sacramentales aparece primero como un niño colocado en un lugar destinado al alimento de los animales.1

Esta relación impide interpretar el belén como una mera evocación sentimental de la infancia de Jesús. La escena anuncia todo el misterio de Cristo: Encarnación, entrega, sacrificio y vida nueva.

La pobreza como lugar de encuentro

El pesebre revela que Dios puede encontrarse en lugares que el mundo considera insignificantes. Los pastores no reciben el encargo de buscar un palacio ni una residencia de prestigio. Deben reconocer al Salvador en un niño pobre, envuelto en pañales y acostado en un comedero.

La simplicidad de la señal exige una mirada creyente. Quien contempla únicamente las apariencias encuentra pobreza, cansancio y precariedad. Quien contempla con fe descubre al Hijo de Dios que ha asumido la condición humana.

El belén invita por ello a practicar la humildad, la sobriedad y la misericordia. La contemplación del Niño conduce al servicio de los pobres, porque Cristo quiso identificarse con los pequeños y necesitados.7

La adoración de los pastores en el arte

La composición de la escena

Los artistas suelen organizar la adoración mediante una estructura de convergencia: los pastores llegan desde los laterales o desde el fondo y dirigen la mirada hacia el Niño. María y José forman el núcleo familiar, mientras que el pesebre actúa como centro visual y teológico.

El gesto corporal de los pastores puede adoptar distintas formas:

  • Arrodillarse ante el Niño.
  • Inclinar la cabeza.
  • Levantar las manos en actitud de sorpresa.
  • Presentar alimentos, lana, leche u otros dones.
  • Señalar al cielo o al ángel.
  • Contemplar silenciosamente al recién nacido.

Estas actitudes expresan las diversas etapas del relato: la admiración ante el anuncio, el camino hacia Belén, el reconocimiento del Niño y la respuesta agradecida.

Realismo y devoción

La espiritualidad medieval incrementó la atención afectiva hacia la humanidad de Cristo y hacia su infancia. La escena del pesebre atrajo a los fieles por su capacidad para unir doctrina, imaginación, ternura y piedad. El papa Pablo VI describió el belén como una representación popular capaz de conmover la fe, el arte y el sentimiento cristiano, especialmente entre los niños, los pobres, las familias y los humildes.10

La representación artística no pretende sustituir al Evangelio. Su función consiste en ayudar a imaginar la escena y a entrar en la historia de la salvación. El belén hace visible el acontecimiento, pero la fe debe reconocer en él algo más que una estampa familiar: la presencia salvadora de Dios en la humanidad de Jesús.3

La adoración de los pastores en la liturgia y la devoción

La liturgia de Navidad presenta el nacimiento de Cristo mediante diversos momentos celebrativos. La Misa de la aurora evoca especialmente el camino de los pastores y su regreso glorificando a Dios. La Iglesia invita a contemplar el contraste entre la oscuridad de la noche, la luz del anuncio y la claridad de la fe que permite reconocer al Salvador.3

En la devoción familiar, colocar a los pastores junto al pesebre puede expresar varias actitudes cristianas:

  • La vigilancia, porque ellos cuidaban el rebaño durante la noche.
  • La escucha, porque acogieron la palabra del ángel.
  • La prontitud, porque acudieron sin demora.
  • La adoración, porque reconocieron la grandeza de Dios en la pequeñez.
  • El testimonio, porque comunicaron lo que habían visto.
  • La alabanza, porque regresaron glorificando a Dios.

La presencia de los pastores recuerda también que nadie queda excluido de la llamada de Dios. La revelación alcanza a quienes trabajan, velan, sufren o viven en condiciones humildes. La Navidad no presenta una salvación reservada a quienes poseen poder o conocimientos extraordinarios.

Interpretación espiritual

Aprender a reconocer a Dios en lo pequeño

Los pastores tuvieron que reconocer al Salvador mediante una señal aparentemente insuficiente: un recién nacido acostado en un pesebre. La escena enseña que Dios suele manifestar su grandeza mediante la humildad.

La vida cristiana exige una mirada semejante. La fe aprende a descubrir la presencia de Dios en la pobreza, el servicio oculto, la familia, el trabajo ordinario, el sufrimiento ofrecido con amor y la atención a quienes necesitan ayuda.

Ponerse en camino

Los pastores no permanecieron inmóviles después del anuncio. Su fe se convirtió en camino. La adoración auténtica no consiste únicamente en contemplar, sino también en responder con la propia vida.

La tradición del belén presenta a los pastores avanzando hacia el pesebre porque todo creyente está llamado a salir de la indiferencia y a buscar a Cristo. El papa Francisco interpreta sus palabras como una invitación dirigida también a los cristianos actuales: acudir a Belén para recibir el don de la salvación con amor, gratitud y reverencia.11

Regresar transformados

El relato termina con los pastores regresando a sus campos. La experiencia de Belén no los aparta de sus responsabilidades ordinarias. Vuelven al trabajo, pero regresan alabando a Dios.

Este final posee un valor espiritual particular. La adoración no elimina la vida cotidiana; la transforma. El creyente vuelve a su familia, a su profesión y a sus obligaciones con una nueva comprensión del mundo: Dios ha visitado la historia y ha mostrado su gloria en la humildad.

La adoración de los pastores en la cultura navideña

La figura de los pastores ocupa un lugar destacado en los belenes, villancicos, autos sacramentales y representaciones populares de la Navidad. Su carácter sencillo, cercano y alegre facilita la identificación de los fieles con ellos.

En numerosas tradiciones, los pastores aportan movimiento y humanidad a la escena. Llegan con presentes modestos, cantan, conversan, expresan sorpresa y representan a las comunidades rurales. De este modo, el acontecimiento de Belén entra en las culturas locales sin perder su núcleo evangélico.

La evolución folclórica de los pastores debe conservar el orden esencial de la escena: primero está Cristo; después, quienes acuden a adorarlo. Las costumbres, los paisajes y los personajes secundarios enriquecen el belén cuando ayudan a contemplar la Encarnación. En cambio, pierden su finalidad cuando convierten el nacimiento en un simple decorado navideño.

Vigencia del tema

La adoración de los pastores conserva una fuerza particular en la espiritualidad católica porque reúne tres aspectos fundamentales de la fe:

  1. Dios se hace verdaderamente hombre.
  2. La salvación comienza entre los pobres y humildes.
  3. La revelación impulsa a la adoración, al testimonio y a la alabanza.

El belén invita a contemplar la pobreza de Dios hecho niño y a traducir esa contemplación en misericordia. La escena no solo recuerda un acontecimiento del pasado: incorpora a quienes la contemplan a la historia viva de la salvación y los llama a reconocer a Cristo en quienes padecen necesidad.7

Conclusión

La adoración de los pastores en el pesebre constituye la primera manifestación humana del nacimiento de Jesús narrada por san Lucas. Los pastores representan a los pobres de Israel, reciben el anuncio celestial, acuden con prontitud, reconocen al Salvador y proclaman lo que han visto y oído. Los Magos llegarán después como primicia de las naciones, mostrando la dimensión universal de la salvación.

La tradición franciscana, especialmente mediante la celebración de Greccio, hizo visible la humanidad humilde de Cristo y extendió el belén como instrumento de evangelización y de piedad popular. A través del arte, la liturgia y la vida familiar, los pastores continúan invitando a los cristianos a escuchar, ponerse en camino, adorar al Niño y regresar a la vida cotidiana glorificando a Dios.

Citas y referencias

  1. Papa Francisco. Admirabile signum, 2 (2019). 2 3 4
  2. Lucas 2,8-2,20, La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Lucas 2 (1993). 2 3 4
  3. Parte dos ars praedicandi - IV. La época navideña - A. Las liturgias de la Navidad, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio Homilético (29 de junio de 2014), 114 (2014). 2 3 4
  4. Tercera parte - De la manifestación del Cristo recién nacido - ¿Fueron adecuadamente elegidos los a quienes se dio a conocer el nacimiento de Cristo? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, III, Q. 36, A. 3 (1274). 2
  5. Mateo 2,1-2,12, La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 2 (1993).
  6. Parte dos ars praedicandi - IV. La época navideña - D. La solemnidad de la Epifanía, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio Homilético (29 de junio de 2014), 127 (2014).
  7. Papa Francisco. Admirabile signum, 3 (2019). 2 3 4
  8. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 1, enero, 2012, 11 (2012).
  9. Parte segunda: Orientaciones para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo IV: Año litúrgico y piedad popular - El pesebre, Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio de Piedad Popular y Liturgia (9 de abril de 2002), 104 (2002).
  10. Los inefables enseñanzas del pesebre, Papa Pablo VI. Audiencia General del 29 de diciembre de 1971, 1 (1971).
  11. Papa Francisco. Admirabile signum, 5 (2019).
Modificado el 11 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.50Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/90kcb03zr

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