El movimiento adventista comenzó con William Miller (1781-1849), un predicador bautista en los Estados Unidos. Miller, tras un estudio minucioso de las profecías bíblicas, especialmente las del profeta Daniel, llegó a la conclusión de que el mundo llegaría a su fin y Cristo regresaría en 18431. Su método de interpretación bíblica era literal e historicista, buscando el cumplimiento obvio de cada profecía1. Sostuvo que las 2.300 tardes y mañanas de Daniel debían interpretarse como años, y al computar desde el año 457 a.C. (el comienzo de las setenta semanas previas a la primera venida de Cristo), calculó que el fin del mundo ocurriría en 18431.
Las ideas de Miller ganaron un considerable número de seguidores. Sin embargo, cuando el año 1843 transcurrió sin el cumplimiento de la predicción, uno de sus discípulos, Snow, ajustó los cálculos y anunció el fin del mundo para el 22 de octubre de 18441. Este período fue conocido como el «Gran Chasco», ya que la expectativa de la segunda venida de Cristo no se materializó1. A pesar de la desilusión, los seguidores de Miller se reunieron en conferencia en Albany, Nueva York, en 1845, reafirmando su fe en la inminente venida personal de Jesús1. Esta creencia se mantuvo como el punto fundamental del credo adventista1.
