No se puede determinar con certeza cuándo se introdujo por primera vez la celebración del Adviento en la Iglesia1. La preparación para la festividad de la Natividad de Nuestro Señor no podía existir antes de la festividad misma, de la cual no hay evidencia antes de finales del siglo IV1. En ese momento, la Natividad se celebraba en toda la Iglesia, por algunos el 25 de diciembre y por otros el 6 de enero1.
Un sínodo celebrado en Zaragoza en el año 380, en su cuarto canon, prescribía que desde el 17 de diciembre hasta la fiesta de la Epifanía nadie debía ausentarse de la iglesia, lo que sugiere una preparación en esa época1. Las homilías de San Máximo, obispo de Turín (415-466), tituladas «In Adventu Domini», no hacen referencia a un tiempo especial, pero las de San León (440-461) hablan de ayuno y limosna como preparación para la venida del Señor1.
Históricamente, la duración del Adviento ha variado. El Sacramentario Gelasiano mencionaba cinco domingos, que fueron reducidos a cuatro por el Papa San Gregorio VII (1073-1085)1. En el año 650, el Adviento se celebraba en España con cinco domingos1. Varios sínodos establecieron leyes sobre el ayuno durante este tiempo, algunos comenzando el 11 de noviembre, otros el 15, y otros tan temprano como el equinoccio de otoño1. Otros sínodos prohibieron la celebración del matrimonio durante este período1. En la Iglesia griega, la observancia del Adviento como tiempo de ayuno y abstinencia desde el 15 de noviembre hasta la Natividad no aparece documentada antes del siglo VIII1.

