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Adviento

El Adviento es el tiempo litúrgico con el que comienza el año litúrgico en el rito romano. La Iglesia lo dedica a preparar la celebración de la Navidad, memoria de la primera venida de Jesucristo, y a avivar la esperanza de su retorno glorioso al final de los tiempos. Por eso constituye un tiempo de espera, conversión, esperanza y alegría sobria.1,2

Adviento
Ver información de la imagenUn acólito encendiendo velas de Adviento en Nochebuena en la Iglesia Episcopal Calvary en Rochester, Minnesota, Estados Unidos. c. 2007. Original, Jonathunder, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreAdviento
CategoríaTérmino
DescripciónTiempo de espera, conversión, esperanza y alegría sobria que precede a la Navidad. Tiempo litúrgico con el que comienza el año litúrgico en el rito romano, dedicado a preparar la celebración de la Navidad y a avivar la esperanza del retorno glorioso de Jesucristo. Expresa la venida del Hijo de Dios en la carne, su manifestación histórica y su venida definitiva al final de los tiempos
DuraciónCuatro semanas en el rito romano; seis semanas en el rito ambrosiano.
HistoriaEn el rito romano evolucionó gradualmente hasta consolidar la estructura de cuatro semanas. En otras tradiciones antiguas como en la Galia y en Hispania existieron preparaciones previas a la Epifanía y Navidad.
Personas RelacionadasJesucristo, Virgen María, san José, Juan el Bautista, Isaías
RitoRito romano, rito ambrosiano, tradición bizantina, tradición hispánica
TemaNavidad, Encarnación, Cuaresma de Navidad, Corona de Adviento, Antífonas de la O.
TipoTiempo litúrgico
Uso LitúrgicoComienza con las primeras vísperas del domingo más próximo al 30 de noviembre y termina antes de las primeras vísperas de Navidad.

Tabla de contenido

Etimología y significado

La palabra Adviento procede del latín adventus, que significa «venida» o «llegada». El término cristiano expresa principalmente la venida del Hijo de Dios en la carne y su manifestación en la historia humana. La tradición litúrgica también lo relaciona con la venida definitiva de Cristo al final de los tiempos.3

El Adviento reúne, por tanto, tres dimensiones inseparables:

  • Memoria: recuerda la espera de Israel y el nacimiento de Jesucristo.
  • Presencia: invita a reconocer la acción actual de Cristo en la Iglesia, en los sacramentos y en la vida de los creyentes.
  • Esperanza escatológica: orienta hacia la segunda venida de Cristo, cuando llevará a plenitud la obra de la salvación.1,4

La liturgia no presenta estas dimensiones como realidades aisladas. La primera venida de Cristo inaugura la salvación; la segunda la llevará a su cumplimiento definitivo. La celebración de la Navidad prepara así al cristiano para el encuentro final con el Señor.4

Duración y comienzo

En el rito romano, el Adviento comprende cuatro domingos. Comienza con las primeras vísperas del domingo que cae el 30 de noviembre o en la fecha más próxima a esa festividad, y termina antes de las primeras vísperas de Navidad. Por este motivo puede comenzar entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre.5,4

La duración concreta varía cada año, pero la estructura litúrgica permanece estable. El Adviento no constituye simplemente una cuenta atrás hasta el 25 de diciembre: organiza progresivamente la oración de la Iglesia en torno al misterio de la venida de Cristo.

Las dos partes del Adviento romano

La liturgia romana divide el Adviento en dos etapas con acentos propios.

Primera parte: hasta el 16 de diciembre

Desde el comienzo del Adviento hasta el 16 de diciembre, la liturgia orienta especialmente la atención hacia la segunda venida de Cristo. Las lecturas y las oraciones presentan al Señor como aquel que viene con gloria y llaman a la vigilancia, a la conversión y a la esperanza.4

Este período recuerda que la historia no carece de dirección. Cristo, Señor de la historia y juez universal, llevará a plenitud la salvación iniciada con su encarnación. La espera cristiana no consiste en temor estéril, sino en una esperanza activa que transforma la vida presente.

La predicación profética ocupa un lugar destacado. Isaías anuncia la salvación, la reunión de los pueblos y la gloria futura del Señor. Juan el Bautista proclama la necesidad de preparar el camino y de convertir el corazón.5,2

Segunda parte: del 17 al 24 de diciembre

Entre el 17 y el 24 de diciembre, la liturgia concentra la atención en la preparación inmediata de la Navidad. Las ferias de estos días poseen formularios propios y presentan con mayor cercanía los acontecimientos que preceden al nacimiento de Jesús.4

La Iglesia contempla especialmente a la Virgen María, a san José, a Juan el Bautista y a los profetas que anunciaron al Mesías. El contenido litúrgico adquiere un tono más directo: la promesa está a punto de cumplirse y la celebración de la Natividad aparece ya próxima.

Durante estos días se cantan las conocidas antífonas de la «O», que invocan a Cristo con títulos bíblicos como Sabiduría, Señor, Raíz de Jesé, Llave de David, Oriente, Rey de las naciones y Emmanuel. Estas invocaciones expresan el deseo de la Iglesia: «Ven» y salva a tu pueblo.

Espiritualidad del Adviento

Espera vigilante

El Adviento educa en una espera que no equivale a pasividad. El cristiano aguarda al Señor mediante la oración, la vigilancia y la fidelidad cotidiana. La espera adquiere un carácter activo porque impulsa a vivir de acuerdo con el Evangelio.

La liturgia presenta a Cristo como el Señor que viene, ya próximo, y llama a sus discípulos a permanecer despiertos. Esta vigilancia no nace de la angustia, sino de la confianza en la promesa divina.5,1

Conversión

La conversión constituye otro eje fundamental del Adviento. Juan el Bautista exhorta a preparar el camino del Señor y a abandonar todo aquello que contradice la vida nueva del Evangelio. La conversión incluye el arrepentimiento de los pecados, la reconciliación con Dios y la renovación de las relaciones con los demás.2,6

La celebración de la Navidad pierde su sentido cristiano cuando queda reducida a consumo, sentimentalismo o costumbre social. La Iglesia vincula la alegría navideña con la sobriedad, la sencillez y la preocupación por los pobres y marginados.6

Esperanza

La esperanza del Adviento se fundamenta en una salvación ya iniciada, pero todavía pendiente de plenitud. Cristo ya ha venido y actúa en la historia; sin embargo, la creación y la humanidad aguardan todavía la manifestación completa de la gloria de Dios.

Esta esperanza permite vivir el presente con confianza. La fe espera que la promesa llegue a su cumplimiento, que la visión suceda a la fe y que la comunión con Dios alcance su plenitud.2

Alegría sobria

El Adviento posee un carácter alegre y expectante. La alegría cristiana no depende de la abundancia material ni de la ausencia de dificultades. Nace de la certeza de que Dios cumple sus promesas y se acerca a su pueblo.

La tradición litúrgica describe el Adviento como un tiempo de «devota y expectante alegría». La sobriedad propia de estas semanas no contradice la alegría; ayuda a purificarla y a orientarla hacia Cristo.1

Temas bíblicos principales

Las promesas proféticas

Las lecturas de Isaías y de otros profetas anuncian la llegada del Mesías, la restauración de Israel, la reunión de los pueblos y la manifestación de la salvación de Dios. El Adviento introduce a la Iglesia en la larga espera de Israel y muestra la continuidad entre las promesas antiguas y su cumplimiento en Jesucristo.5,7

Juan el Bautista

Juan el Bautista aparece como el precursor del Señor. Su llamada a la conversión resume una dimensión esencial del Adviento: la venida de Cristo exige un corazón dispuesto. Juan no ocupa el centro del mensaje; orienta la mirada hacia Jesús.

La Virgen María

María ocupa un lugar privilegiado, especialmente en la segunda parte del Adviento. Ella acoge la palabra de Dios, concibe al Salvador y espera su nacimiento con fe. La piedad cristiana contempla también las dificultades de su embarazo y la pobreza de las circunstancias en las que nació Cristo.7

La encarnación

El centro del Adviento conduce al misterio de la Encarnación: el Hijo eterno de Dios asumió la naturaleza humana y entró en la historia. La Navidad no celebra solo el nacimiento de un niño, sino la venida de Dios hecho hombre para salvar a la humanidad.

Liturgia del Adviento en el rito romano

El año litúrgico romano comienza con el Adviento. La liturgia de este tiempo emplea textos bíblicos y oraciones que presentan simultáneamente la primera y la segunda venida de Cristo. Las lecturas anuncian al Salvador prometido, llaman a la conversión y orientan la mirada hacia el juicio y la gloria futura.5,1

Durante las primeras semanas, el contenido escatológico tiene mayor relieve. A partir del 17 de diciembre, los textos adquieren una orientación más inmediata hacia la Navidad. Cada día de esta última semana posee una misa propia, lo que permite acompañar litúrgicamente la proximidad del nacimiento del Señor.4

El Adviento no es, en sentido estricto, una repetición de la Cuaresma. Aunque invita a la conversión y puede incluir prácticas penitenciales, su orientación principal consiste en celebrar con esperanza la Encarnación y disponerse a recibir al Señor.4

Adviento en otros ritos litúrgicos

La estructura del Adviento no es idéntica en todas las tradiciones litúrgicas católicas. Cada rito posee su propio calendario, sus textos y sus acentos espirituales.

Rito ambrosiano

El rito ambrosiano, propio principalmente de la archidiócesis de Milán, cuenta con un Adviento más largo que el romano. Comprende seis semanas, con sus respectivos domingos, y comienza la víspera del primer domingo de Adviento. El sexto domingo está dedicado a la Virgen María.8

En la tradición ambrosiana, el Adviento mantiene una relación particularmente estrecha con la Cuaresma. La semana anterior a Navidad posee una salmodia propia en el oficio de maitines y recibe tradicionalmente una denominación específica, de exceptato.8,9

La diferencia entre ambos ritos no implica una divergencia doctrinal. El rito romano y el ambrosiano celebran el mismo misterio de Cristo, pero lo expresan mediante calendarios y tradiciones litúrgicas distintas. En el rito ambrosiano, el período de preparación navideña conserva una extensión y una fisonomía propias, mientras que el rito romano establece cuatro domingos.

Tradiciones bizantinas

Las Iglesias católicas que siguen la tradición bizantina viven una preparación más extensa para la Navidad, conocida habitualmente como Cuaresma de Navidad o Ayuno de Navidad. Esta preparación posee rasgos ascéticos y litúrgicos propios de la tradición oriental, distintos de la organización del Adviento romano.

La diversidad de calendarios no altera el núcleo de la fe católica: todas las tradiciones celebran la venida de Cristo en la carne y orientan a los fieles hacia su manifestación gloriosa.

Tradición hispánica y otras formas antiguas

La historia litúrgica muestra que existieron períodos de preparación para la Epifanía y la Navidad con distinta duración. En la Galia y en Hispania aparecen testimonios antiguos de preparaciones previas a la Epifanía, mientras que en Roma la configuración del Adviento evolucionó gradualmente hasta consolidar la estructura de cuatro semanas.3,10

La evolución histórica explica por qué las Iglesias de tradición latina no siempre celebran el Adviento con idéntica duración. La unidad de la fe convive con una legítima pluralidad ritual.

La Corona de Adviento

La Corona de Adviento es una expresión de piedad popular muy extendida en los hogares cristianos y en algunas comunidades parroquiales. Consiste normalmente en una corona de ramas verdes con cuatro velas, que se encienden progresivamente durante los cuatro domingos de Adviento.11

Las ramas verdes evocan la vida y la esperanza. La luz creciente de las velas representa la iluminación progresiva de la humanidad por la promesa de Cristo, identificado simbólicamente con el Sol de justicia. También recuerda las etapas de la historia de la salvación anteriores a la venida del Mesías.11

La Corona de Adviento no forma parte obligatoria de la estructura de la misa romana ni sustituye ninguno de sus ritos. Pertenece a la piedad popular y puede ayudar a vivir el tiempo litúrgico en el ámbito familiar o comunitario. Su uso debe mantener una relación armoniosa con la liturgia oficial: la Corona acompaña la celebración, pero no la reemplaza.

Adviento y vida cristiana

La vivencia del Adviento puede concretarse en varias actitudes:

  • Oración: participar con atención en la misa dominical y dedicar tiempo a la lectura orante de la Escritura.
  • Conversión: examinar la propia vida, pedir perdón y acudir al sacramento de la Reconciliación.
  • Vigilancia: reconocer la presencia de Dios en las responsabilidades y encuentros cotidianos.
  • Caridad: atender a los pobres, a los enfermos, a los solos y a quienes sufren.
  • Sobriedad: evitar que el consumo desplace el sentido espiritual de la Navidad.
  • Esperanza: afrontar las dificultades confiando en la fidelidad de Dios.

La espera del nacimiento de Cristo debe traducirse en una vida más abierta a Dios y más atenta a las necesidades de los demás. La Iglesia vincula la celebración del Salvador con el esfuerzo por vencer el pecado y con la defensa de la dignidad humana, especialmente de la vida concebida.6

Relación entre Adviento y Navidad

El Adviento prepara la Navidad, pero no se identifica con ella. Durante el Adviento, la Iglesia espera y dispone el corazón; en Navidad celebra sacramentalmente el nacimiento del Salvador.

La liturgia mantiene una tensión fecunda entre la espera y el cumplimiento. Cristo ya ha venido en la humildad de Belén, pero todavía esperamos su venida gloriosa. La Navidad, por tanto, no clausura la esperanza cristiana: manifiesta que la promesa de Dios ya ha comenzado a cumplirse y que alcanzará su plenitud al final de la historia.

Importancia teológica

El Adviento ofrece una síntesis de la fe cristiana en la historia de la salvación. Dios no permanece distante: entra en el tiempo, asume la condición humana y lleva la creación hacia su consumación.

La Encarnación revela que la salvación comienza en la humildad. El Hijo de Dios llega como niño y nace en pobreza, mientras la Iglesia aguarda también al Cristo glorioso. Esta unión entre humildad y majestad, nacimiento y juicio, promesa y cumplimiento define la riqueza teológica del Adviento.

El tiempo litúrgico invita finalmente a reconocer que toda existencia humana vive orientada hacia una venida. Cristo viene en la historia, viene en la gracia y vendrá en gloria. La respuesta cristiana consiste en mantener el corazón despierto, convertido y lleno de esperanza.

Citas y referencias

  1. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario - Capítulo I: El año litúrgico - Título II: El ciclo del año - V. Adviento, Papa Pablo VI. Normas universales sobre el año litúrgico y el Calendario Romano General, 39 (1969). 2 3 4 5
  2. Parte seconda: Orientamenti per l’armonizzazione della pietà popolare con la liturgia - Capitolo iv: Anno liturgico e pietà popolare - Nel tempo di avvento, Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (9 de abril de 2002), 96 (2002). 2 3 4
  3. B5. El tiempo de adviento, Pontificio Instituto Litúrgico. Handbook for Liturgical Studies: La Eucaristía (Volumen V), 218 (1999). 2
  4. Pontificio Instituto Litúrgico. Handbook for Liturgical Studies: La Eucaristía (Volumen V), 220 (1999). 2 3 4 5 6 7
  5. Adviento, Enciclopedia Católica, Advent (1913). 2 3 4 5
  6. Segunda parte: Orientaciones para la armonización de la piedad popular y la liturgia - Capítulo cuarto: El año litúrgico y la piedad popular - En el tiempo de adviento - Piedad popular y espíritu de adviento, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia: Principios y orientaciones, 105 (2002). 2 3 4
  7. Segunda parte: Orientaciones para la armonización de la piedad popular y la liturgia - Capítulo cuarto: El año litúrgico y la piedad popular - En el tiempo de adviento, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia: Principios y orientaciones, 97 (2002). 2 3
  8. B1. Cuaresma y Pascua, Pontificio Instituto Litúrgico. Handbook for Liturgical Studies: La Eucaristía (Volumen V), 229 (1999). 2
  9. Liturgia y rito ambrosianos, Enciclopedia Católica, Ambrosian Liturgy and Rite (1913).
  10. Pontificio Instituto Litúrgico. Handbook for Liturgical Studies: La Eucaristía (Volumen V), 219 (1999).
  11. Segunda parte: Orientaciones para la armonización de la piedad popular y la liturgia - Capítulo cuarto: El año litúrgico y la piedad popular - En el tiempo de adviento - La corona de adviento, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia: Principios y orientaciones, 98 (2002). 2
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