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Agar

Agar, llamada también Hagar, fue una mujer egipcia, esclava de Sara y madre de Ismael, hijo de Abrahán. El Génesis relata su huida al desierto, el encuentro con el ángel del Señor y su expulsión posterior junto con Ismael; ambos reciben, pese a su desamparo, una promesa de protección y descendencia. En la interpretación cristiana, Agar y su hijo también aparecen como figuras alegóricas en la carta de san Pablo a los Gálatas.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreAgar
CategoríaPersona
Nombre CompletoHagar
DescripciónMujer egipcia, esclava de Sara y madre de Ismael con Abrahán. En la alegoría de la carta de san Pablo a los Gálatas, representa la condición de servidumbre frente a la libertad de Sara
NacionalidadEgipcia
SexoFemenino
ReferenciasGn. 16, Gn. 21
Contexto BíblicoGénesis 16 y 21
HistoriaHuyó al desierto tras ser tratada con dureza por Sara, tuvo un encuentro con el ángel del Señor, regresó para dar a luz a Ismael y posteriormente fue expulsada junto a su hijo tras el nacimiento de Isaac.
Personas RelacionadasSara, Abrahán, Ismael, Isaac, san Pablo, santo Tomás de Aquino, Beda el Venerable
TipoFigura bíblica, Personaje del Antiguo Testamento

Tabla de contenido

Relato bíblico

Origen y maternidad de Ismael

Agar era una esclava egipcia al servicio de Sara, esposa de Abrán -nombre que más tarde cambiaría por Abrahán-. Como Sara no podía tener hijos, entregó Agar a su marido para que tuviera descendencia mediante ella. Abrán aceptó y Agar quedó embarazada. El Génesis presenta así el comienzo de una historia marcada por la desigualdad y el conflicto entre las dos mujeres.1

Cuando Agar supo que esperaba un hijo, miró con desprecio a Sara. Esta se quejó a Abrán, quien dejó a Agar bajo su autoridad. Sara la trató con dureza y Agar huyó al desierto. El relato no oculta el sufrimiento de la esclava ni la vulnerabilidad de su situación.1

El encuentro en el desierto

El ángel del Señor encontró a Agar junto a un manantial en el camino de Sur. Le preguntó de dónde venía y adónde iba; ella respondió que huía de su señora. El ángel le anunció que tendría un hijo, llamado Ismael, nombre que el propio relato relaciona con que Dios había escuchado su aflicción. También prometió multiplicar su descendencia.1

Agar llamó a Dios El-Roí, expresión vinculada en el pasaje con la experiencia de haber visto a quien la había encontrado en su desamparo. El pozo próximo recibió el nombre de Beer-lajay-roí. Agar regresó junto a Sara y dio a luz a Ismael cuando Abrán tenía ochenta y seis años.1

La expulsión de Agar e Ismael

Años después, Sara dio a luz a Isaac. Durante la celebración del destete del niño, Sara pidió a Abrahán que expulsara a Agar y a Ismael, pues no quería que Ismael compartiera la herencia con Isaac. Abrahán quedó angustiado por su hijo, pero Dios le dijo que Isaac sería el heredero de la promesa y que también haría de Ismael una gran nación, por ser descendiente suyo.2

Abrahán entregó a Agar pan y agua y la despidió con el muchacho. Cuando se agotó el agua, Agar dejó a Ismael bajo un arbusto y se apartó para no presenciar su muerte. Lloró, pero Dios escuchó al muchacho. El ángel la animó a levantarse y le reiteró la promesa de que Ismael llegaría a ser padre de un gran pueblo. Entonces Dios le abrió los ojos y Agar vio un pozo; dio de beber a su hijo y ambos sobrevivieron.2

Ismael creció en el desierto de Parán y llegó a ser arquero. Agar buscó para él una esposa egipcia. El relato bíblico presenta así a madre e hijo como expulsados del hogar de Abrahán, pero no abandonados por Dios.2

Agar en la interpretación cristiana

La alegoría de la carta a los Gálatas

San Pablo recurre a Agar y Sara en la carta a los Gálatas para exponer una alegoría relacionada con la esclavitud y la libertad. En ese pasaje, Agar y su hijo representan una condición de servidumbre, mientras que Sara e Isaac simbolizan la libertad y la descendencia vinculada a la promesa. La alegoría sirve a Pablo para explicar su enseñanza sobre la relación entre la Ley, la promesa y la vida cristiana.3,4

Esta lectura no convierte el relato del Génesis en una condena de Agar ni presenta a Ismael como fruto de un pecado de Abrahán. En su comentario a Gálatas, santo Tomás de Aquino advierte contra esa interpretación: distingue el nacimiento de Ismael «según la carne» -es decir, conforme al curso natural- del nacimiento de Isaac «por la promesa», que tuvo lugar contra las expectativas humanas debido a la esterilidad de Sara y la avanzada edad de Abrahán.4

San Beda el Venerable relaciona también a Agar e Ismael con el Antiguo Testamento y a Sara e Isaac con el Nuevo. A la vez, precisa que Pablo no presenta el Antiguo Testamento como malo: critica a quienes, en su interpretación de Beda, se aferran a una comprensión meramente carnal de la Ley y prescinden de la gracia.3

Promesa y providencia

El relato concede especial importancia a la atención de Dios hacia Agar. En su primera huida, el ángel la encuentra y escucha su aflicción; después de la expulsión, Dios oye el llanto de Ismael y proporciona agua para que ambos puedan sobrevivir. La promesa hecha a Abrahán mediante Isaac no excluye la bendición concedida a Ismael: Dios anuncia también para él una gran descendencia.1,2

Nombre y variantes

La tradición bíblica emplea la forma Agar, mientras que Hagar aparece como variante del nombre. Una antigua interpretación recogida por Clemente de Alejandría atribuye al nombre el sentido de «forastera» o «peregrina», aunque el Génesis centra su explicación del episodio en el nombre de su hijo, Ismael, y en que Dios escuchó la aflicción de Agar.5,1

Citas y referencias

  1. Gn. 16, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). The Holy Bible, Génesis 16 (1993). 2 3 4 5 6
  2. Gn. 21, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). The Holy Bible, Génesis 21 (1993). 2 3 4
  3. Libro cuarto, Beda el Venerable, San. In principium Genesis liber 4 (Sobre el principio del Génesis, libro 4), 33 (1850). 2
  4. Capítulo 4, Tomás de Aquino. Comentario sobre los Gálatas, 4.7 (1272). 2
  5. Capítulo 5. La filosofía como sierva de la teología, Clemente de Alejandría. Los Stromata, 1.5.
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