La renovación religiosa del siglo XVI
La fundación de los Agustinos Recoletos se inscribe en el amplio movimiento de renovación espiritual que recorrió la Iglesia durante el siglo XVI. Numerosos religiosos aspiraban a recuperar una observancia más estricta de la regla, reforzar la vida comunitaria y dedicar mayor tiempo a la oración y a la penitencia.
Dentro de la tradición agustiniana, las reformas de observancia buscaban restaurar la fidelidad a la Regla de san Agustín y a las constituciones de la orden. A finales del siglo XVI surgieron también congregaciones de descalzos, influidas por el clima espiritual de la España de la época y por el deseo de vivir una existencia religiosa más austera y recogida.1
La recolección no pretendía inicialmente crear una orden nueva. Su propósito consistía en reservar determinados conventos para aquellos religiosos que deseaban practicar una vida más estricta, con mayor silencio, penitencia, pobreza y dedicación a la contemplación.2
La decisión de Toledo de 1588
El momento fundacional ocurrió en el seno de la Provincia agustiniana de Castilla. El capítulo provincial reunido en Toledo el 5 de diciembre de 1588 aprobó la creación de varios monasterios destinados a una forma de vida más estrecha. La iniciativa respondía al deseo de favorecer la vocación de quienes aspiraban a una perfección religiosa más exigente.3
Los estatutos de la nueva observancia recibieron el nombre de Forma de vivir. La junta celebrada en el convento de Nuestra Señora del Pino aprobó estos estatutos el 20 de septiembre de 1589. El programa intensificaba la vida contemplativa y los elementos ascéticos de la existencia religiosa.2
La primera comunidad recoleta comenzó su vida en el convento de Talavera de la Reina, el 19 de octubre de 1589. En sus comienzos, los recoletos permanecieron bajo la jurisdicción del prior general de la Orden de San Agustín, representado por un vicario.2

