La orden de los Agustinos tiene sus raíces en la vida comunitaria iniciada por San Agustín de Hipona (354-430)1. San Agustín vivió en comunidad, primero con amigos y luego con su clero, promoviendo una vida monástica donde la propiedad privada estaba prohibida, aunque los votos no eran estrictamente obligatorios en un inicio1. Las instrucciones para esta forma de vida se encontraban en varios de sus escritos, especialmente en De opere monachorum y en sus cartas, que más tarde se conocieron como la Regla de San Agustín1.
Esta regla fue adoptada por diversos grupos monásticos y hermandades, particularmente en Italia, a partir del siglo XI. En 1059, un sínodo en Letrán decretó que los canónigos que desearan vivir una vida apostólica común debían adoptar la Regla de San Agustín, lo que dio origen a los Canónigos Regulares de San Agustín1.
Sin embargo, la orden que hoy conocemos como los Eremitas de San Agustín se consolidó en el siglo XIII. En ese periodo, varias sociedades monásticas se unieron bajo esta denominación, aunque conservando algunas particularidades en su vida y vestimenta. Esta unificación fue crucial para el establecimiento de la orden tal como existe en la actualidad1.
