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Alegoría bíblica

La alegoría bíblica es una forma de interpretar la Sagrada Escritura que descubre, a partir de palabras, personas, acontecimientos o instituciones narrados, una realidad de la fe que va más allá de su significado inmediato. En la interpretación cristiana, ocupa un lugar destacado la lectura que relaciona el Antiguo Testamento con Cristo y la Iglesia, sin que esa lectura deba borrar el sentido histórico y literario de los pasajes.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreAlegoría bíblica
CategoríaTérmino
DescripciónProcedimiento literario y forma de lectura exegética que relaciona los textos bíblicos con verdades de fe, Cristo y la Iglesia. Forma de interpretar la Sagrada Escritura que descubre una realidad de la fe más allá del significado inmediato
Referencias
  • Gálatas 4,24
  • Oseas 11,1
Tema
  • Exégesis bíblica e interpretación de la Sagrada Escritura
  • Sentido literal, sentido espiritual, sentido tropológico, sentido anagógico, tipología
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

Concepto y terminología

La palabra alegoría designa tanto un procedimiento literario como una forma de lectura. En literatura, una alegoría comunica una idea mediante imágenes, personajes o acciones que remiten a otra realidad. En exégesis bíblica, el término también puede nombrar un sentido espiritual: la interpretación de hechos o realidades narrados como figuras de una verdad relacionada con la fe cristiana.1,2

La tradición cristiana distinguió, por tanto, entre la alegoría como recurso expresivo y la alegoría como interpretación de personas o acontecimientos. En este segundo uso, el sentido no depende solo de las palabras del pasaje, sino también de las realidades a las que esas palabras se refieren. Los autores medievales hablaron de alegoría del dicho y alegoría del hecho: la primera parte de las expresiones del texto; la segunda, de los acontecimientos o elementos narrados.3,2

El término puede emplearse en un sentido amplio, para hablar de la interpretación figurada en general, o en un sentido teológico más preciso, como uno de los sentidos espirituales de la Escritura. Por esa variedad de usos, conviene atender al contexto en que aparece.1,4

Sentido literal y sentido espiritual

La lectura alegórica no sustituye el sentido literal. El sentido literal es el significado que el texto comunica conforme a su género literario y a sus recursos expresivos; constituye el fundamento de los sentidos espirituales. Una lectura cristiana debe tener en cuenta la forma concreta del pasaje, incluidas sus imágenes, su lenguaje y su contexto narrativo.5

El sentido espiritual parte de ese sentido literal y reconoce que las realidades narradas pueden adquirir, dentro de la unidad de la historia de la salvación, una significación más amplia. La lectura cristiana entiende el conjunto de la Escritura a la luz de la revelación centrada en Jesucristo, sin reducir por ello los relatos a meras ilustraciones de ideas posteriores.5,6

En la tradición exegética medieval, los sentidos espirituales se organizaron habitualmente en tres modalidades:

  • Alegórico: descubre la relación de las realidades bíblicas con los misterios de la fe, en especial con Cristo y la Iglesia.
  • Tropológico o moral: extrae una orientación para la conducta y la vida del creyente.
  • Anagógico: dirige la interpretación hacia la esperanza de la vida eterna y la realidad celestial.3,7,8

Una fórmula medieval resumía esta distinción: la letra enseña los hechos, la alegoría aquello que se ha de creer, la tropología aquello que se ha de obrar y la anagogía aquello hacia lo que se tiende. La clasificación no convierte cada pasaje en cuatro significados independientes: muestra diferentes dimensiones posibles de una lectura arraigada en la letra.3

Tipología y relectura cristiana del Antiguo Testamento

La tipología es una forma central de interpretación alegórica cristiana. Reconoce que ciertas personas, acontecimientos o instituciones del Antiguo Testamento anticipan o prefiguran realidades que alcanzan su cumplimiento en Cristo y en la nueva alianza. La persona o realidad anterior recibe el nombre de tipo; la realidad a la que apunta, el de antitipo.3,5

La tipología no exige negar la historicidad del relato antiguo. La Comisión Bíblica Pontificia distingue expresamente la lectura tipológica de una interpretación que sustituye el sentido original por otro nuevo: en Gálatas 4,24, Pablo presenta como figuras de realidades futuras a las personas mencionadas, sin poner en duda su historicidad. También advierte que Pablo no convirtió la alegoría en una regla general para interpretar cualquier pasaje.6

La tradición cristiana identificó figuras personales, acontecimientos y objetos, e instituciones religiosas. Entre las figuras personales enumeró a Adán, Noé, Melquisedec, Moisés, Josué, David, Salomón y Jonás como tipos de Cristo. Entre las realidades figurativas incluyó el cordero pascual, el maná, el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce, Sion y Jerusalén. Entre las instituciones, consideró el tabernáculo, los objetos sagrados, los sacrificios y el sacerdocio de la antigua alianza.3

Algunos ejemplos muestran el modo en que funciona esta lectura:

  • Adán y Cristo: san Pablo presenta a Adán como figura de aquel que había de venir, estableciendo una relación entre la humanidad marcada por el pecado y la obra salvadora de Cristo.3
  • Agar, Sara y sus hijos: Pablo interpreta alegóricamente el relato de las dos mujeres y sus hijos como una referencia a las dos alianzas.1,6
  • El maná y la roca: la tradición cristiana ha leído el alimento del desierto y el agua que brota de la roca en relación con realidades de la nueva alianza.3,5
  • La serpiente de bronce: la interpretación cristiana la ha relacionado con Cristo crucificado.5
  • Jerusalén: su sentido literal puede referirse a la ciudad histórica; en lecturas espirituales puede representar la Iglesia, el alma justa o la Iglesia triunfante, según el sentido considerado.3

Estos ejemplos no autorizan a asignar de manera arbitraria un significado cristiano a cualquier detalle. La lectura tipológica busca relaciones dentro de la unidad de la historia de la salvación y de la interpretación cristiana de la Escritura.6

La alegoría en la Biblia y en la tradición cristiana

El Nuevo Testamento ofrece ejemplos explícitos de interpretación alegórica y tipológica. En Gálatas 4,24, Pablo aplica la expresión «dichas alegóricamente» a Agar, Sara y sus hijos; la Comisión Bíblica Pontificia precisa que este pasaje corresponde a una lectura tipológica. En otros pasajes, el Nuevo Testamento relaciona figuras y acontecimientos antiguos con Cristo, como ocurre cuando Mateo presenta la salida de Jesús de Egipto a la luz de Oseas 11,1.6,3

Los primeros autores cristianos y los escritores medievales desarrollaron de forma sistemática las lecturas alegóricas. La Comisión Bíblica Pontificia observa que esa práctica llegó a aplicarse a numerosos detalles tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, para ofrecer una interpretación cristiana y orientar la vida de los fieles.6

El desarrollo de esta práctica produjo interpretaciones espirituales de gran riqueza, pero también planteó un problema: el intérprete podía separar un detalle de su contexto y atribuirle un significado ajeno al pasaje. La Comisión Bíblica Pontificia advierte que, en esos casos, la enseñanza podía quedar superpuesta al texto en vez de apoyarse en él, y que la interpretación corría el riesgo de volverse arbitraria.6

Por ello, la lectura alegórica requiere atender a la historia narrada, al género literario, al contexto y a la relación del pasaje con el conjunto de la Escritura. La alegoría puede abrir el texto a una comprensión cristológica y eclesial, pero no debe anular su sentido literal ni convertir cada detalle en una clave independiente.5,6

Alcance teológico

La alegoría bíblica expresa la convicción de que las Escrituras forman una unidad y que los acontecimientos de la antigua alianza pueden iluminar la fe cristiana. En su sentido teológico, ayuda a reconocer los misterios de la salvación y la relación entre Cristo, la Iglesia y las figuras bíblicas que los anticipan.8,5

La interpretación espiritual también conserva una dimensión moral y escatológica, aunque estas dimensiones no sean idénticas al sentido alegórico estricto. La lectura tropológica pregunta cómo orienta el pasaje la vida del creyente; la anagógica lo relaciona con la esperanza de la consumación final. Así, la tradición de los sentidos de la Escritura distingue, sin aislarlas, la fe, la conducta y la esperanza cristianas.3,7

Citas y referencias

  1. B12. De allegoria, Beda el Venerable, Santo, De schematibus et tropis (Sobre figuras y tropos), 19 (1850). 2 3
  2. T. López-Rodríguez, Fides et mores en la literatura medieval, 40 (1976). 2
  3. Exégesis bíblica, Enciclopedia Católica, Exégesis bíblica (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  4. C. Basevi, Hacia la estructuración de una «Historia de la Exégesis Bíblica»: Ensayos y perspectivas, 13 (1990).
  5. B. Jiménez-Duque, Acerca de los sentidos de la palabra mística, 2 (1978). 2 3 4 5 6 7
  6. II. Temas fundamentales en las Escrituras judías y su recepción en la fe en Cristo: A. Comprensión cristiana de las relaciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: 3. Relectura alegórica, Comisión Bíblica Pontificia, El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana (24 de mayo de 2001), 20 (2002). 2 3 4 5 6 7 8
  7. A), T. López-Rodríguez, Fides et mores en la literatura medieval, 39 (1976). 2
  8. A) en el contexto de la doctrina de los sentidos de la escritura, T. López-Rodríguez, La existencia de una moral cristiana específica: Su fundamentación en Santo Tomás, 6 (1974). 2
Modificado el 12 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.42 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/9vk7zpccd

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