La alfombra litúrgica pertenece al conjunto de elementos materiales que contribuyen a la configuración del espacio celebrativo. No constituye un objeto sacramental ni un elemento esencial de la celebración eucarística, sino un recurso ornamental y funcional subordinado a la arquitectura, al altar y a la acción litúrgica.
Tradicionalmente, las alfombras podían cubrir:
- El suelo del presbiterio.
- Los escalones del altar mayor.
- La predela, es decir, la plataforma elevada sobre la que se alza el altar.
- El espacio situado ante la sede episcopal o ante el faldistorio.
- Determinados recorridos procesionales.
En la tradición ceremonial romana anterior a la reforma litúrgica del siglo XX, el santuario y los escalones del altar mayor acostumbraban a cubrirse con alfombras. Cuando el suelo era de mármol, mosaico, azulejo o madera decorada, también podía colocarse una franja amplia ante el escalón inferior. En las grandes solemnidades se reservaban alfombras de mayor calidad para la predela y los escalones del altar.1



