La propuesta de Gómez-Lobo se sitúa dentro de la tradición de la ley natural, entendida como una explicación racional de cómo la conducta humana puede orientarse hacia el bien de la persona a partir de la estructura inteligible de la realidad y de la razón práctica. En sus planteamientos aparece la preocupación por una ética que no dependa del mero sentir subjetivo, sino de razones que puedan ser comprendidas y discutidas públicamente.1
En esa línea, su enfoque busca que el diálogo moral no sea una simple negociación («lo que cada cual quiere»), sino un intento de acuerdo sobre lo verdadero en materia moral, es decir, sobre lo que corresponde al bien humano en cuanto tal.2
