La relación entre la Antigua y la Nueva Alianza es un punto clave en la teología católica. No se trata de una anulación completa, sino de una sublación y cumplimiento.
Continuidad y Discontinuidad
El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que la economía cristiana, siendo la Alianza nueva y definitiva, nunca pasará. La Pontificia Comisión Bíblica explica que el tema de la alianza en el Nuevo Testamento se enmarca en un contexto de cumplimiento, que implica una continuidad fundamental progresiva, pero también rupturas necesarias en ciertos puntos. La continuidad se refiere principalmente a la relación de alianza, mientras que las rupturas conciernen a las instituciones del Antiguo Testamento que debían establecer y mantener esa relación. La Nueva Alianza se establece sobre una base nueva: la persona y obra de Cristo Jesús, profundizando y ampliando la relación de alianza, abriéndola a todos a través de la fe cristiana.
El término griego kainos (nuevo), utilizado para la Nueva Alianza, expresa tanto continuidad como discontinuidad. Es un «nuevo» que va más allá de lo subyacente, introduce algo distinto, pero lo necesita, lo incluye, preserva sus características propias y las lleva a una realización más plena dentro de un contexto más rico. Esto se conoce como el concepto de «sublación».
El Pacto con Israel es Irrevocable
Un aspecto importante de la enseñanza católica moderna, especialmente desde el Concilio Vaticano II y las declaraciones de San Juan Pablo II, es que el pacto de Dios con Israel nunca ha sido revocado,. Esta afirmación, basada en Romanos 11:29, significa que el pueblo judío sigue manteniendo una relación de alianza con Dios, porque la promesa de la alianza es definitiva e inmutable.
Sin embargo, esta irrefocabilidad no implica que existan dos caminos salvíficos paralelos e independientes, lo que sería incompatible con la doctrina de que Dios desea que todos se salven a través de Cristo y su Iglesia. La postura de la Iglesia Católica es que la Nueva Alianza cumple la Antigua, llevando las promesas y mandamientos de la Antigua Ley a su perfección. Esto significa que, si bien el Antiguo Testamento tiene un valor permanente que no es anulado por la interpretación del Nuevo Testamento, el Nuevo le da su pleno significado, en un proceso de iluminación recíproca.