La alianza es una realidad dinámica que se concreta en una serie de acuerdos a lo largo de la historia bíblica1. Más que un simple contrato o una alianza política, la alianza es un vínculo sagrado donde Dios compromete su palabra y su vida, lo que a su vez demanda amor y ternura por parte de la humanidad2. Este concepto central en las Escrituras es a la vez complejo de definir3.
En la erudición bíblica moderna, se ha observado que la comprensión de Israel de su relación de alianza con Dios tiene un trasfondo en los tratados o juramentos de lealtad del Antiguo Cercano Oriente3. Se identifican principalmente tres tipos de alianzas:
Alianza de parentesco: Unía a dos partes (generalmente iguales) bajo la sanción divina de un juramento o sacrificio, enfatizando la naturaleza mutua de la relación4.
Alianza de tratado: Un superior imponía obligaciones a un inferior. A menudo se sellaba con auto-maldiciones del partido inferior en caso de incumplimiento, destacando la servidumbre del inferior4.
Alianza de concesión: La iniciativa y las obligaciones residen principalmente en el superior, quien las ofrece libremente al inferior, generalmente en respuesta a la virtud o fidelidad de este último4.
Aun cuando el término berît implica principalmente la asunción de una obligación, no se puede abstraer de él la noción de relación. Las obligaciones asumidas casi siempre se dan en un contexto de mutualidad, aunque con una asimetría distintiva. La elección de Israel, por la cual se establece una relación especial, se expresa a menudo en términos de berît5.
