Históricamente, los altares portátiles consistían en una pieza sólida de piedra natural, lo suficientemente dura para resistir fracturas. Esta piedra debía ser consagrada por un obispo o por un sacerdote con facultades para hacerlo. Se grababan cinco cruces griegas en la superficie del altar portátil, una cerca de cada esquina y una en el centro, marcando los lugares donde se realizan las unciones durante la consagración. Si la cruz central faltaba, la unción no debía omitirse, aunque su omisión no invalidaría la consagración.
Las directrices actuales, como la Instrucción General del Misal Romano y el Código de Derecho Canónico, permiten una mayor flexibilidad en los materiales para los altares móviles:
Material de la mesa: Mientras que la práctica tradicional de la Iglesia para los altares fijos es que la mesa sea de piedra natural sólida, un altar móvil puede construirse de cualquier material sólido adecuado para el uso litúrgico. En las diócesis de los Estados Unidos de América, se puede utilizar madera digna, sólida y bien elaborada para la mesa de un altar fijo, siempre que la estructura sea inmóvil. Sin embargo, para un altar móvil, se acepta cualquier material noble y sólido que sea adecuado para el uso litúrgico, conforme a las tradiciones y usos regionales.
Soporte o base: Los soportes o la base de un altar móvil pueden ser de cualquier material, siempre que sean dignos y sólidos.
El altar portátil debe ser lo suficientemente grande para contener la Hostia Consagrada y la mayor parte de la base del cáliz,,. Si está destinado a la distribución de la Sagrada Comunión, también debe ser lo suficientemente grande para el copón.