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Altar

El altar cristiano es el lugar destinado a la celebración de la Eucaristía. En él, la Iglesia conmemora sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la cruz y participa en la mesa del Señor. Por eso, el altar reúne dos significados inseparables: es ara del sacrificio eucarístico y mesa del banquete pascual. La tradición cristiana también lo contempla como signo de Cristo y centro de la acción de gracias de la Iglesia.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreAltar
CategoríaTérmino
DescripciónLugar central de la celebración litúrgica y signo de Cristo. Lugar destinado a la celebración de la Eucaristía, ara del sacrificio eucarístico y mesa del banquete pascual. Ara del sacrificio eucarístico, mesa del banquete pascual y signo de Cristo
HistoriaLas primeras comunidades celebraban en mesas; con el culto a los mártires se relacionó con tumbas y reliquias, evolucionando a estructuras de piedra y diversas disposiciones arquitectónicas.
SimbolismoSigno de Cristo, sepulcro del Señor, mesa de la comunidad.
TemaEucaristía, sacrificio de la cruz, Santo Crisma, reliquias, presbiterio.
TipoTérmino litúrgico
TiposAltar fijo, altar móvil.
Uso LitúrgicoCelebración de la Eucaristía, conmemoración del sacrificio de Jesucristo.

Tabla de contenido

Significado y simbolismo

En la Misa, el altar no representa un sacrificio distinto del Calvario: en los signos sacramentales se hace presente el sacrificio de la cruz. La Eucaristía une así el acontecimiento único de la Pasión de Cristo con la celebración litúrgica de la Iglesia. El altar expresa esa unión y ocupa un lugar central en la celebración.2

El altar es también la mesa en torno a la cual se reúne el pueblo de Dios para dar gracias y recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La dimensión sacrificial y la dimensión de banquete no se oponen: ambas pertenecen al misterio pascual celebrado en la Eucaristía.1

La tradición cristiana ha visto además en el altar un signo de Cristo. La expresión el altar es Cristo resume esa relación: allí la Iglesia celebra el memorial del Señor y recibe su Cuerpo y su Sangre. El altar queda dedicado a Dios, pues a Dios se ofrece el sacrificio eucarístico; la dedicación en honor de un santo recuerda el testimonio de ese santo, pero no convierte el altar en objeto de culto.1,3

Historia

Las primeras comunidades cristianas celebraban la Eucaristía en mesas. Con el desarrollo del culto a los mártires, se hizo más estrecha la relación entre el altar y sus sepulturas: algunos altares se construyeron sobre tumbas y otros incorporaron reliquias. La forma de mesa dio paso, en determinados lugares, a estructuras de piedra que evocaban un sepulcro.4,5

En las iglesias antiguas hubo altares unidos a estructuras arquitectónicas y otros separados del muro. Con el tiempo, la disposición exenta -que permite rodear el altar- adquirió importancia litúrgica. La normativa romana actual recomienda que el altar esté separado de la pared cuando las condiciones lo permitan, de modo que pueda rodearse y la celebración pueda desarrollarse de cara al pueblo.5,2

Las tradiciones cristianas orientales desarrollaron también formas propias de altar y de soporte litúrgico. En la tradición bizantina, por ejemplo, el antimension, paño consagrado que contiene reliquias, se despliega sobre el altar durante la liturgia.4

Tipos de altar

Altar fijo

El altar fijo está unido al suelo de modo que no puede trasladarse. La Iglesia recomienda que cada iglesia tenga uno, porque su estabilidad expresa de manera permanente a Cristo, piedra viva. En la disciplina litúrgica romana, el altar fijo debe dedicarse mediante el rito correspondiente.2

La mensa -la superficie superior del altar- tradicionalmente es de piedra natural. La normativa permite que la Conferencia Episcopal autorice otro material digno, sólido y bien trabajado. El soporte puede estar hecho de cualquier material apropiado y resistente.2,3

Altar móvil

El altar móvil puede trasladarse. Puede utilizarse en lugares destinados a celebraciones sagradas que no sean iglesias; fuera de un lugar sagrado, la Eucaristía también puede celebrarse sobre una mesa adecuada, preparada con mantel y corporal, cruz y candeleros.2

La normativa litúrgica distingue su dedicación de la del altar fijo: el altar móvil puede dedicarse según el rito previsto o recibir una bendición. La regulación actual admite que esté construido con materiales dignos y sólidos, adecuados al uso litúrgico y a las costumbres locales.2

La expresión altar portátil aparece también en la historia de la liturgia para designar una piedra consagrada que podía colocarse sobre una mesa. No debe confundirse sin más esa forma histórica con cualquier altar móvil actual: la normativa vigente contempla altares móviles de materiales diversos y prevé para ellos la dedicación o bendición correspondiente.6,2

Dedicación y bendición del altar

La dedicación es el rito litúrgico por el que el obispo destina solemnemente un altar al culto divino. El rito incluye oraciones y gestos que manifiestan que el altar queda reservado de manera estable a la celebración eucarística. La normativa romana establece que tanto el altar fijo como el móvil pueden dedicarse; el móvil también puede bendecirse.2

Unción con el Santo Crisma

Un gesto central de la dedicación es la unción de la mesa del altar con el Santo Crisma. Este aceite, consagrado por el obispo, expresa la consagración del altar y su destinación al culto. La tradición ritual relaciona la unción con la acción del Espíritu Santo y con la santificación del lugar donde la Iglesia celebra la Eucaristía.7

El rito romano tradicional describe también la unción de la cavidad destinada a las reliquias y del propio altar, junto con la incensación. Estos gestos pertenecen a la historia y al desarrollo litúrgico de la dedicación; no deben confundirse con una descripción completa de cada forma vigente del rito.7

Reliquias de los santos

La tradición romana conserva la práctica de depositar reliquias de santos bajo el altar que va a dedicarse. La normativa litúrgica actual recomienda esta costumbre, pero no exige que las reliquias correspondan exclusivamente a mártires. Deben ser auténticas y de entidad suficiente para que pueda reconocerse que son restos corporales; es preferible dedicar un altar sin reliquias que depositar reliquias de autenticidad dudosa.2,3

Las reliquias recuerdan la comunión de los santos y la unión entre la celebración eucarística y el testimonio de quienes entregaron su vida por Cristo. No se colocan sobre la mesa del altar para veneración pública, sino bajo ella, según la forma del altar y las disposiciones del rito.3

Orientación y disposición

La oración cristiana dirigida hacia el este tiene una antigua tradición. La orientación hacia el sol naciente ha expresado la esperanza en Cristo y en su venida. En distintas épocas, sin embargo, las iglesias y sus altares adoptaron disposiciones diversas; la orientación del edificio no coincidía siempre con una única posición del celebrante.8

La celebración ad orientem-con el sacerdote y el pueblo vueltos en la misma dirección- expresa que la asamblea peregrina hacia Dios y espera la venida de Cristo. La celebración versus populum-con el sacerdote situado de cara al pueblo- permite que el altar y los gestos litúrgicos queden a la vista de la asamblea. La orientación física del celebrante no altera el centro teológico de la Misa: en ambas disposiciones, la Iglesia celebra el sacrificio de Cristo y participa en la mesa del Señor. La norma litúrgica recomienda que, cuando sea posible, el altar esté dispuesto para que pueda rodearse y para celebrar de cara al pueblo, sin presentar esa disposición como la única con significado teológico.2,8

Lugar y ajuar litúrgico

El altar debe ocupar un lugar central en el presbiterio, de manera que la atención de los fieles converja naturalmente en él. Esta centralidad no es solo arquitectónica: manifiesta que la Eucaristía constituye el centro de la celebración y de la acción de gracias de la Iglesia.2,1

El altar se prepara para la celebración con los elementos litúrgicos previstos, entre ellos el mantel y el corporal. Fuera de un lugar sagrado, la normativa contempla una mesa adecuada con mantel y corporal, cruz y candeleros. La mesa del altar no debe convertirse en un expositor de objetos ajenos a su función litúrgica; las reliquias destinadas a veneración pública tampoco deben depositarse sobre ella.2,3

Uso litúrgico

La Eucaristía se celebra sobre un altar en un lugar sagrado. En otros lugares, puede celebrarse sobre una mesa adecuada conforme a las disposiciones litúrgicas. El altar, por tanto, no es un mueble ornamental ni un simple soporte: sirve a la acción sacramental en la que la Iglesia conmemora la cruz, da gracias a Dios y recibe el alimento eucarístico.2,1

Su forma, ubicación y dedicación expresan una misma realidad: Cristo reúne a la Iglesia en torno a su sacrificio pascual y la alimenta con su Cuerpo y su Sangre. Por eso, la tradición cristiana reconoce en el altar a la vez el sepulcro del Señor, la mesa de la comunidad y el signo de Cristo presente en medio de ella.4,1

Citas y referencias

  1. Altare mensa sacrificii et convivii paschalis, Sagrada Congregación para el Culto Divino. Ordo Dedicationis Ecclesiae et Altaris (Orden de la Dedicación de una Iglesia y un Altar), 80 (1977). 2 3 4 5 6
  2. Capítulo V, Santa Sede. Misal Romano, 42 (2020). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  3. Sagrada Congregación para el Culto Divino. Ordo Dedicationis Ecclesiae et Altaris (Orden de la Dedicación de una Iglesia y un Altar), 82 (1977). 2 3 4 5
  4. Altar, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Altar (2015). 2 3
  5. Altar (en liturgia), Enciclopedia Católica, Altar (en liturgia) (1913). 2
  6. Altar portátil, Enciclopedia Católica, Altar portátil (1913).
  7. Consagración, Enciclopedia Católica, Consagración (1913). 2
  8. Historia del altar cristiano, Enciclopedia Católica, Historia del altar cristiano (1913). 2
Modificado el 24 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.17 • 97 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/vcmdfj2r7

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