El uso de «Amén» en las Escrituras es variado y significativo:
Amén como Afirmación y Adhesión
En el Antiguo Testamento, «Amén» se emplea a menudo para indicar la adopción personal de lo que ha sido dicho por otro. Por ejemplo, en Jeremías 28:6, el profeta responde a una profecía diciendo: «Amén, así haga el Señor las palabras que has profetizado». De manera similar, en Deuteronomio 27:14 y siguientes, el pueblo responde «Amén» a las imprecaciones, asumiendo su compromiso con la Ley. En Nehemías 8:5-6, el pueblo de Israel, al regresar del exilio babilónico, responde «Amén, Amén» levantando las manos, expresando su adhesión gozosa a Dios y su Ley.
Amén en la Enseñanza de Jesús
Jesucristo utilizó la palabra «Amén» con gran frecuencia, a veces duplicada, para enfatizar la fiabilidad de su enseñanza y su autoridad fundada en la verdad de Dios,. En los Evangelios Sinópticos, un solo «Amén» introduce sus afirmaciones, mientras que en el Evangelio de San Juan, la palabra se duplica («Amén, Amén, te digo…»), lo que subraya una demanda de fe por parte de sus oyentes en su palabra y su poder.
Amén en las Cartas de San Pablo y el Apocalipsis
En el Nuevo Testamento, especialmente en las epístolas de San Pablo, «Amén» concluye típicamente oraciones o doxologías, como en Romanos 11:36: «A Él sea la gloria por los siglos. Amén». El libro del Apocalipsis, el libro litúrgico cristiano por excelencia, comienza con el «Amén» de la Iglesia («A Aquel que nos ama y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre… a Él sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén») y termina con la invocación «Amén. ¡Ven, Señor Jesús!» (Apocalipsis 22:20).
Cristo como el Amén
La Sagrada Escritura incluso identifica a Jesucristo mismo como el «Amén». Él es el «Amén definitivo del amor del Padre por nosotros». A través de Él, nuestras oraciones y nuestro «Amén» al Padre son completos, ya que «todas las promesas de Dios encuentran su Sí en Él. Por eso, por medio de Él, pronunciamos el Amén para gloria de Dios». Esto culmina en la gran doxología de la Misa: «Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén».