Contexto de la Reforma
El anabaptismo surgió en el contexto de la Reforma protestante, pero sus partidarios aspiraban a restaurar lo que consideraban la forma de vida de la Iglesia apostólica. La interpretación personal de las Escrituras y la convicción de que el Espíritu Santo podía iluminar directamente al creyente contribuyeron a la aparición de posiciones religiosas diversas y, en algunos casos, radicales.
La enciclopedia católica de 1913 describe antecedentes medievales de rechazo del bautismo infantil, pero advierte que apenas existía una conexión histórica demostrable entre aquellos grupos y los anabaptistas del siglo XVI. Por ello, resulta más preciso considerar el anabaptismo un movimiento propio de la época de la Reforma, sin presentarlo como la continuación directa de todas las disidencias medievales.
Zwickau y Wittenberg
Una de las primeras manifestaciones del movimiento ocurrió en Zwickau, en Sajonia, hacia 1521. Entre sus protagonistas figuraron Nicolás Storch y Tomás Müntzer, junto con predicadores conocidos como los «profetas de Zwickau». Sus ideas sobre el bautismo infantil, la igualdad y la comunidad de bienes provocaron conflictos con las autoridades de la ciudad. Storch y algunos compañeros marcharon a Wittenberg, donde sus predicaciones y las actuaciones iconoclastas de Andreas Karlstadt suscitaron la oposición de Martín Lutero.
Zúrich y la tradición menonita
En Suiza, el movimiento tomó forma en Zúrich en 1525, cuando Jorge Blaurock y Félix Manz impulsaron una comunidad anabaptista. La represión contra sus integrantes no logró extinguir el movimiento, que mantuvo comunidades en distintas regiones.
En los Países Bajos y el noroeste de Alemania cobró importancia la figura de Menno Simons, sacerdote católico que abandonó el ministerio en 1536 y pasó a ser dirigente anabaptista. Sus escritos y predicación influyeron especialmente en las corrientes más moderadas. De él procede el nombre de los menonitas, una de las principales tradiciones históricas vinculadas al anabaptismo.