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Anabaptistas

Los anabaptistas fueron diversos movimientos cristianos radicales surgidos durante la Reforma del siglo XVI, especialmente en territorios de habla alemana y en Suiza. Su rasgo más conocido fue rechazar el bautismo de niños y bautizar a quienes, ya adultos, profesaban personalmente la fe. También defendieron, con diferencias entre comunidades, una Iglesia formada por creyentes comprometidos y una vida cristiana marcada por la disciplina comunitaria. De algunas corrientes nacieron los menonitas.

Schleitheimer Bekenntnis Druck 1550 ausgestellt im Täuferzimmer des Heimatmuseums Schleitheim
Ver información de la imagenUno de los dos ejemplares que aún existen del artículo de Schleitheimer de 1527 está expuesto en el museo local de Schleitheim, c. 2017. Original, Ruth Hockarth, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreAnabaptistas
CategoríaOrganización
DescripciónMovimiento de la Reforma del siglo XVI caracterizado por el rechazo del bautismo infantil y el bautismo de adultos. Movimientos cristianos radicales surgidos durante la Reforma del siglo XVI que rechazaban el bautismo de niños y bautizaban a los adultos que profesaban su fe
Fecha de Fundación1525
Lugar de FundaciónZúrich
Contexto HistóricoReforma protestante del siglo XVI en territorios de habla alemana y Suiza.
Doctrinas RelacionadasMenonitas, Bautistas
FundadorJorge Blaurock y Félix Manz (en Zúrich)
OrigenSurgió en el contexto de la Reforma protestante, con manifestaciones tempranas en Zwickau (1521) y Zúrich (1525).
TemaBautismo, Milenarismo, Münster
TipoSecta, Movimiento cristiano radical, Reforma protestante
UbicaciónSuiza y territorios de habla alemana

Tabla de contenido

Nombre y significado

La palabra anabaptista procede del griego y significa «rebautizador». Sin embargo, muchos miembros de estos grupos rechazaban el término: no entendían que estuvieran repitiendo un bautismo válido, sino que sostenían que el bautismo recibido durante la infancia no había sido tal, pues el bautizado no podía profesar entonces su fe. Por eso, el desacuerdo central concernía a la validez del bautismo infantil, no a la repetición de un sacramento reconocido como válido.1

En el uso histórico, el nombre suele designar los movimientos del siglo XVI que negaron la validez del bautismo de niños. No todos compartían las mismas ideas políticas, sociales o religiosas, por lo que conviene hablar de corrientes anabaptistas y no de una organización única con una doctrina uniforme.1

Orígenes y expansión

Contexto de la Reforma

El anabaptismo surgió en el contexto de la Reforma protestante, pero sus partidarios aspiraban a restaurar lo que consideraban la forma de vida de la Iglesia apostólica. La interpretación personal de las Escrituras y la convicción de que el Espíritu Santo podía iluminar directamente al creyente contribuyeron a la aparición de posiciones religiosas diversas y, en algunos casos, radicales.1

La enciclopedia católica de 1913 describe antecedentes medievales de rechazo del bautismo infantil, pero advierte que apenas existía una conexión histórica demostrable entre aquellos grupos y los anabaptistas del siglo XVI. Por ello, resulta más preciso considerar el anabaptismo un movimiento propio de la época de la Reforma, sin presentarlo como la continuación directa de todas las disidencias medievales.1

Zwickau y Wittenberg

Una de las primeras manifestaciones del movimiento ocurrió en Zwickau, en Sajonia, hacia 1521. Entre sus protagonistas figuraron Nicolás Storch y Tomás Müntzer, junto con predicadores conocidos como los «profetas de Zwickau». Sus ideas sobre el bautismo infantil, la igualdad y la comunidad de bienes provocaron conflictos con las autoridades de la ciudad. Storch y algunos compañeros marcharon a Wittenberg, donde sus predicaciones y las actuaciones iconoclastas de Andreas Karlstadt suscitaron la oposición de Martín Lutero.1

Zúrich y la tradición menonita

En Suiza, el movimiento tomó forma en Zúrich en 1525, cuando Jorge Blaurock y Félix Manz impulsaron una comunidad anabaptista. La represión contra sus integrantes no logró extinguir el movimiento, que mantuvo comunidades en distintas regiones.2

En los Países Bajos y el noroeste de Alemania cobró importancia la figura de Menno Simons, sacerdote católico que abandonó el ministerio en 1536 y pasó a ser dirigente anabaptista. Sus escritos y predicación influyeron especialmente en las corrientes más moderadas. De él procede el nombre de los menonitas, una de las principales tradiciones históricas vinculadas al anabaptismo.2

Ideas y prácticas

Bautismo y pertenencia a la Iglesia

El rasgo distintivo más extendido entre los anabaptistas fue el rechazo del bautismo infantil y la defensa del bautismo de adultos que confesaban la fe. Esta práctica expresaba una concepción de la comunidad cristiana como asociación de creyentes capaces de comprometerse conscientemente con la vida religiosa. Las formas concretas de gobierno y disciplina variaron entre los grupos.1,2

La Iglesia católica sostiene una posición distinta: reconoce el bautismo de los niños y rechaza que una persona deba recibirlo de nuevo cuando ya fue bautizada válidamente. En la controversia del siglo XVI, los anabaptistas negaban la validez del bautismo infantil, mientras que la enseñanza católica defendía el bautismo de los niños y la eficacia del sacramento.3

Escritura, inspiración y tradición

Los anabaptistas concedían una autoridad decisiva a las Escrituras y buscaban ajustar a ellas la vida de la Iglesia. En algunas corrientes, la lectura bíblica convivía con la importancia otorgada a la inspiración interior y a la experiencia religiosa personal. La variedad de interpretaciones resultante contribuyó a que surgieran comunidades con posiciones diferentes.1

No violencia y relación con la autoridad civil

Numerosos anabaptistas rechazaron el uso de armas y la prestación de juramentos, y algunos evitaron ocupar cargos públicos. Estas convicciones reflejaban su deseo de distinguir la vida de la comunidad cristiana de las estructuras políticas de su tiempo. No todos los grupos mantuvieron idénticas prácticas ni interpretaron del mismo modo la relación con las autoridades.1,2

Bienes y vida comunitaria

Algunas corrientes defendieron la puesta en común de los bienes o formas intensas de organización colectiva. Sin embargo, no cabe atribuir a todo el anabaptismo un programa único de propiedad común: sus ideas sociales variaron y las experiencias más extremas no representaron a todas sus comunidades.1,4

Münster y las corrientes radicales

Entre 1534 y 1535, la ciudad de Münster fue escenario de una experiencia anabaptista radical. Tras hacerse con el control político de la ciudad, sus dirigentes proclamaron una «nueva Jerusalén». Juan de Leiden y Jan Matthys encabezaron un régimen que impuso medidas coercitivas y prácticas como la poligamia y la comunidad de bienes. El obispo de Münster, aliado con Felipe de Hesse, sitió la ciudad; las fuerzas sitiadoras la tomaron en junio de 1535.5

La experiencia de Münster estuvo ligada a expectativas milenaristas, es decir, a la esperanza de instaurar en la tierra un reino de Cristo antes del fin de los tiempos. No debe confundirse aquel episodio con la totalidad del anabaptismo: otros reformadores protestantes rechazaron el milenarismo de Münster, y comunidades anabaptistas posteriores desarrollaron formas de vida diferentes.6

Desarrollo posterior

La represión y las divisiones internas no acabaron con las comunidades anabaptistas. En los Países Bajos, los seguidores de Menno Simons formaron congregaciones que con el tiempo recibieron el nombre de menonitas. Durante el siglo XVI se dividieron en distintas ramas, y en los siglos posteriores aparecieron nuevas diferencias entre comunidades menonitas.2

En torno a 1620, algunas comunidades menonitas suizas se separaron en grupos amish y menonitas de las tierras bajas. La historia de los menonitas incluyó también migraciones: hubo asentamientos en América del Norte desde el siglo XVII y en el sur de Rusia desde finales del XVIII. Estas trayectorias contribuyeron a la expansión de comunidades de origen anabaptista por distintas regiones.2

Los anabaptistas también influyeron en otros movimientos cristianos posteriores. La Santa Sede ha señalado la relación histórica entre los menonitas y los bautistas, en particular la influencia menonita en el desarrollo de la teología bautista en los Países Bajos y otros lugares. Esta vinculación no convierte a ambos movimientos en idénticos: los bautistas surgieron más tarde y constituyen una tradición diferenciada.7

Valoración católica

Desde la doctrina católica, el desacuerdo principal con los anabaptistas se refiere al bautismo infantil y a la comprensión de la validez del sacramento. La Iglesia católica enseña que los niños pueden recibir el bautismo y que un bautismo válidamente administrado no debe repetirse. Por tanto, el bautismo de adultos practicado por los anabaptistas no equivale, desde la perspectiva católica, a un primer bautismo cuando la persona ya recibió válidamente el sacramento en la infancia.3

La valoración histórica también exige distinguir las distintas corrientes. El episodio violento y milenarista de Münster fue real, pero no describe por sí solo a las comunidades anabaptistas, entre las que hubo grupos conocidos por el rechazo de la violencia y por formas de vida comunitaria distintas. Una exposición equilibrada debe atender tanto a las diferencias doctrinales con el catolicismo como a la diversidad histórica de los propios anabaptistas.1,6,2,5

Citas y referencias

  1. Anabaptistas, Enciclopedia Católica, Anabaptistas (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  2. Menonitas, Enciclopedia Católica, Menonitas (1913). 2 3 4 5 6 7
  3. Bautismo, Enciclopedia Católica, Bautismo (1913). 2
  4. El socialismo de las herejías, R. García-de-Haro. El fenómeno socialista y la religión, 4 (1980).
  5. Münster, Enciclopedia Católica, Münster (1913). 2
  6. Milenio y milenarismo, Enciclopedia Católica, Milenio y milenarismo (1913). 2
  7. Discípulos de Cristo, Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 12, diciembre, 2020, 118 (2020).
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