La palabra «anacoreta» proviene del griego anachoréo, que significa «yo me retiro»1. El término «ermitaño» (del griego eremîtai) se refiere a «moradores del desierto»1. Ambos términos se utilizan en la terminología cristiana para describir a aquellos que se han apartado del tumulto de la vida social para dedicarse a Dios en soledad1,2. Este impulso natural de las almas devotas a retirarse, ya sea temporal o permanentemente, de la vida mundana, ha sido respaldado por las Escrituras, con figuras como San Juan Bautista en el desierto y Jesús retirándose a menudo a la soledad1.
La vida anacorética es una forma de monacato o monaquismo, que se define como el modo de vida de personas que viven apartadas del mundo bajo votos religiosos y una regla fija3. La idea fundamental del monacato es el aislamiento o la retirada de la sociedad para alcanzar un ideal de vida que difiere de la mayoría de la humanidad, a través de la auto-negación o el ascetismo organizado3.
