La práctica de las procesiones, y con ellas el uso de andas, tiene raíces antiguas tanto en las Escrituras como en las costumbres de la Iglesia primitiva. En el Antiguo Testamento, se encuentran ejemplos de procesiones con el Arca de la Alianza1,2, mientras que en el Nuevo Testamento, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén sirve de precedente1,2. Estos eventos bíblicos influyeron en el ritual de épocas posteriores1.
Desde antes de la era de Constantino, las procesiones fúnebres cristianas se llevaban a cabo con solemnidad, y el término processio ya era utilizado por Tertuliano, posiblemente refiriéndose a un movimiento formal de los fieles hacia la iglesia1. En la época de San Gregorio Magno, y quizás antes, las procesiones papales ya incluían la procesión estacional, donde el pontífice, el clero y el pueblo se congregaban en una iglesia designada para luego dirigirse en procesión a otra, la «iglesia estacional», donde se ofrecía la Misa1. Durante estas procesiones se cantaban el Kyrie Eleison y letanías, de ahí que a menudo se las llamara litania1,3. La Litania Mayor romana, por ejemplo, se celebraba el 25 de abril, reemplazando una festividad pagana, y partía de una iglesia para hacer una estación en otra3.
A lo largo de la Edad Media, las procesiones votivas adquirieron una importancia particular en la piedad popular, alcanzando su apogeo en la época barroca4,5. Estas procesiones honraban a los santos patronos de ciudades o gremios, llevando en andas sus reliquias, imágenes o efigies por las calles4,5. Si bien estas manifestaciones genuinas expresaban la fe popular, también se observaron riesgos, como la preponderancia de las devociones sobre los sacramentos o la degeneración de la procesión en un mero espectáculo4,5.
Con el tiempo, las andas y los elementos asociados a las procesiones se fueron formalizando. Los Procesionales Romanos, aunque no eran libros litúrgicos reconocidos de forma independiente, eran recopilaciones de secciones del Ritual Romano con himnos, letanías y otras oraciones del Misal y el Pontifical, a menudo con música6.
