La doctrina de los ángeles de la guarda tiene sus raíces en la antigüedad, tanto en tradiciones paganas como en las Escrituras1. Civilizaciones como la babilónica y la asiria ya creían en deidades tutelares o querubines que acompañaban y aseguraban el éxito de los individuos1.
En el Antiguo Testamento
En el Antiguo Testamento, los ángeles son representados como ministros de Dios que ejecutan sus mandatos y a quienes se les confían misiones especiales relacionadas con los asuntos humanos1. Si bien la doctrina no se expone explícitamente, se da por sentada y se manifiesta en varios pasajes1.
Protección y Guía: Los ángeles salvan a Lot del peligro (Génesis 28-29), guían al pueblo de Israel (Éxodo 12-13, 32:34) y cuidan de los justos (Salmo 90:11; Salmo 33:8; 34:5)1,2. El libro de Tobías es un ejemplo destacado, donde el arcángel Rafael asiste a Tobías en su viaje, lo protege, le revela propiedades útiles y le devuelve la vista a su padre1,3,2.
Cuidado de Distritos Específicos: En el libro de Daniel, los ángeles son encargados del cuidado de regiones particulares, como el «príncipe del reino de los persas,» y Miguel es llamado «uno de los príncipes principales» (Daniel 10)1.
En el Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento presenta la doctrina de los ángeles con mayor precisión, enfatizando su papel como intermediarios entre Dios y los hombres1. Jesucristo mismo confirmó esta enseñanza, declarando: «Mirad que no tengáis en poco a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 18:10)1,4. Este pasaje subraya que incluso los niños pequeños tienen ángeles de la guarda, y que estos ángeles no pierden la visión de Dios a pesar de su misión terrenal1.
Otros ejemplos en el Nuevo Testamento incluyen:
El ángel que socorrió a Cristo en el huerto de Getsemaní1.
El ángel Gabriel anunciando el nacimiento de Juan el Bautista y el de Jesús5,2.
Los ángeles que se aparecen a los pastores para anunciar el nacimiento del Salvador2.
Los ángeles que sirvieron a Jesús en el desierto y lo fortalecieron en su agonía6.

