La doctrina de la Iglesia Católica enseña que la existencia de los ángeles es una verdad de fe1. Son seres puramente espirituales, incorpóreos, invisibles, inmortales y personales, poseedores de inteligencia y voluntad2.
Seres Espirituales y Mensajeros de Dios
El término «ángel» (del griego angelos y hebreo mal’āk) significa «mensajero»3,4. Esta designación subraya su función principal: manifestar la presencia de Dios en el mundo y anunciar su voluntad a los seres humanos5. La Sagrada Escritura atestigua claramente su existencia, tanto en el Antiguo Testamento (Génesis 3:24; Éxodo 14:19) como en el Nuevo Testamento (Mateo 1:20; Lucas 1:11, 26)3.
Los ángeles son criaturas, traídas por Dios del no-ser al ser6. Fueron creados antes que la humanidad6 y son descritos como «espíritus» y «llama de fuego» por el salmista, lo que expresa su ligereza, fervor, y agudeza en su servicio a Dios6.
San Juan Damasceno, un teólogo oriental, describe al ángel como una esencia inteligente en movimiento perpetuo, con libre albedrío, incorpórea, que ministra a Dios y ha obtenido la naturaleza inmortal por gracia6. Aunque son incorpóreos en comparación con la materia visible, en comparación con Dios, quien es el único verdaderamente inmaterial e incorpóreo, se les puede considerar densos o materiales6.
Inteligencia, Voluntad y Cambio
La naturaleza angélica es racional, inteligente y dotada de libre albedrío6. Como criaturas, son cambiables en su voluntad, lo que significa que tienen la capacidad de permanecer o progresar en el bien, o de volverse hacia el mal6. No obstante, una vez que han tomado su elección, no son susceptibles de arrepentimiento de la misma manera que los humanos, ya que el arrepentimiento humano se relaciona con la debilidad del cuerpo6.
Los ángeles son luces inteligentes secundarias, que reflejan la Luz de Dios7,6. No necesitan lengua ni oído para comunicarse, sino que se transmiten sus pensamientos y consejos sin pronunciar palabras6. Su alimento es la contemplación de Dios, según su capacidad6.
