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Animales en la Biblia

Los animales ocupan un lugar relevante en la Biblia como criaturas de Dios, compañeros del ser humano, recursos para la vida, figuras simbólicas y protagonistas de numerosos relatos. La Sagrada Escritura distingue con claridad entre la dignidad del ser humano, creado a imagen de Dios, y el valor propio de los animales, confiados al cuidado responsable de la humanidad. Su lenguaje combina observaciones de la naturaleza, normas religiosas, enseñanzas morales, poesía y símbolos teológicos.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreAnimales en la Biblia
CategoríaTérmino
DescripciónCriaturas de Dios, compañeros del ser humano, recursos para la vida, figuras simbólicas y protagonistas de relatos en la Sagrada Escritura. Estudio de los animales en la Biblia, su consideración general, su relación con el ser humano, su uso en el culto, su simbolismo y los principios católicos para su trato. Manifiestan la generosidad creadora de Dios, sirven para la subsistencia humana, proporcionan imágenes poéticas y participan simbólicamente en la revelación
Referencias
  • Génesis, Salmos, Proverbios, Daniel, Evangelios, Apocalipsis
  • Capítulo tercero: A imagen de Dios: Administradores de la creación visible
Doctrinas RelacionadasCreación, Providencia divina, Antropología cristiana, Redención cósmica
EnseñanzasLos animales proceden de Dios y manifiestan su sabiduría y bondad; el ser humano posee una dignidad singular y una responsabilidad de administración responsable sobre ellos; la crueldad gratuita es moralmente rechazable.
ImportanciaRevelan la grandeza de la creación, muestran la providencia divina, ayudan a interpretar la conducta humana y expresan misterios de la salvación.
TemaLos animales en la Sagrada Escritura y la teología católica
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Consideración general

La Biblia no presenta una clasificación zoológica científica según los criterios modernos. Sus autores emplean categorías propias de las culturas antiguas, relacionadas principalmente con el modo de desplazamiento: animales terrestres, aves, seres acuáticos y animales que se arrastran. Dentro de esas categorías aparecen animales domésticos y salvajes, animales puros e impuros, criaturas beneficiosas y especies asociadas al peligro.1

Los libros bíblicos mencionan más de un centenar de especies o tipos de animales. La variedad refleja la riqueza ecológica de la antigua Palestina, que comprendía zonas desérticas, bosques, montañas, valles, ríos y costas. El camello, el avestruz, el ciervo, el león, el asno salvaje y numerosas aves aparecen en contextos relacionados con sus respectivos hábitats. Algunas especies que vivían entonces en la región desaparecieron o disminuyeron posteriormente.1

La Biblia no estudia a los animales por curiosidad científica autónoma, sino en relación con Dios, el ser humano y la historia de la salvación. La creación animal manifiesta la sabiduría divina, sirve para la subsistencia humana, proporciona imágenes poéticas y participa simbólicamente en la revelación.

El ser humano y los animales en la creación

La diferencia entre el ser humano y los animales

El Génesis presenta al ser humano como creado a imagen y semejanza de Dios. Esa afirmación establece una diferencia ontológica, es decir, una diferencia fundamental en el modo de ser, entre la persona humana y las demás criaturas vivientes. Solo el ser humano recibe en la Biblia esta dignidad específica y una responsabilidad particular sobre el mundo animal.2

La humanidad recibe autoridad sobre los animales, pero esa autoridad no equivale a una licencia para la explotación arbitraria. El dominio humano debe entenderse como administración responsable: Dios continúa siendo el verdadero Señor de la creación y el ser humano tendrá que responder ante Él por el modo en que utiliza sus criaturas.2

La tradición bíblica evita dos errores opuestos:

  • El desprecio de los animales, como si carecieran de todo valor.
  • La equiparación absoluta entre animales y personas, como si ambos poseyeran la misma dignidad moral.

Los animales tienen valor porque proceden de Dios y manifiestan su sabiduría y bondad. Sin embargo, no poseen la dignidad personal propia del ser humano, que incluye inteligencia racional, libertad moral y responsabilidad ante Dios.

El mandato de gobernar la creación

El gobierno humano sobre los animales aparece unido a la vocación de cultivar y custodiar la creación. La autoridad bíblica no legitima el capricho, la crueldad ni el despilfarro. La persona humana puede utilizar animales para alimentarse, vestirse, trabajar o realizar determinadas investigaciones, siempre dentro de límites razonables y morales. La tradición cristiana considera contrario a la dignidad humana causar sufrimiento animal sin necesidad.2

La relación entre la humanidad y los animales también aparece en la alianza con Noé. Después del diluvio, Dios incluye en su alianza a «todo ser viviente» junto con Noé y sus descendientes. Esta formulación muestra que la providencia divina abraza la totalidad de la vida creada, no solo aquello que resulta útil para las personas.3

Los animales como criaturas de Dios

Los animales pertenecen a Dios y reciben su cuidado providente. Jesús utiliza las aves del cielo para enseñar la confianza en el Padre celestial: si Dios las alimenta, también cuida de sus hijos humanos. La existencia de los animales manifiesta la generosidad creadora de Dios y reclama gratitud.4

El libro de Daniel invita a las aves, las bestias salvajes y los animales domésticos a bendecir al Señor. La alabanza de las criaturas no depende de palabras racionales, sino de su misma existencia: cada animal glorifica a Dios al realizar la naturaleza que ha recibido.4

Esta visión impide considerar a los animales como simples objetos sin valor. La Biblia reconoce en ellos una realidad propia, una función en el orden creado y una relación particular con el Creador. El ser humano puede servirse de ellos, pero no puede tratarlos como si fueran moralmente equivalentes a cosas inertes.

Los animales al servicio de la vida humana

Alimentación, vestido y trabajo

La sociedad bíblica dependía profundamente de la ganadería, la agricultura y el pastoreo. Bueyes, ovejas, cabras, asnos, camellos y otros animales proporcionaban alimento, lana, cuero, transporte y fuerza de trabajo.

El uso humano de los animales forma parte del orden de la creación, siempre que respete su naturaleza y evite la crueldad innecesaria. La doctrina católica admite el uso de animales para la alimentación y el vestido, así como su domesticación para ayudar en el trabajo y en otras actividades humanas legítimas.2

La Biblia, por tanto, no propone una prohibición general de todo aprovechamiento animal. Al mismo tiempo, condena implícitamente la codicia, el maltrato y la destrucción irresponsable. El poder humano sobre los animales exige dominio de sí mismo.

El animal como compañero y ayuda

En el relato del jardín del Edén, Adán pone nombre a los animales. El gesto expresa conocimiento, discernimiento y autoridad, pero también relación. Los animales forman parte del entorno vital confiado al ser humano y aparecen como criaturas capaces de acompañarlo en su existencia.3

Sin embargo, los animales no constituyen una compañía plenamente equivalente a la persona humana. El relato afirma que entre ellos no aparece una ayuda adecuada para Adán. La diferencia no rebaja el valor de los animales, sino que delimita la singularidad de la relación interpersonal humana.

Los animales en el culto de Israel

Los sacrificios animales

Los sacrificios de animales ocupan un lugar importante en el culto del Antiguo Testamento. El animal ofrecido debía ser valioso y, habitualmente, sin defecto. La víctima no representaba algo inútil o despreciado, sino un bien precioso ofrecido a Dios como signo de adoración, acción de gracias, súplica o comunión.5

La ofrenda de las primicias y del primer nacido expresaba que todo procede de Dios. Al entregar a Dios la primera parte del fruto de la vida y del trabajo, Israel reconocía que la existencia no le pertenecía de manera absoluta.

La tradición bíblica entiende el sacrificio desde la alianza entre Dios y su pueblo. El animal adquiere una función religiosa y simbólica dentro de un sistema cultual concreto. La fe cristiana interpreta posteriormente estos sacrificios a la luz de Jesucristo, cuya entrega lleva a plenitud y supera los sacrificios antiguos.

Animales puros e impuros

La legislación levítica distingue entre animales puros e impuros. Esta clasificación no equivale a una valoración moral de las especies. Un animal impuro no es moralmente malo, del mismo modo que un animal puro no posee santidad personal. La distinción regula la participación cultual y ciertos usos alimentarios dentro de la vida religiosa de Israel.

El Nuevo Testamento transforma la comprensión de las normas de pureza ritual al situar la santidad principalmente en la conversión del corazón y en la relación con Dios. Aun así, los textos sobre animales siguen siendo relevantes para comprender la cultura, la liturgia y la antropología bíblicas.

Animales como instrumentos de la providencia divina

La Biblia presenta a numerosos animales como instrumentos mediante los cuales Dios protege, corrige o instruye a los seres humanos.

Los cuervos alimentan al profeta Elías durante su retiro. Un gran pez interviene en la historia de Jonás. Los leones respetan a Daniel en el foso, mientras que otros relatos presentan animales como instrumentos de juicio contra la injusticia. Las plagas de Egipto incluyen ranas, mosquitos, tábanos y langostas, que manifiestan la oposición de Dios a la obstinación del faraón.6

Estos relatos no convierten a los animales en divinidades ni les atribuyen poderes autónomos. La criatura actúa dentro de la providencia de Dios. En algunos pasajes, el carácter narrativo o legendario pertenece al modo literario del relato y no pretende ofrecer una explicación zoológica del acontecimiento.6

Los animales como maestros de sabiduría

La Biblia observa la conducta animal y la convierte en fuente de enseñanza moral.

La hormiga y el trabajo

El libro de los Proverbios presenta la hormiga como modelo de laboriosidad, previsión y organización. Un animal pequeño puede enseñar una lección que incluso una persona poderosa debería aprender.7

La abeja y el valor de lo pequeño

El Sirácida alaba la dulzura de la miel producida por la abeja. La abeja recuerda que la pequeñez del agente no impide la excelencia de su obra. La sabiduría bíblica no mide el valor solo por el tamaño o la fuerza.

Las aves migratorias

Jeremías contrapone el instinto migratorio de la cigüeña, la tórtola, la golondrina y la grulla con la incapacidad del pueblo para reconocer el tiempo de la conversión. Las aves conocen el momento de su desplazamiento, mientras que Israel olvida la voluntad del Señor.7

El buey y el asno

Isaías afirma que el buey conoce a su dueño y el asno el pesebre de su amo, mientras Israel no reconoce a Dios. La comparación no pretende convertir a los animales en seres racionales, sino denunciar la ingratitud y la ceguera espiritual humanas.7

El asna de Balaán

En el relato de Balaán, el asna percibe al ángel del Señor antes que su propietario. El episodio produce una inversión irónica: el animal ve la realidad espiritual que el hombre, cegado por sus intereses, no logra reconocer. La narración critica la necedad humana y no pretende presentar al animal como un profeta ordinario.7

Principales animales y su simbolismo bíblico

El cordero

El cordero representa inocencia, mansedumbre y vulnerabilidad. El sacrificio pascual de un cordero recuerda la liberación de Israel de Egipto. En el Nuevo Testamento, Juan Bautista llama a Jesús «Cordero de Dios», y el Apocalipsis desarrolla ampliamente esta imagen para expresar la victoria de Cristo mediante su entrega sacrificial.

La oveja y el pastor

La oveja simboliza al pueblo que necesita guía y protección. Dios aparece como pastor de Israel en numerosos salmos y textos proféticos. Jesús aplica a sí mismo la imagen del buen pastor, que conoce a sus ovejas y entrega la vida por ellas.

La imagen no describe a los seres humanos como animales en sentido literal. Expresa su dependencia de Dios, su vulnerabilidad y la necesidad de una guía justa.

El león

El león puede representar fuerza, realeza, amenaza o violencia. La imagen aparece tanto para describir el poder de una tribu como para simbolizar al enemigo que acecha. En ciertos textos cristianos, Cristo recibe la imagen del león victorioso, aunque también aparece como Cordero.

La serpiente

La serpiente del Génesis representa la astucia tentadora que conduce al pecado. La narración no convierte a todas las serpientes en criaturas moralmente perversas. El animal funciona como figura narrativa del engaño y de la oposición a Dios.

La serpiente también aparece en otros contextos con significados diferentes. La serpiente de bronce levantada por Moisés adquiere una función vinculada a la curación, y Jesús utiliza esta imagen para anunciar su elevación en la cruz.

El pez

Los peces aparecen en relatos de pesca, alimentación y milagro. Jesús llama a sus discípulos para convertirlos en «pescadores de hombres» y multiplica panes y peces para alimentar a la multitud.

En la tradición cristiana antigua, el pez adquirió una importancia especial mediante el símbolo del ichthys, relacionado con una fórmula griega que proclama a Jesucristo como Hijo de Dios y Salvador.8

El burro y el asno

El asno representa con frecuencia la humildad, el servicio y la paz. Jesús entra en Jerusalén montado en un asno, en cumplimiento de la imagen profética del rey humilde. El contraste con el caballo de guerra refuerza el carácter pacífico de su mesianismo.

La paloma

La paloma aparece en el relato de Noé con una rama de olivo, como signo de que las aguas del diluvio retroceden y comienza una nueva etapa. En el bautismo de Jesús, el Espíritu Santo desciende «como una paloma». La imagen expresa pureza, paz y manifestación divina.

El águila

El águila representa fuerza, elevación y protección. Dios compara su cuidado de Israel con el águila que lleva y protege a sus crías. La imagen comunica la acción providente de Dios mediante una conducta observada en la naturaleza.7

La gallina

Jesús compara su deseo de reunir a Jerusalén con una gallina que recoge a sus polluelos bajo las alas. La imagen posee un marcado tono maternal y expresa protección, ternura y deseo de unidad.7

La langosta

La langosta aparece como alimento en el desierto y como instrumento de devastación en los relatos de las plagas y de los juicios proféticos. Su enorme capacidad destructiva la convierte en imagen de calamidad colectiva.

El cuervo

El cuervo aparece en la historia de Noé y en el relato del profeta Elías. Jesús también lo utiliza para enseñar que la providencia de Dios alcanza incluso a las aves. La tradición cristiana contempla en este animal una imagen de la solicitud divina hacia toda criatura.

Los animales en los Evangelios

Jesús y los animales

Los Evangelios presentan a Jesús dentro de un mundo rural y pastoril. Sus parábolas incluyen ovejas, cabras, lobos, aves, gallinas, peces, camellos y animales de carga. Estas referencias permiten comprender la vida cotidiana de sus oyentes y convierten realidades familiares en imágenes del Reino de Dios.

Jesús habla de las aves del cielo para enseñar la confianza en la providencia del Padre. También recuerda el valor económico de los animales en diversas parábolas, como la oveja perdida, cuyo rescate revela la prioridad de cada persona ante Dios.

Jesús y las fieras del desierto

Marcos afirma que Jesús permaneció entre las fieras durante su estancia en el desierto. La escena puede evocar la armonía escatológica prometida por los profetas y presentar a Cristo como quien inaugura la restauración de la creación.9

La pesca milagrosa

Los relatos de la pesca milagrosa vinculan la abundancia de peces con la misión apostólica. Los discípulos reciben la llamada a reunir a los seres humanos para Cristo, pero la imagen mantiene una diferencia decisiva: las personas no son objetos capturados, sino destinatarios libres de la evangelización.

Animales, pecado y redención

La Biblia utiliza animales para expresar el desorden introducido por el pecado: fieras, serpientes, lobos y bestias pueden representar violencia, amenaza o poderes enemigos. Sin embargo, la Sagrada Escritura no enseña de forma explícita que la agresividad biológica de todos los animales comenzara como consecuencia del pecado de Adán y Eva. El relato del Génesis habla directamente de la enemistad entre la serpiente y la descendencia de la mujer, pero no ofrece una explicación zoológica general sobre el origen de la ferocidad animal.9

Los profetas anuncian una reconciliación cósmica en la que el lobo convivirá con el cordero y desaparecerá la violencia entre las criaturas. San Pablo también contempla la creación entera aguardando la liberación y la plenitud. La esperanza cristiana incluye, por tanto, una dimensión cósmica: la redención de Cristo alcanza el conjunto de la creación, aunque la Biblia no describa con precisión científica la condición futura de los animales.9

Respeto a los animales y dignidad moral

El deber de evitar la crueldad

El respeto a los animales nace, ante todo, del deber humano hacia Dios, creador de todas las cosas. La crueldad gratuita contradice el orden querido por el Creador y deforma moralmente a quien la practica. La tradición católica rechaza la imposición deliberada de sufrimiento que no responda a una necesidad razonable.10

La capacidad de sentir dolor merece consideración. Los animales no son equivalentes a objetos inertes y el trato humano debe ajustarse a su naturaleza sensible. La autoridad sobre ellos incluye límites derivados de la misericordia, la justicia y la responsabilidad.

Dignidad humana y valor animal

La doctrina cristiana distingue entre dignidad personal y valor propio de las criaturas. La persona humana posee dignidad porque ha sido creada a imagen de Dios y llamada a una relación consciente y libre con Él. Los animales tienen valor como criaturas de Dios, pero la Biblia no les atribuye la misma dignidad personal ni los mismos derechos morales que a los seres humanos.2,10

Esta distinción no permite el maltrato. Una persona puede tener obligaciones morales hacia los animales aunque los animales no sean sujetos de derechos en el mismo sentido que las personas. El deber humano nace de la voluntad de Dios, del respeto por la creación y de la obligación de actuar conforme a la misericordia.

Interpretación simbólica y realidad biológica

La función del símbolo

La Biblia utiliza animales de manera literal, poética, narrativa y simbólica. Una oveja puede designar un animal concreto y, en otro pasaje, representar al pueblo de Dios. Un león puede describir una amenaza real o simbolizar una potencia política. Una serpiente puede formar parte de un relato y, a la vez, expresar la astucia del mal.

La interpretación adecuada debe atender al género literario, al contexto y al propósito teológico del pasaje. No conviene convertir cada animal bíblico en una clave alegórica universal.

Los bestiarios medievales

Durante la Edad Media, los bestiarios cristianos reunieron descripciones de animales reales, criaturas imaginarias, tradiciones antiguas y enseñanzas morales. Su finalidad principal no consistía en ofrecer zoología científica, sino en extraer lecciones espirituales. El león podía representar a Cristo, el pelícano podía simbolizar la entrega sacrificial y criaturas fantásticas podían figurar vicios, peligros o realidades escatológicas.

El arte cristiano medieval utilizó ampliamente animales reales y fantásticos como vehículos de virtudes, vicios y verdades religiosas. También incorporó animales compuestos, dragones y seres alados procedentes de la imaginación simbólica y de tradiciones artísticas anteriores.8

El símbolo no sustituye a la biología

La interpretación alegórica de un bestiario no debe confundirse con una descripción científica de una especie. La imagen del pelícano que alimenta a sus crías con su propia sangre, por ejemplo, posee valor simbólico dentro de la tradición artística, aunque no describa necesariamente una conducta biológica real.

Del mismo modo, la Biblia puede atribuir a un animal una conducta ejemplar sin pretender elaborar una teoría zoológica completa. El asna de Balaán enseña una verdad sobre la ceguera humana; la narración no pretende establecer que los asnos posean ordinariamente percepción profética.

La lectura católica integra ambos aspectos: reconoce la realidad creada y discierne el significado teológico que el texto comunica mediante ella.

Los animales en la literatura sapiencial y poética

Los Salmos invitan a toda la creación a alabar a Dios. Las imágenes del ciervo que busca corrientes de agua, del águila que renueva su vigor, del pastor y su rebaño o del monstruo marino sometido por Dios expresan la dependencia de todas las criaturas respecto del Creador.

El libro de Job contempla la variedad del mundo animal y recuerda que la creación supera la capacidad humana de control. Dios pregunta a Job por el comportamiento del león, el cuervo, la cabra montés, el caballo de guerra, el halcón y otras criaturas. El discurso no rebaja al ser humano, pero le enseña humildad ante una creación más amplia y compleja de lo que puede dominar.

El Cantar de los Cantares incorpora gacelas, ciervas, palomas y zorras en un lenguaje poético que celebra la belleza, el deseo y la fecundidad. Estas imágenes pertenecen al género lírico y no deben interpretarse como tratados de comportamiento animal.

Los animales en el Apocalipsis

El Apocalipsis presenta una rica simbología animal. El Cordero ocupa el centro de la visión cristiana: representa a Cristo muerto y resucitado, cuya aparente debilidad manifiesta la victoria de Dios.

Las cuatro figuras vivientes junto al trono divino -con rasgos de león, toro, hombre y águila- recibieron posteriormente una interpretación tradicional relacionada con los cuatro evangelistas. La imagen procede del lenguaje visionario y simbólico del libro, no de una clasificación zoológica.8

Las bestias apocalípticas representan poderes políticos, violencia, idolatría y oposición a Dios. Su carácter monstruoso expresa la deformación del poder humano cuando pretende ocupar el lugar del Creador.

Principios católicos para la relación con los animales

La visión bíblica permite formular varios principios:

  1. Dios es el creador y Señor de todos los animales.
  2. El ser humano posee una dignidad singular por haber sido creado a imagen de Dios.
  3. La autoridad humana sobre los animales es una responsabilidad, no un despotismo.
  4. El uso de animales para alimento, vestido, trabajo o investigación puede ser legítimo cuando responde a una necesidad razonable.
  5. La crueldad gratuita y el sufrimiento innecesario son moralmente rechazables.
  6. Los animales tienen valor propio como criaturas de Dios, pero no poseen la misma dignidad personal que los seres humanos.
  7. La Biblia utiliza animales tanto en sentido literal como simbólico, y cada pasaje exige atención a su género literario.
  8. La esperanza cristiana contempla la restauración de toda la creación en Cristo.

Importancia teológica

Los animales cumplen en la Biblia una función mucho más amplia que la de simples elementos decorativos. Revelan la grandeza de la creación, muestran la providencia divina, ayudan a interpretar la conducta humana y expresan misterios de la salvación.

La antropología cristiana mantiene simultáneamente dos verdades: el ser humano ocupa un lugar singular en la creación, y ese privilegio le impone una responsabilidad exigente. La superioridad humana no autoriza la crueldad; al contrario, obliga a gobernar con justicia y misericordia.

La Biblia invita así a contemplar a los animales como criaturas que proceden de Dios, sirven a la vida humana y participan, cada uno según su naturaleza, en la alabanza del Creador. La actitud cristiana evita tanto la indiferencia como la confusión: respeta a los animales sin atribuirles la dignidad propia de la persona humana, y reconoce en toda criatura un don que reclama gratitud, cuidado y responsabilidad.

Citas y referencias

  1. Los animales en la Biblia, Enciclopedia Católica, Los animales en la Biblia (1913). 2
  2. Capítulo tercero: A imagen de Dios: Administradores de la creación visible - 2. Responsabilidad por el mundo creado, Comisión Teológica Internacional. Comunión y estewardship: Las personas humanas creadas a imagen de Dios, 80 (2004). 2 3 4 5
  3. Capítulo segundo: El ser humano en el jardín - 3. Los animales como ayuda del hombre, Pontificia Comisión Bíblica. «¿Qué es el hombre?» (Sal 8,5). Un itinerario de antropología bíblica, 139 (2019). 2
  4. Capítulo tercero: A imagen de Dios: Administradores de la creación visible - 2. Responsabilidad por el mundo creado, Comisión Teológica Internacional. Comunión y estewardship: Las personas humanas creadas a imagen de Dios, 79 (2004). 2
  5. Capítulo segundo: El ser humano en el jardín - Una ayuda en el culto antiguo - Las fieras, Pontificia Comisión Bíblica. «¿Qué es el hombre?» (Sal 8,5). Un itinerario de antropología bíblica, 147 (2019).
  6. Capítulo segundo: El ser humano en el jardín - Una ayuda para llegar a ser sabios - Los animales como signo del obrar de Dios, Pontificia Comisión Bíblica. «¿Qué es el hombre?» (Sal 8,5). Un itinerario de antropología bíblica, 145 (2019). 2
  7. Capítulo segundo: El ser humano en el jardín - Una ayuda para llegar a ser sabios, Pontificia Comisión Bíblica. «¿Qué es el hombre?» (Sal 8,5). Un itinerario de antropología bíblica, 143 (2019). 2 3 4 5 6
  8. Los animales en el arte cristiano, Enciclopedia Católica, Los animales en el arte cristiano (1913). 2 3
  9. Capítulo segundo: El ser humano en el jardín - Una ayuda para llegar a ser sabios - Las fieras, Pontificia Comisión Bíblica. «¿Qué es el hombre?» (Sal 8,5). Un itinerario de antropología bíblica, 146 (2019). 2 3
  10. Crueldad con los animales, Enciclopedia Católica, Crueldad con los animales (1913). 2
Modificado el 20 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.96 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/wk1b10gfp

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