Antecedentes de los años santos y jubileos
Desde la Edad Media la Iglesia había establecido años jubilares como momentos de gracia y reconciliación. En el siglo XIX, el Papa Pío XI, con la constitución apostólica Auspicantibus Nobis, anunció un jubileo extraordinario para 1929, subrayando la necesidad de renovar la fe y la moral pública2. Esta tradición sirvió de marco para la iniciativa de León XIII de crear un año santo centrado en el Sagrado Corazón.
Situación de la Iglesia a finales del siglo XIX
A finales del siglo XIX la Iglesia enfrentaba desafíos políticos, sociales y culturales: el secularismo creciente, la pérdida de territorios y la necesidad de una mayor unidad espiritual. En este contexto, León XIII vio en la devoción al Corazón de Jesús una respuesta que podía reavivar la fe y fortalecer la moral tanto de los católicos como de la humanidad entera3.
