La historia eclesiástica vinculada a Strängnäs se integra con la gran tarea misionera en el norte europeo emprendida en el siglo IX. En el año 829, el misionero san Ansgar y su compañero Witmar llegaron a Björkö, una isla en el lago Mälar descrita como un centro destacado de comercio, donde fueron recibidos favorablemente y convirtieron a numerosos habitantes.
Tras su regreso a Alemania (en 831), san Ansgar recibió el cargo de primer arzobispo de Hamburgo, y obtuvo una participación en la supervisión de la misión del norte que antes ejercía Ebbo, arzobispo de Reims.
Posteriormente, se indica que Gautbert (Simón), emparentado con Ebbo, llegó a ser arzobispo de Suecia y construyó una iglesia en Björkö. Este éxito avivó la enemistad de los paganos, que acabaron expulsándolo en 837 y dieron muerte a un pariente suyo, Nithard.
Más tarde, san Ansgar envió a Ardgeir a Suecia (en 844), aunque no permaneció mucho tiempo. En 853, san Ansgar volvió a Björkö, momento en el que se aprobó una ley tolerante con el cristianismo; hasta 865, trabajaron allí san Rimbert (biógrafo y sucesor de san Ansgar) y otros misioneros.
De este período se conserva el testimonio de una continuidad misionera: en 936, el arzobispo Unni visitó Björkö y falleció allí.