El término canon, aplicado a las Escrituras, denota la lista autorizada y cerrada de escritos compuestos bajo inspiración divina y destinados al bienestar de la Iglesia1. La Iglesia Católica reconoce un canon específico para el Antiguo Testamento que difiere en número de libros de la Biblia hebrea y de las Biblias protestantes1.
Libros Protocanónicos y Deuterocanónicos
Dentro del canon católico, se distinguen los libros protocanónicos y deuterocanónicos1.
Libros Protocanónicos: Son aquellos escritos sagrados que la cristiandad siempre ha recibido sin disputa1. Corresponden con los libros del Antiguo Testamento de la Biblia hebrea, y por ende, con el Antiguo Testamento aceptado por los protestantes1. Incluyen, por ejemplo, los cinco libros de Moisés (Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio), Josué, Jueces, Rut, los libros de Reyes y Crónicas, Job, los Salmos, Proverbios, Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce Profetas Menores1,2,3,4.
Libros Deuterocanónicos: Son aquellos cuya naturaleza escriturística fue disputada en algunos círculos, pero que hace mucho tiempo obtuvieron una posición segura en la Biblia de la Iglesia Católica1. Estos libros, que los protestantes clasifican como «Apócrifos», son siete: Tobías, Judit, Baruc, Eclesiástico (también conocido como Sirácida), Sabiduría, 1 Macabeos y 2 Macabeos1,2. Además, incluyen ciertas adiciones a los libros protocanónicos de Ester y Daniel1. Es importante señalar que los términos «protocanónico» y «deuterocanónico» son modernos y no se usaron antes del siglo XVI1.
Definiciones Conciliares del Canon
La definición más explícita del canon católico fue dada por el Concilio de Trento en su Sesión IV, en 15461,3,4. El catálogo del Antiguo Testamento establecido por Trento incluye:
Los cinco libros de Moisés (Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio).
Josué, Jueces, Rut.
Los cuatro libros de los Reyes, dos de Paralipómenos (Crónicas).
El primer y segundo de Esdras (este último llamado Nehemías).
Tobías, Judit, Ester, Job.
Proverbios, Eclesiastés, el Cantar de los Cantares.
Isaías, Jeremías, con Baruc.
Ezequiel, Daniel.
Los doce Profetas Menores (Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías).
Este orden de libros sigue el del Concilio de Florencia (1442) y en su plan general, el de la Septuaginta1. Otras definiciones anteriores que enumeran estos libros incluyen el decreto del Sínodo Romano del año 382 (atribuido al Papa Dámaso I)5,6 y los escritos de San Agustín en Sobre la Doctrina Cristiana (c. 426 d.C.), donde menciona Sabiduría y Eclesiástico como libros proféticos que han alcanzado reconocimiento autoritativo7.
El Catecismo de la Iglesia Católica reafirma este canon, indicando que el Antiguo Testamento comprende 46 libros (o 45 si se cuentan Jeremías y Lamentaciones como uno)2.

