El ministerio puede adoptar formas diversas según la situación pastoral de cada Iglesia particular. El término «catequista» no posee idéntico contenido en una diócesis de antigua tradición cristiana, en una Iglesia joven o en un territorio misionero. Las necesidades locales, la extensión geográfica, el número de ministros ordenados y la organización pastoral influyen en las tareas concretas.
Anuncio y transmisión de la fe
El catequista participa en la transmisión de la fe desde el primer anuncio del Evangelio, llamado kerygma, hasta la formación permanente de los cristianos. El servicio puede incluir la preparación de niños, jóvenes y adultos para los sacramentos de la iniciación cristiana y el acompañamiento posterior.
La catequesis debe conducir progresivamente a:
Testimonio cristiano
El catequista debe ser testigo de aquello que anuncia. La formación doctrinal resulta insuficiente cuando no está unida a una vida cristiana coherente. Por eso, el catequista aparece como testigo, maestro, mistagogo, acompañante y pedagogo.
La palabra «mistagogo» designa a quien introduce progresivamente en el misterio de la fe, especialmente en la comprensión y vivencia de los sacramentos. Esta tarea exige unir explicación, oración, experiencia litúrgica y acompañamiento personal.
Servicio a la comunidad
Algunos catequistas desempeñan principalmente una tarea de enseñanza. Otros participan de manera más amplia en el apostolado de la comunidad, siempre en colaboración con los ministros ordenados y bajo su dirección.
Entre las posibles tareas figuran:
- Organizar procesos catequéticos.
- Acompañar a quienes se preparan para el bautismo.
- Colaborar en la preparación para la confirmación y la primera comunión.
- Formar a padres y padrinos.
- Acompañar a adultos que desean incorporarse a la Iglesia.
- Coordinar grupos bíblicos.
- Visitar y acompañar a personas alejadas.
- Colaborar en la evangelización de jóvenes.
- Participar en la formación cristiana de la comunidad.
La asignación concreta corresponde a la autoridad eclesial competente y debe respetar las normas litúrgicas, canónicas y pastorales de la Iglesia.