El antisemitismo es la hostilidad, el prejuicio o la persecución dirigidos contra los judíos por ser judíos. El Concilio Vaticano II condenó expresamente las manifestaciones de antisemitismo, junto con el odio y las persecuciones contra el pueblo judío, en cualquier época y por parte de cualquier persona.1
El antijudaísmo designa, en este contexto, actitudes o interpretaciones cristianas hostiles hacia el judaísmo y los judíos. No todo desacuerdo religioso equivale por sí mismo a antisemitismo; sin embargo, prejuicios antijudíos arraigados en ámbitos cristianos alimentaron sentimientos de hostilidad y discriminación. La Comisión para las Relaciones Religiosas con los Judíos reconoció la circulación prolongada de interpretaciones erróneas e injustas del Nuevo Testamento, así como su relación con actitudes hostiles hacia el pueblo judío.4
La Iglesia rechaza estas formas de hostilidad sin renunciar a la confesión cristiana de Jesucristo como único Redentor. La declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe de 2026 afirma a la vez la irrevocabilidad de la alianza de Dios con el pueblo judío y que esto no supone dos caminos paralelos de salvación: para los cristianos, Cristo es el único Redentor.5

