Las antorchas o cirios procesionales son portados por acólitos o ministros, y en ocasiones por los propios fieles, en diversas celebraciones.
Vigilia Pascual
Uno de los usos más significativos de las antorchas en el Catolicismo se encuentra en la Vigilia Pascual. En esta liturgia, la procesión de entrada a la iglesia es encabezada únicamente por la luz del Cirio Pascual. Los fieles, llevando sus propias velas sin encender, siguen el Cirio Pascual, que representa a Cristo resucitado guiando a su pueblo, de manera similar a cómo la columna de fuego guio a los israelitas en la noche,.
La luz del Cirio Pascual se transmite gradualmente a las velas de todos los presentes, mientras se apaga la iluminación eléctrica de la iglesia, creando un ambiente de profundo simbolismo y recogimiento. Durante la procesión, el diácono o un ministro adecuado canta «Lumen Christi» (La Luz de Cristo) en tres ocasiones, a lo que todos responden «Deo gratias» (Demos gracias a Dios),. Este canto se realiza en la puerta de la iglesia, luego a mitad de camino y finalmente ante el altar. El sacerdote enciende su propia vela de la llama del Cirio Pascual.
El Papa Benedicto XVI, refiriéndose al Cirio Pascual, explicó que esta luz vive del sacrificio, brillando al consumirse, y que simboliza el misterio de Cristo, quien se entrega a sí mismo para otorgar la gran luz.
Fiesta de la Presentación del Señor (La Candelaria)
Otra celebración importante en la que las antorchas o cirios tienen un papel central es la Fiesta de la Presentación del Señor, conocida popularmente como la Candelaria. Esta fiesta, que se celebra el 2 de febrero, conmemora la presentación de Jesús en el Templo y el encuentro con Simeón, quien lo proclamó «luz para iluminar a las naciones» (Lucas 2, 32).
La liturgia de la Candelaria comienza con la bendición de las velas y una procesión hacia el altar, simbolizando el encuentro con Cristo. Los fieles portan velas encendidas como testimonio de que Cristo es la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, y como signo de la dedicación indivisible a Cristo y a Dios de quienes se han consagrado. El Papa Pablo VI, en una homilía para esta fiesta, describió cómo cada fiel, con su llama, ofrece luz a Cristo, quien es la luz de las almas y del mundo.
Peregrinaciones y Procesiones Especiales
Las antorchas también se utilizan en diversas peregrinaciones y procesiones fuera de la liturgia eucarística. Por ejemplo, en el Santuario de la Madonna del Monte en Imola, el Papa Juan Pablo II se dirigió a los jóvenes que subieron en peregrinación con «fiaccole accese» (antorchas encendidas), destacando que esta luz es símbolo de la fe cristiana que ilumina su juventud y un programa de vida para ellos. De manera similar, en la procesión de antorchas en Lourdes, los fieles, portando la antorcha encendida, recuerdan y profesan su fe en Cristo resucitado, de quien toda la vida recibe luz y esperanza.
En algunas tradiciones, como la de Agnone en Italia, se llevan gigantescas antorchas de abeto, formando un «río de fuego» para construir la «Hoguera de la hermandad», proclamando el amor de Cristo, que vino a traer el fuego del Evangelio a la tierra. Las antorchas en estos contextos simbolizan la luz de Cristo (Lumen Gentium) y pueden ser un llamado a la fraternidad, la concordia y la solidaridad cristiana.