Antorcha
La palabra antorcha puede designar una vela gruesa, una pieza compuesta por varias velas o un soporte portátil que permite llevar una llama durante una procesión. En el uso litúrgico tradicional, la antorcha procesional suele corresponder a un candelabro de mano sostenido por un acólito, un monaguillo u otro ministro.
La antorcha no constituye, por sí misma, un objeto sacramental ni un elemento imprescindible de toda procesión. Su presencia depende del rito, de las costumbres legítimas y de las normas litúrgicas aplicables a cada celebración.
Vela
La vela es el objeto formado normalmente por cera u otra materia combustible, con una mecha que produce la llama. La liturgia utiliza velas en el altar, en procesiones, en la proclamación del Evangelio, en bautismos, funerales y diversas celebraciones del año litúrgico.
La tradición cristiana relaciona la llama con Cristo, luz verdadera, y con la vocación del bautizado a vivir iluminado por la fe. La antigua explicación simbólica vinculaba la cera con la humanidad de Cristo, la mecha con su alma y la llama con su divinidad; esta interpretación pertenece al ámbito de la simbología tradicional, no a una definición dogmática sobre la estructura material de la vela.1
Cirio
El cirio es una vela de especial tamaño, calidad o dignidad ritual. El ejemplo principal es el cirio pascual, que representa a Cristo resucitado y ocupa un lugar propio durante la Vigilia Pascual y el tiempo de Pascua.
El cirio pascual no equivale a una antorcha procesional. Puede llevarse en procesión, pero su función, dimensiones, ornamentación y colocación responden a un rito específico. Durante la Vigilia Pascual, el diácono o un ministro lleva el cirio, mientras el pueblo sigue la procesión con velas apagadas que después enciende con su llama.2


