Una forma de entender la antropología cristiana, especialmente en teología contemporánea, insiste en que no basta con teorizar sobre la naturaleza humana en abstracto. Desde esta perspectiva, lo decisivo es que la antropología teológica debe reflejar el vínculo concreto entre la existencia humana e historia de la salvación: el hombre se comprende como sujeto de la relación salvífica con Dios.
En este horizonte, cuando se prescinde de la relación con Dios, la teología parecería no tener qué decir sobre el hombre y su naturaleza. Por el contrario, la fe cristiana enseña que Dios hizo al ser humano para el fin sobrenatural de la visión beatífica, y por ello la humanidad debe estar de algún modo ordenada para esa destinación.
Crítica del extrinsecismo de la gracia
En el debate teológico, se ha criticado la imagen «en dos niveles» que separaría la naturaleza y la gracia como si fueran agregados externos, sin conexión interior real. La crítica sostiene que ese planteamiento acabaría encerrando la teología en un compartimento separado de lo cotidiano, lo social y lo humano.
Frente a ello, se propone recuperar una lectura que permita ver el camino del hombre creado y destinado a participar en la vida divina, evitando que la gracia sea tratada como una «capa añadida» ajena a la estructura real del sujeto.
Creación orientada al pacto (alianza)
En continuidad con esta línea, la antropología teológica puede apoyarse en el dato bíblico de la historia de la salvación. Se subraya que el hombre vive en la historia, y por ello el acceso a comprender «quién es el hombre antes de Dios» no es principalmente por reflexión abstracta, sino por el recorrido salvífico en el que Dios llama a la humanidad a la alianza.
Desde esta perspectiva se formula que la creación está ordenada hacia el pacto con Dios, y el diseño divino queda así descrito como intrínseco, no como añadido posterior al destino del ser humano.