Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas ofrecen relatos complementarios de las apariciones, que, aunque varían en detalles, convergen en el hecho central de la resurrección. Estos textos, inspirados por el Espíritu Santo, no pretenden una crónica exhaustiva, sino una proclamación teológica que invita a la fe.
Aparición a las mujeres en el sepulcro
El Domingo de Resurrección, al amanecer, varias mujeres, entre ellas María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé, se dirigieron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús con aromas, según la costumbre judía. Encontraron la piedra removida y el sepulcro vacío, custodiado por ángeles que anunciaron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado». Mateo describe un terremoto y un ángel que ilumina el lugar con su resplandor, mientras que Lucas menciona a dos varones en vestiduras deslumbrantes.
De regreso, las mujeres encontraron a Jesús mismo, quien las saludó con ternura y les encargó llevar el mensaje a los discípulos: «No temáis; id, decid a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Esta aparición inicial resalta el rol privilegiado de las mujeres como primeras testigos, a pesar de que su testimonio fue inicialmente recibido con incredulidad por los apóstoles. En la tradición católica, este encuentro subraya la dignidad de la mujer en la anuncio del Evangelio y la alegría pascual que disipa el miedo.
El camino a Emaús
Uno de los relatos más conmovedores es la aparición a los dos discípulos en el camino a Emaús, narrada por Lucas. Cléofas y su compañero, desilusionados por la crucifixión, caminaban hacia la aldea cuando Jesús se unió a ellos, sin ser reconocido inicialmente. Durante la conversación, les explicó las Escrituras, mostrando cómo el Mesías debía padecer para entrar en su gloria.
Al llegar a Emaús, le invitaron a quedarse, y fue en la fracción del pan —gesto eucarístico— donde sus ojos se abrieron y lo reconocieron, tras lo cual desapareció. Emocionados, regresaron de inmediato a Jerusalén para anunciar a los Once: «El Señor ha resucitado verdaderamente y se ha aparecido a Simón». Este episodio ilustra cómo la resurrección ilumina las Escrituras y se hace presente en la Eucaristía, transformando el desaliento en misión.
Aparición a los apóstoles en Jerusalén
Esa misma noche, Jesús se presentó en el Cenáculo, donde los apóstoles, reunidos por temor a las autoridades judías, lo confundieron con un espíritu. Para disipar sus dudas, les mostró las manos y los pies heridos por los clavos, y el costado lanceado, invitándolos a tocarlo: «Un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo». Luego, comió un trozo de pez asado ante ellos, confirmando la realidad física de su cuerpo resucitado.
En esta aparición, Jesús les abrió la inteligencia para comprender las profecías y les encomendó la predicación del Evangelio a todas las naciones. Marcos y Lucas coinciden en que esta manifestación ocurrió en Jerusalén, fortaleciendo la fe de los discípulos y preparándolos para Pentecostés.