El Apocalipsis se organiza en varias secciones principales, que se desarrollan a través de una serie de visiones simbólicas:
Las Siete Iglesias
El libro comienza con la revelación de Jesús el Mesías a Juan. Tras una salutación a las siete iglesias de Asia Menor (Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea), Juan describe una visión de Jesús como el Hijo del Hombre, una imagen inspirada en Daniel 10 y Enoc 46. Las epístolas a estas iglesias son exhortaciones a la perseverancia en la fe, advertencias contra los falsos apóstoles y llamados a abstenerse de la fornicación y la carne ofrecida a los ídolos.
El Libro de los Siete Sellos
Esta sección presenta la visión de Dios entronizado rodeado por veinticuatro ancianos y cuatro seres vivientes, una descripción que se asemeja a las visiones de Ezequiel 1. En la mano derecha de Dios hay un rollo sellado con siete sellos, y solo el Cordero inmolado, Jesús, es digno de abrirlos. La apertura de los sellos desencadena una serie de eventos:
Los Cuatro Caballos: De colores blanco, rojo, negro y pálido (verde o chloros), representan la conquista, la matanza, la escasez y la muerte, una visión tomada de Zacarías 6:1-8.
El Quinto Sello: Muestra a los mártires inmolados clamando por el triunfo final.
El Sexto Sello: Introduce el recuento y la marcación de los predestinados a la gloria, divididos en 144.000 judíos (12.000 de cada tribu) y una multitud innumerable de todas las naciones.
El Séptimo Sello: Tras un breve silencio, siete ángeles aparecen con trompetas, anunciando una serie de plagas y juicios divinos.
El Drama Divino
Esta parte central del Apocalipsis se presenta como un drama en cinco actos, que describe la lucha entre el bien y el mal, y la victoria final de Cristo:
Primer Acto: El Cordero, la Mujer y el Dragón (Capítulos 12-14)
La visión principal se inspira en Génesis 3:15, presentando a una mujer vestida de esplendor celestial (identificada con la sinagoga o la Iglesia), que da a luz a un hijo destinado a gobernar las naciones. Ella es perseguida por un gran dragón (Satanás), que es expulsado del cielo. Aparecen dos bestias:
La Bestia del Mar: Representa el Imperio Romano y su emperador, el César, que recibe poder del dragón. Tiene siete cabezas y diez cuernos, similar a las bestias de Daniel 7. Su marca, el número 666, se interpreta como una gemátria hebrea para «Nerón César», ocultando el nombre del emperador perseguidor.
La Bestia de la Tierra: También conocida como el falso profeta, su función es engañar y llevar a los hombres a adorar a la bestia del mar, simbolizando a los cristianos apóstatas o los nicolaitas que inducían a la idolatría.
Segundo Acto: Las Siete Copas (Capítulos 15-16)
Estas copas contienen las siete plagas que preceden la destrucción de Babilonia, inspiradas en las plagas de Egipto. Se derraman sobre la tierra, los mares, los ríos, el sol, el trono de la bestia, el Éufrates (preparando el camino para los reyes de Oriente) y el aire, causando destrucción y calamidades.
Tercer Acto: La Gran Ramera (Capítulos 17-18)
Se describe a una gran ramera, identificada como Babilonia (Roma), sentada sobre una bestia escarlata. Representa la idolatría y la fornicación espiritual de los reyes y naciones de la tierra con el poder imperial. Su caída es lamentada por los gobernantes y mercaderes, y es vista como un lugar desolado.
Cuarto Acto: La Victoria sobre la Bestia y el Dragón (Capítulos 19-20)
Un caballero, «La Palabra de Dios», aparece montado en un caballo blanco, derrotando a la bestia y al falso profeta, que son arrojados al lago de fuego. A esto sigue la primera resurrección y el reinado de Cristo por mil años. Los mártires resucitan y participan en la gloria con Cristo, mientras Satanás es encadenado. Al final de los mil años, es liberado para engañar a las naciones (Gog y Magog), pero finalmente es derrotado y arrojado al lago de fuego eternamente.
Quinto Acto: La Nueva Jerusalén (Capítulos 21-22)
La visión culminante presenta la Nueva Jerusalén, que desciende del cielo, preparada como una esposa para su esposo. Dios habita en medio de sus santos, quienes disfrutan de completa felicidad. Esta ciudad gloriosa, descrita con detalles tomados de Ezequiel 40-48, tiene los nombres de las Doce Tribus y los Doce Apóstoles en sus puertas. En ella, Dios y el Cordero son el santuario y la luz,.
Epílogo
El libro concluye con una advertencia sobre la inminencia del cumplimiento de la profecía y la bienaventuranza para quienes guarden sus palabras,. Se prohíbe añadir o quitar algo del libro, bajo pena de perder la parte en la ciudad celestial.