El Apostolado de la Oración fue fundado en 1844 en Vals, Francia, por el P. Francis X. Gautrelet, de la Compañía de Jesús1. Su objetivo inicial era inculcar en los jóvenes jesuitas la importancia de ofrecer sus vidas y actividades diarias por las intenciones del Corazón de Jesús, uniéndose así a la misión apostólica1. La asociación ganó una popularidad considerable gracias al P. Henry Ramière, S.J., quien en 1861 adaptó su organización para parroquias e instituciones católicas y la dio a conocer a través de su libro «El Apostolado de la Oración», traducido a múltiples idiomas1.
En 1879, la asociación recibió sus primeros estatutos, aprobados por el Papa Pío IX. Posteriormente, en 1896, estos estatutos fueron revisados y nuevamente aprobados por el Papa León XIII, estableciendo la naturaleza, constitución y organización del Apostolado1. A lo largo de los años, varios Papas han elogiado y recomendado esta institución providencial, destacando su importancia para la vida de la Iglesia. El Papa Pío XII, en mensajes conmemorativos del centenario del Apostolado en 1945 y en 1957, resaltó su rol como «milicia de la gloria de Dios» y su capacidad para mantener y vivificar la fe católica a través de la oración2,3,4,5,6.

