El apostolado docente se distingue por varias características esenciales:
Formación Integral
Todos los esfuerzos deben estar dirigidos a la educación integral de las nuevas generaciones, convencidos de que el tiempo dedicado a la formación religiosa y cultural de la juventud es de gran trascendencia para la vida de la Iglesia y la sociedad. Esto incluye la formación moral y religiosa, incluso para aquellos que asisten a centros no católicos, siempre con respeto a la libertad de conciencia.
Ciencia y Apostolado
La enseñanza debe ser tanto científica como apostólica. El mundo necesita apóstoles, y los apóstoles necesitan ciencia. Esto implica no solo la transmisión de información, sino una invitación constante al testimonio y al seguimiento de Cristo. La instrucción de la fe debe estar siempre dispuesta a acoger el testimonio vinculante de la Iglesia y las decisiones de quienes tienen la misión divina de preservar el depósito de la fe.
Testimonio de Vida
El apostolado docente se nutre del testimonio de vida de los educadores. El compromiso apostólico del maestro católico que prioriza el respeto y el servicio a los individuos –colegas y estudiantes– ofrece el testimonio del «hombre nuevo». Los educadores laicos tienen la función peculiar de ser testigos cristianos en la escuela mediante su ejemplo y su trabajo.
Servicio a la Sociedad y a la Iglesia
La función del maestro es un verdadero apostolado y al mismo tiempo un verdadero servicio prestado a la sociedad. Es una misión que requiere unidad y comunión con la Iglesia para definir la escuela como «católica» en todos sus niveles. La vocación cristiana es, por naturaleza, una vocación al apostolado, y su aplicación en la acción pastoral universitaria es un gran desafío a la responsabilidad de los maestros, intelectuales y estudiantes católicos.