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Apuesta de Pascal

La apuesta de Pascal es un argumento filosófico y apologético formulado por el matemático, físico y pensador católico francés Blaise Pascal (1623-1662). Parte de una decisión inevitable: toda persona orienta su vida como si Dios existiera o como si no existiera. Pascal sostiene que, atendiendo a las consecuencias posibles -la salvación eterna o la pérdida definitiva-, la razón práctica aconseja apostar por Dios. La tradición católica contemporánea valora la fuerza de esta reflexión como una llamada a tomarse en serio el destino humano, aunque no la considera una demostración estricta de la existencia de Dios ni un sustituto de la fe, que constituye un don de la gracia y una respuesta libre del ser humano.1,2,3

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreApuesta de Pascal
CategoríaTérmino
DescripciónArgumento que, por medio de la razón práctica, aconseja creer en Dios para obtener una ganancia infinita (salvación) y evitar una pérdida infinita (condenación). La apuesta, formulada por el filósofo y matemático católico Blaise Pascal (1623-1662), parte de la imposibilidad de permanecer neutral ante la cuestión de la existencia de Dios. Presenta dos opciones (Dios existe / Dios no existe) y evalúa sus consecuencias infinitas y finitas, concluyendo que la decisión prudente es vivir orientado a Dios. No pretende demostrar la existencia de Dios, sino motivar una actitud seria hacia la fe, reconociendo la limitación de la razón y la necesidad del don de gracia
Contexto HistóricoFrancia del siglo XVII; Pascal, científico y creyente, vivió entre el jansenismo y el debate con los jesuitas. Su experiencia religiosa de 1654 marcó su conversión y le llevó a formular la apuesta como parte de su proyecto apologético.
Enseñanzas Principales1. La razón práctica aconseja vivir como si Dios existiera. 2. La salvación eterna constituye una ganancia infinita que supera cualquier pérdida temporal. 3. La indiferencia religiosa es irracional. 4. La fe es un don sobrenatural que complementa, no contradice, la razón.
Impacto HistóricoInfluyó en pensadores posteriores (Hume, Kierkegaard, etc.) y sigue siendo utilizada en la catequesis católica como argumento propedéutico que invita al buscador a considerar seriamente la existencia de Dios.
Importancia HistóricaObra clave en la filosofía de la religión; anticipa discusiones contemporáneas sobre creencia racional, toma de decisiones bajo incertidumbre y relación entre fe y razón.
ObservacionesLa tradición católica valora la apuesta como llamado a la reflexión seria sobre el destino humano, pero no la considera una demostración estricta de la existencia de Dios ni sustituto de la fe.
Personas relacionadasBlaise Pascal
Tema
TipoApologética, Argumento apologético

Tabla de contenido

Blaise Pascal y el contexto de la apuesta

Pascal, científico y creyente

Blaise Pascal nació en Clermont-Ferrand el 19 de junio de 1623 y murió en París el 19 de agosto de 1662. Desde muy joven mostró una extraordinaria capacidad para las matemáticas, la geometría y la física. A los diecisiete años publicó un trabajo sobre las secciones cónicas y, con diecinueve, inventó una máquina aritmética destinada a facilitar los cálculos de su padre. También realizó investigaciones sobre el vacío, el peso del aire, el triángulo aritmético y la teoría de las probabilidades.1

Su actividad científica no condujo a Pascal a despreciar la religión. Al contrario, la precisión de las matemáticas le ayudó a reconocer tanto la grandeza de la razón como sus límites. La razón puede investigar numerosos aspectos del mundo creado, pero no alcanza por sí sola el misterio de Dios ni la realidad sobrenatural de la gracia, la Encarnación y la salvación. El pensamiento de Pascal distingue así entre el espíritu geométrico, atento a las demostraciones rigurosas, y el espíritu de finura, capaz de captar de manera sintética la totalidad de una realidad compleja.2,4

La tradición católica considera legítima esta relación entre fe y razón. Benedicto XVI recordó que la fe católica no es enemiga del pensamiento racional: la razón puede alcanzar con certeza la existencia de Dios a partir de la creación, mientras que las verdades sobrenaturales requieren la luz de la fe. Ambas facultades no se destruyen mutuamente, sino que colaboran en la búsqueda de la verdad.3

La búsqueda de la verdad y la condición humana

La apuesta forma parte de un proyecto apologético más amplio que Pascal no llegó a concluir. El pensador francés quería mostrar que el ser humano vive entre dos extremos: posee una grandeza que supera el mundo material, porque puede conocer la verdad y amar, pero también experimenta la miseria de la ignorancia, el sufrimiento, la desorientación y la muerte.

La cuestión religiosa no aparece, por tanto, como una curiosidad secundaria. Concierne al sentido entero de la existencia. Pascal considera que la inmortalidad del alma y la posibilidad de la salvación afectan de tal manera a la persona que resultaría irracional vivir como si esas cuestiones no importaran. Francisco resumió este aspecto afirmando que Pascal no comprendía que alguien despreciase el Evangelio por pereza, indiferencia o apego a las pasiones, pues en Jesucristo está en juego el destino humano.5,2

La conversión de Pascal

La vida espiritual de Pascal estuvo marcada por una profunda experiencia religiosa ocurrida la noche del 23 de noviembre de 1654. Pascal consignó aquella vivencia en un escrito conocido como el Memorial, que llevó oculto en el forro de su ropa y que sólo apareció después de su muerte.

El Memorial comienza con la palabra «Fuego» y evoca al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, en contraste con el Dios concebido únicamente como una idea filosófica. Pascal escribió también: «Dios de Jesucristo», y expresó su alegría, sus lágrimas y su deseo de no apartarse nunca de Cristo. La experiencia transformó su vida y lo condujo hacia una conversión más intensa, marcada por la oración, la penitencia, la caridad y la meditación sobre la Pasión.6,7

Esta experiencia resulta decisiva para comprender la apuesta. Pascal no fue un calculador frío que pretendiera reducir la fe a una operación matemática. La apuesta pertenece al camino de una persona que busca la verdad, reconoce la gravedad de su destino y descubre finalmente que el Dios cristiano no es una abstracción, sino el Dios vivo que se revela en Jesucristo.6,7

Formulación de la apuesta

La decisión inevitable

Pascal presenta el problema en forma de alternativa:

  • Dios existe.
  • Dios no existe.

La persona no puede permanecer completamente al margen de esa alternativa. Aunque alguien declare que suspende su juicio, su manera de vivir manifiesta una orientación práctica: actúa como si la existencia de Dios importase o como si no importase.

Pascal expresa la cuestión mediante la imagen de una apuesta porque la vida humana implica decisiones bajo condiciones de incertidumbre. Nadie dispone, durante la existencia terrena, de una evidencia directa y completa del destino eterno. Sin embargo, la falta de evidencia absoluta no elimina la necesidad de elegir. Vivir ya constituye una toma de posición ante Dios, la muerte, la eternidad y la moral.

La estructura de ganancias y pérdidas

La forma clásica del razonamiento puede resumirse así:

Decisión vitalDios existeDios no existe
Vivir orientado hacia DiosSalvación y ganancia infinitaPérdidas limitadas o ausencia de ganancia eterna
Vivir como si Dios no existieraPérdida infinitaGanancias limitadas o ausencia de pérdida eterna

Si una persona apuesta por Dios y Dios existe, alcanza una ganancia que Pascal considera infinita: la vida eterna y la comunión con Dios. Si apuesta por Dios y Dios no existe, las renuncias y los esfuerzos de una vida religiosa poseen, desde la perspectiva estrictamente temporal, un coste limitado.

Si, por el contrario, una persona apuesta contra Dios y Dios existe, afronta una pérdida infinita: la privación de Dios y la condenación eterna. Si Dios no existe, obtiene únicamente beneficios finitos, vinculados al placer, el poder, la comodidad o cualquier otra ventaja temporal.

La conclusión práctica de Pascal consiste en que una elección favorable a Dios ofrece una posibilidad de ganancia infinita, mientras que la elección contraria expone a una pérdida infinita. La prudencia, entendida como virtud que ordena los medios al verdadero bien, aconseja orientar la vida hacia Dios.1

El carácter práctico del argumento

La apuesta no pretende demostrar mediante una deducción matemática que Dios existe. Pascal no presenta una prueba metafísica comparable a un razonamiento geométrico. Su argumento se dirige a la razón práctica, es decir, a la capacidad de valorar qué decisión conviene adoptar ante una cuestión que compromete la existencia entera.

La apuesta tampoco pretende convertir la fe en un juego de azar. El lenguaje procede del ámbito de las probabilidades, que Pascal conocía profundamente, pero la cuestión supera infinitamente cualquier cálculo ordinario. El valor de la vida eterna no puede equipararse a una ganancia económica ni a un premio finito. Precisamente por eso, la posibilidad de una recompensa o de una pérdida infinitas altera por completo la comparación.

«Apostar por Dios» según Pascal

No basta con una decisión exterior

Una interpretación superficial podría reducir la apuesta a una conducta interesada: convendría comportarse religiosamente para obtener el cielo, aunque la persona todavía no creyera. Pascal contempla esta situación, pero no la presenta como el punto final de la conversión.

Su razonamiento pretende despertar al indiferente y moverle a abandonar la negligencia. Quien todavía no posee fe puede comenzar a orientar su vida hacia Dios, examinar el Evangelio, participar en la oración y apartarse de los obstáculos que impiden una búsqueda sincera. El ejercicio de una vida ordenada puede disponer el corazón para recibir la gracia, pero ninguna práctica externa produce automáticamente la fe.

La fe no equivale a una conclusión fabricada por la voluntad. La inteligencia no puede aceptar como verdadero aquello que reconoce como falso, y la religión perdería su racionalidad si contradijera los principios fundamentales del pensamiento.8,2

El corazón y la razón

Pascal escribió que «el corazón tiene razones que la razón no conoce». La palabra corazón no designa aquí un simple sentimiento irracional. En el pensamiento pascaliano, el corazón representa la capacidad humana de captar ciertos primeros principios y de abrirse a una realidad que el razonamiento discursivo no agota.

La persona conoce mediante la razón, pero también mediante una comprensión inmediata y profunda de la verdad. Esta dimensión no elimina la argumentación: la precede y la sostiene. La razón necesita principios que no demuestra mediante otros razonamientos, como ocurre con determinadas evidencias fundamentales de la vida intelectual. Del mismo modo, la fe permite recibir verdades que superan la capacidad natural de la razón sin oponerse a ella.2,8

La doctrina católica mantiene que la verdad no puede contradecir a la verdad. La misma fuente divina concede al ser humano la razón natural y revela las verdades sobrenaturales. La fe supera la razón, pero no la destruye ni la convierte en absurda.9,10

Del interés inicial al amor de Dios

La apuesta puede despertar una búsqueda motivada inicialmente por la prudencia. Sin embargo, la vida cristiana no consiste en negociar con Dios para obtener un beneficio. La fe madura conduce al amor, a la adoración y a la entrega confiada.

El Dios cristiano no es un mecanismo para garantizar ventajas personales. Es el Dios de Jesucristo, que llama a la conversión, perdona los pecados y comunica su propia vida. Pascal comprendió que nadie conoce verdaderamente a Dios sin Jesucristo, porque Cristo constituye el mediador entre Dios y la humanidad.7

Por eso, la apuesta sólo adquiere su pleno sentido cuando conduce desde la preocupación por el destino eterno hasta el encuentro con Cristo. El miedo a perder la salvación puede despertar la conciencia, pero la caridad transforma la existencia y une al creyente con Dios.

Valor apologético de la apuesta

Una crítica a la indiferencia

El objetivo principal de Pascal no consiste en convencer a una persona que busca sinceramente y todavía encuentra dificultades intelectuales. Su crítica apunta sobre todo a la indiferencia práctica: la actitud de quien evita pensar en Dios porque prefiere vivir sin exigencias espirituales.

Pascal distingue entre quienes no creen después de haber investigado con honestidad y quienes ni siquiera quieren examinar el problema. La primera situación reclama diálogo, paciencia y respeto. La segunda manifiesta una decisión existencial que no puede justificarse simplemente alegando falta de pruebas.

La apuesta recuerda que la indiferencia también tiene consecuencias. Negarse a considerar la cuestión de Dios no constituye una posición neutral cuando la muerte y la eternidad afectan a toda persona.5

Un argumento dirigido a la persona concreta

La apuesta posee una fuerza existencial porque no pregunta únicamente «¿puede demostrarse la existencia de Dios?», sino también «¿cómo conviene vivir mientras buscas la verdad?». Esta segunda pregunta introduce la responsabilidad personal, la libertad y el sentido de la vida.

Pascal no trata al interlocutor como un espectador externo. Cada persona participa en el problema mediante sus decisiones, sus deseos y sus costumbres. El conocimiento religioso no depende sólo de reunir argumentos, porque la voluntad puede acercarse a la verdad o apartarse de ella.

Francisco interpretó esta perspectiva desde la doctrina cristiana de la gracia: Dios ofrece luz suficiente a quien desea buscar, pero no fuerza la libertad. El amor divino propone y atrae; no se impone por violencia.8,2

Principales objeciones filosóficas

La objeción de las muchas religiones

Una crítica habitual sostiene que la apuesta simplifica demasiado las posibilidades. No sólo existen las alternativas «Dios existe» y «Dios no existe», sino también diversas concepciones de Dios y múltiples religiones. Una persona podría preguntarse: ¿por qué apostar por el Dios cristiano y no por otra divinidad o tradición religiosa?

La objeción muestra que la formulación elemental de la apuesta no agota la cuestión religiosa. El razonamiento no identifica por sí solo la naturaleza de Dios ni demuestra que el cristianismo sea verdadero. Para alcanzar esas conclusiones hacen falta otros argumentos: el estudio de la revelación, la credibilidad histórica de Jesucristo, la Resurrección, la continuidad apostólica y la misión de la Iglesia.

Pascal, sin embargo, no reduce el cristianismo a una hipótesis religiosa genérica. Su reflexión conduce hacia el Dios personal de la revelación bíblica, que se manifiesta plenamente en Jesucristo. Para él, el Dios de la fe no coincide con una idea filosófica abstracta ni con una fuerza cósmica impersonal.6,7

La objeción de la fe fingida

Otra crítica afirma que nadie puede elegir creer simplemente porque la apuesta resulte conveniente. La voluntad no controla directamente la convicción intelectual. Una persona puede decidir asistir a actos religiosos, leer el Evangelio o adoptar determinadas prácticas, pero no puede producir por orden propia una certeza interior.

Esta objeción acierta al recordar que la fe no nace de una estrategia interesada. La doctrina católica enseña que la fe es un don sobrenatural y una respuesta libre del ser humano. Dios puede mover el corazón, pero no anula la libertad.2,8

La respuesta pascaliana consiste en proponer un camino de disposición. El indiferente puede comenzar a buscar con seriedad, abandonar hábitos que oscurecen la conciencia y abrirse a la posibilidad de que Dios se revele. La práctica no fabrica la fe, pero puede retirar obstáculos para que la gracia encuentre un corazón receptivo.

La objeción del interés egoísta

Algunos críticos consideran que la apuesta presenta la religión como una búsqueda de premio y una huida del castigo. Desde esta perspectiva, un comportamiento religioso adoptado por interés carecería de auténtico valor moral.

La crítica resulta válida cuando la apuesta se interpreta como una simple técnica para obtener el cielo. El cristianismo no enseña que el amor a Dios pueda reemplazarse por una conducta calculada. La virtud teologal de la caridad exige amar a Dios por Él mismo y al prójimo por amor de Dios.

Sin embargo, la tradición cristiana reconoce que el temor de la condenación puede desempeñar una función inicial en la conversión. El temor imperfecto no constituye la plenitud de la vida espiritual, pero puede apartar del pecado y abrir el camino hacia el arrepentimiento, la esperanza y la caridad. En este sentido, Pascal utiliza la prudencia para despertar a quien vive distraído, no para presentar el egoísmo como ideal cristiano.

La objeción de la utilidad temporal

Pascal afirma que apostar por Dios no implica una pérdida decisiva aunque Dios no exista. Algunos autores cuestionan esta afirmación, porque una vida religiosa puede exigir sacrificios, renuncias, tiempo, obligaciones morales y limitaciones de ciertos placeres.

La respuesta exige distinguir entre pérdidas finitas y ganancias infinitas. Pascal no niega que la decisión religiosa pueda comportar costes temporales. Sostiene que, incluso admitiendo esos costes, permanecen limitados en comparación con la posibilidad de la vida eterna.

Además, el cristianismo no presenta la vida de fe como una suma de privaciones sin bienes propios. La relación con Dios transforma la comprensión de la libertad, la dignidad, el sufrimiento, la comunidad y el amor. La existencia cristiana puede exigir renuncias, pero también ofrece una orientación del deseo hacia un bien que supera el placer inmediato.

La apuesta y las pruebas de la existencia de Dios

No es una demostración metafísica

La apuesta no sustituye a las pruebas filosóficas de la existencia de Dios. La razón humana puede ascender desde el mundo creado hasta su Creador mediante la causalidad, la contingencia, el orden y la inteligibilidad del universo. La tradición católica acepta que la creación permite conocer que Dios existe.3,11

Pascal conoce esas cuestiones, pero considera que muchos razonamientos abstractos no alcanzan el centro de la vida religiosa. Una persona puede admitir intelectualmente que existe un ser supremo y, sin embargo, permanecer lejos del Dios vivo. La apuesta intenta mostrar que la cuestión de Dios no termina con una conclusión teórica: reclama una respuesta existencial.

De la filosofía al Dios de Jesucristo

El pensamiento pascaliano distingue entre el Dios de los filósofos y el Dios de Jesucristo. La filosofía puede conducir hacia el reconocimiento de una causa primera o de un ser necesario, pero la fe cristiana anuncia algo más: Dios es personal, ama, llama, perdona y entra en la historia humana.

El cristianismo confiesa que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y que el Hijo se encarnó en Jesucristo, murió y resucitó para la salvación del mundo. Estas verdades no resultan demostrables mediante las ciencias naturales ni mediante la sola razón filosófica; requieren la revelación divina y la respuesta de fe.2,3

La apuesta dentro de la doctrina católica

La fe como don y acto libre

La Iglesia no identifica la fe con una conclusión probabilística. La fe es la adhesión libre del ser humano a Dios que se revela. La gracia mueve interiormente a la persona, pero no la obliga. La inteligencia y la voluntad participan en el acto de fe, que incluye confianza en Dios y asentimiento a la verdad revelada.

La fe supera la razón, aunque nunca puede contradecirla. La tradición católica rechaza tanto el fideísmo, que pretende creer contra la razón, como el racionalismo, que acepta únicamente aquello que puede someterse a una demostración científica o matemática.8,2,10

La responsabilidad moral ante la verdad

La apuesta también plantea una cuestión moral: ¿qué responsabilidad tiene quien nunca ha recibido el Evangelio de manera adecuada? La Iglesia distingue entre el rechazo culpable de la verdad y la ignorancia no culpable. Pascal dirige principalmente su crítica a quienes tienen posibilidad de buscar y, sin embargo, rehúyen voluntariamente toda consideración religiosa.

El juicio sobre la conciencia pertenece a Dios. La reflexión pascaliana no autoriza a condenar apresuradamente a quienes dudan, sufren escándalo o plantean objeciones honestas. La búsqueda de la verdad requiere humildad, diálogo y respeto por la libertad religiosa. Cristo dio testimonio de la verdad, pero no quiso imponerla mediante la fuerza.8,12

La conversión como respuesta completa

La apuesta sólo alcanza su finalidad cuando conduce a una conversión real. Convertirse no significa adoptar exteriormente ciertas costumbres para protegerse frente a una eventual condenación. Significa volver el corazón hacia Dios, reconocer el pecado, acoger la misericordia y entrar en una relación viva con Jesucristo.

La experiencia de Pascal muestra este itinerario. Su búsqueda intelectual desembocó en el reconocimiento de la propia necesidad de salvación. La fe no le condujo a abandonar la razón, sino a comprender que la razón alcanza su plenitud cuando acepta humildemente la revelación y la gracia.7,2

Relación con el jansenismo

Pascal mantuvo vínculos estrechos con Port-Royal y con ambientes influidos por el jansenismo. Una de sus hermanas ingresó en aquella comunidad religiosa, cuya teología había recibido una fuerte influencia de Cornelio Jansen y de su obra Augustinus. Después de su experiencia religiosa de 1654, Pascal frecuentó la abadía de Port-Royal y participó en las controversias que enfrentaron a jesuitas y partidarios del jansenismo en torno a la gracia, la naturaleza humana y la libertad.5,1

La apuesta no constituye, sin embargo, una doctrina exclusiva del jansenismo. El argumento pertenece a la apologética de Pascal y puede analizarse independientemente de las disputas sobre la gracia eficaz, la libertad y la predestinación. La Iglesia ha reconocido la importancia de Pascal como buscador de la verdad y testigo de la relación entre fe y razón, sin aprobar por ello todas las posiciones teológicas vinculadas a su entorno histórico.6,7,5

Importancia histórica y filosófica

La apuesta ocupa un lugar destacado en la historia de la filosofía de la religión porque anticipa cuestiones que todavía influyen en el pensamiento contemporáneo:

  • la relación entre creencia y decisión;
  • la racionalidad de actuar bajo incertidumbre;
  • el valor infinito atribuido a la salvación;
  • la diferencia entre demostración teórica y razonamiento práctico;
  • la influencia de los deseos y de la voluntad en la búsqueda de la verdad;
  • la tensión entre la evidencia racional y la libertad de la fe.

Su fuerza literaria procede también de la capacidad de Pascal para relacionar matemáticas, psicología, antropología y teología. El ser humano aparece como un ser limitado que, sin embargo, puede abrirse a lo infinito. Pascal resume esta paradoja al describir al hombre como «nada frente al infinito» y «todo frente a la nada».13

El pensamiento de Pascal conserva actualidad porque la cultura moderna continúa enfrentándose a las mismas preguntas: qué sentido tiene la vida, si la muerte constituye el final absoluto, si existe una verdad última y si la libertad humana puede encontrar un bien que no desaparezca con el tiempo.

Valoración final

La Apuesta de Pascal ofrece un argumento poderoso para combatir la indiferencia religiosa y recordar que la existencia humana posee una dimensión eterna. Su razonamiento muestra que nadie puede vivir sin orientar, de algún modo, su vida ante la posibilidad de Dios. También enseña que la cuestión religiosa afecta a la totalidad de la persona y no sólo a la especulación intelectual.

Desde la perspectiva católica, la apuesta posee un valor propedéutico: puede disponer a una persona a buscar, pero no produce por sí misma la fe. No demuestra de manera concluyente la existencia de Dios, no resuelve todas las objeciones contra el cristianismo y no permite reducir la religión a un cálculo de beneficios. Su sentido pleno aparece cuando conduce desde la prudencia inicial hasta la verdad, desde la verdad hasta la conversión y desde la conversión hasta la caridad.

Pascal recuerda que la fe católica no exige apagar la razón. La razón busca, examina y reconoce sus límites; la gracia ilumina el corazón; Jesucristo revela el rostro personal de Dios. La apuesta invita, en último término, a tomar en serio la vida, la muerte y la posibilidad de la salvación, porque ante Dios ninguna existencia humana resulta indiferente.

Citas y referencias

  1. Blaise Pascal. Enciclopedia Católica, Blaise Pascal (1913). 2 3 4
  2. La grandeza y la miseria del hombre, Papa Francisco. Sublimitas et Miseria Hominis, I (2023). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  3. Audiencia general del 21 de noviembre de 2012, Papa Benedicto XVI. Audiencia general del 21 de noviembre de 2012, I (2012). 2 3 4
  4. Joseph Ratzinger. El Dios de la fe y el Dios de los filósofos: una contribución al problema de la Theologia Naturalis, IV (2024).
  5. Pascal, controversia et caritas, La Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número VII, julio, 2023, XVIII (2023). 2 3 4
  6. Conversio: Visitatio domini, La Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número VII, julio, 2023, XIV (2023). 2 3 4
  7. La Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número VII, julio, 2023, XV (2023). 2 3 4 5 6
  8. De cordis ordine et credendi rationibus, La Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número VII, julio, 2023, XVI (2023). 2 3 4 5 6
  9. Fe. Enciclopedia Católica, Fe (1913).
  10. Fe y razón * - De la encíclica, «qui pluribus», 9 de nov., 1846, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), MMDCCLXXVI (1854). 2
  11. La existencia de Dios. Enciclopedia Católica, La existencia de Dios (1913).
  12. Agnosticismo. Enciclopedia Católica, Agnosticismo (1913).
  13. Litterae apostolicae, La Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número VII, julio, 2023, VI (2023).
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