Desde los primeros siglos, la tradición católica ha interpretado el Arca de Noé como un tipo o prefiguración de la Iglesia,. Este simbolismo es profundo y se ha desarrollado a lo largo de la historia de la Iglesia.
El Arca como Refugio de Salvación
Así como el Arca salvó a Noé y su familia de las aguas destructoras del diluvio, la Iglesia es vista como el instrumento de salvación para todos los que entran en ella,. Los Padres de la Iglesia, como San Jerónimo, San Agustín y San Efrén el Sirio, enfatizaron esta analogía. Para San Jerónimo, el Arca de Noé es un tipo de la Iglesia que salva a través del agua, de la misma manera que en el Arca se encontraron hombres de todas las razas y caracteres, simbolizados por la diversidad de animales. El Catecismo del Concilio de Trento destaca que el Arca fue construida por mandato divino para ser un símbolo de la Iglesia, que Dios ha establecido para que todos los que entran en ella por el Bautismo estén a salvo de la muerte eterna.
En un mundo de «relaciones líquidas» y desapego, el Arca, como una morada familiar, emerge como el lugar donde el deseo de una vida plena se despierta, es aceptado, sanado y reafirmado en relación con su fin. La Iglesia, como la gran Arca, se convierte en un hogar donde todas las familias pueden encontrar un lugar para vivir y crecer, recordando su vocación y el amor que las llena de vida.
Diversidad y Unidad en la Iglesia
La entrada de toda clase de animales en el Arca, limpios e impuros, fue interpretada por San Agustín como una profecía de la presencia de hombres buenos y malos dentro de la Iglesia, quienes deben ser tolerados sin que se corrompa la doctrina o se rompa la disciplina. San Jerónimo también señala que, al igual que en el Arca había leopardos con cabritos y lobos con corderos, en la Iglesia se encuentran justos y pecadores, vasos de oro y plata junto con los de madera y tierra. Esta diversidad, sin embargo, no rompe la unidad de la Iglesia.
El Arca como una Casa y una Nave
El Arca no fue simplemente un barco, sino una casa, un símbolo de la familia. Esta imagen se ha mantenido en el arte cristiano. Gerhard Ludwig Müller describe el Arca como una «casa-barco» cuyas tablas fijas y estancas, con sus diferentes niveles, representan la cultura de la familia, salvaguardada por el amor indisoluble entre un hombre y una mujer abiertos a la transmisión y educación de la vida. Así, la Iglesia, en su misión de ser un «hogar favorable», debe crear una cultura en la que la familia pueda prosperar.