El Arca de la Alianza, conocida en hebreo como aron, era un cofre sagrado de gran importancia para el pueblo de Israel1. No se trataba de una gran construcción como el arca de Noé, sino más bien de un cofre o caja. En las escrituras, se le designaba con varios nombres como el Arca del Testimonio, el Arca del Pacto del Señor, o simplemente el Arca de Dios1.
Descripción y Contenido
Las instrucciones para la construcción del Arca de la Alianza fueron dadas por Dios mismo a Moisés, y fueron ejecutadas fielmente por Beseleel1.
Las medidas del Arca eran dos codos y medio de largo, un codo y medio de ancho y un codo y medio de alto1. Estaba hecha de madera de acacia (setim), que era incorruptible, y revestida de oro puro por dentro y por fuera. Una corona o borde de oro la rodeaba1. En sus cuatro esquinas, probablemente en la parte superior, tenía cuatro anillos de oro por los que pasaban dos varas de madera de acacia, también recubiertas de oro, para transportarla. Estas varas debían permanecer siempre en los anillos, incluso cuando el Arca se colocaba en el Templo de Salomón1.
La cubierta del Arca, llamada «propiciatorio», también era de oro puro. Sobre ella se encontraban dos querubines de oro batido, mirando el uno al otro y extendiendo sus alas para cubrir ambos lados del propiciatorio1.
Originalmente, el Arca estaba destinada a contener las tablas de la Ley1. Más tarde, Moisés recibió la orden de colocar cerca del Arca un vaso de oro con una porción de maná y la vara de Aarón que había florecido1. El autor de la Epístola a los Hebreos (9:4) y las tradiciones judías indican que estos elementos fueron guardados dentro del Arca misma1. Sin embargo, en el Templo de Salomón, se registra que el Arca contenía únicamente las tablas de la Ley1.
Uso y Significado
El Arca no solo simbolizaba la presencia de Dios en medio de su pueblo, sino que también era un signo de las empresas bélicas de Israel1. La captura del Arca por los enemigos era considerada el mayor mal que podía acontecer a la nación1. El lugar más sagrado del Arca parecía ser el oráculo, desde donde Yahvéh transmitía sus preceptos a Israel1.
El Arca era un testimonio de la elección de Israel por parte de Yahvéh como su pueblo y un signo visible de su presencia invisible1.
Desaparición del Arca
Existen varias tradiciones sobre el destino del Arca tras la caída de Jerusalén en el 587 a.C. Una de ellas, mencionada en una carta de los judíos de Jerusalén a los que estaban en Egipto, relata que el profeta Jeremías, advertido por Dios, mandó que el Tabernáculo y el Arca lo acompañaran hasta que llegaran a la montaña donde Moisés subió y vio la heredad de Dios. Allí, Jeremías encontró una cueva hueca y guardó el Tabernáculo, el Arca y el altar del incienso, cerrando la entrada. Cuando algunos de sus seguidores intentaron marcar el lugar, no pudieron encontrarlo. Jeremías les reprochó, diciendo que el lugar permanecería desconocido hasta que Dios reuniera a la congregación del pueblo y les concediera misericordia1.
El profeta Jeremías también anunció que, en tiempos mesiánicos, el Arca sería completamente olvidada: «No dirán más: El arca de la alianza de Yahvéh; ni vendrá a la mente, ni se acordarán de ella, ni será visitada, ni se hará más» (Jeremías 3:16)1. Es comúnmente aceptado que el Arca no estuvo presente en el Segundo Templo1.

