El altar, en la liturgia de la Nueva Ley, es la mesa sobre la cual se ofrece el Sacrificio Eucarístico1. Es el lugar central de culto y el punto focal de la congregación, simbolizando a Cristo mismo2,1. Se le denomina «solemne» por la profunda reverencia y dignidad que se le confiere, especialmente durante las celebraciones más importantes de la Iglesia.
Simbolismo y Significado Teológico del Altar
La dignidad del altar radica en que es la mesa del Señor3. Representa a Cristo, la Piedra Viva (1 Pe 2,4), y es en sí mismo un símbolo del sacrificio de Jesús y de la mesa dominical donde el pueblo de Dios se alimenta del banquete divino4,5.
Cristo Sacerdote y Víctima: El altar es el lugar donde Cristo, como sacerdote y víctima, se entrega al Padre en la cruz para la remisión de los pecados del mundo, estableciendo una nueva y eterna alianza4.
Mesa del Banquete Divino: El altar también es la mesa del Señor, aludiendo a la Última Cena, donde Cristo se dio a sí mismo como alimento6,1. Es el lugar donde los fieles participan del sacrificio y se nutren de la víctima, el Cuerpo y la Sangre de Cristo2.
Signo de Unidad: En las iglesias nuevas, se prefiere un solo altar fijo para significar que en la única asamblea de fieles hay un solo Salvador, Jesucristo, y una sola Eucaristía de la Iglesia3.
Dedicación y Ornamentación del Altar
La dedicación de una iglesia y su altar es un rito solemne y significativo7,4. Un altar fijo es especialmente recomendado en cada iglesia para expresar reverencia hacia él como símbolo de Cristo5,3.
Rito de Dedicación: Durante la dedicación, el obispo extiende sus manos y pronuncia una oración para santificar el altar, pidiendo que sea una ara dedicada perpetuamente al sacrificio de Cristo y una mesa dominical4,8. Se inciensa el altar, se rocía con agua bendita, y se cubre con manteles, flores y velas, preparándolo para la celebración de la Misa9,10,11.
Requisitos Físicos: El altar principal (o altare summum) se eleva en el santuario, siendo visible para todos los fieles2. Se recomienda que el altar esté separado de la pared, permitiendo que el sacerdote lo rodee y celebre la Misa de cara al pueblo3. Los materiales auténticos y de buena calidad, como velas de cera, lino puro para los corporales, y metales preciosos para cálices y patenas, realzan la solemnidad de la celebración12.

