El Arca de la Alianza (en hebreo, aron) es un cofre sagrado descrito en el Antiguo Testamento, conocido también como el Arca del Testimonio, el Arca del Pacto del Señor, o el Arca de Dios1. No debe confundirse con el arca de Noé, que era una construcción de mayores dimensiones1.
Descripción y Contenido
El Arca de la Alianza fue construida de madera de setim (acacia incorruptible), midiendo dos codos y medio de largo, un codo y medio de ancho y un codo y medio de alto1. Estaba recubierta de oro puro por dentro y por fuera, con una cornisa o borde de oro alrededor1. Tenía cuatro anillos de oro en las esquinas, por los que pasaban dos varas de madera de setim revestidas de oro para transportarla; estas varas debían permanecer siempre en los anillos1. La tapa del Arca, llamada el «propiciatorio» (que significa tanto «cubierta» como «aquello que hace propicio»), también era de oro puro1. Sobre ella se colocaron dos querubines de oro batido, mirándose el uno al otro y extendiendo sus alas para cubrir ambos lados del propiciatorio1.
Dentro del Arca de la Alianza se guardaban las tablas de piedra con los Diez Mandamientos de Dios, la vara de Aarón que se transformó en serpiente ante el faraón, y una porción del maná con el que los israelitas fueron alimentados milagrosamente en el desierto2.
Ubicación y Desaparición
El Arca fue llevada en varias ocasiones para acompañar expediciones militares o realzar celebraciones religiosas1. El cronista relata que el rey Josías ordenó a los levitas que la devolvieran a su lugar en el templo y les prohibió retirarla en el futuro1.
Sobre el destino final del Arca en la caída de Jerusalén en el año 587 a.C., existen varias tradiciones1. Una de ellas, mencionada en los libros sagrados (2 Macabeos 2:4-8), afirma que el profeta Jeremías, advertido por Dios, mandó que el tabernáculo y el arca lo acompañaran a una cueva en la montaña donde Moisés subió y vio la heredad de Dios1. Allí, Jeremías ocultó el tabernáculo, el arca y el altar del incienso, y selló la entrada, declarando que el lugar permanecería desconocido hasta que Dios reuniera a su pueblo y lo recibiera con misericordia1.
Otras tradiciones incluyen la idea de que el Arca fue llevada por el ejército victorioso que saqueó Jerusalén (Apocalipsis de Esdras), o que fue escondida por el rey Josías en un lugar secreto preparado por Salomón en caso de que el templo fuera capturado e incendiado (Talmud)1. Lo innegable es que el Arca nunca se menciona entre los enseres del segundo templo1.
El Arca en la Tradición Católica
La tradición católica, guiada por los Padres de la Iglesia, ha considerado el Arca de la Alianza como un símbolo rico y puro de las realidades de la Nueva Ley1.
Simbolismo de Cristo
Principalmente, el Arca simboliza al Verbo Encarnado de Dios, Jesucristo1. Santo Tomás de Aquino explicó que Cristo fue significado por el Arca:
El Arca hecha de madera de setim representa el cuerpo de Cristo compuesto de la más pura sustancia humana1.
El recubrimiento de oro puro simboliza que Cristo estaba lleno de sabiduría y caridad1.
El vaso de oro con el maná dentro del Arca representa el alma santísima de Jesús, que contiene la plenitud de la santidad y la divinidad1.
La vara de Aarón indica el sacerdocio eterno de Jesucristo1.
Las tablas de piedra de la Ley significan que Jesucristo es el autor de la Ley1.
San Buenaventura también vio en el Arca una representación mística de la Santísima Eucaristía1.
Simbolismo de la Santísima Virgen María
De manera similar, el Arca es considerada una figura mística de la Santísima Virgen María1. La Iglesia la llama la «Arca de la Alianza» (Foederis Arca)1,3. María llevó en su seno al Verbo Encarnado, quien no vino a abolir la ley, sino a darle cumplimiento4. Ella, cuyo cuerpo, mente y corazón son «templo» del Espíritu Santo, nos ayuda a comprender y vivir la ley divina4. Como el Arca antigua contenía la Ley de Dios, María contuvo al propio Legislador hecho carne4,3,5. Por esta razón, muchos cristianos la aclaman diariamente con la invocación de las letanías lauretanas: «Arca de la Alianza»3.
