La antigua sede latina de Atenas
La presencia de una jerarquía latina en Atenas comenzó durante el dominio latino establecido tras la cuarta cruzada. El papa Inocencio III organizó una archidiócesis latina de Atenas con varias diócesis sufragáneas, entre ellas Calcis, Termópilas, Davleia, Áulon, Zorcos, Caristo, Coronea, Andros, Esciros, Ceos y Megara.1,2
La nueva jerarquía coexistió con la tradición eclesial griega. Durante el periodo franco, los arzobispos latinos residieron principalmente en la ciudadela de Atenas, mientras que los obispos vinculados a la tradición griega atendían a los fieles de rito griego en la ciudad baja. La coexistencia de ambas jerarquías reflejaba tanto la diversidad litúrgica como la división política y social de la Atenas medieval.2
Las órdenes religiosas desempeñaron un papel relevante. Los cistercienses se establecieron en Dafne a comienzos del siglo XIII, mientras que franciscanos y dominicos desarrollaron también actividades religiosas y pastorales en Grecia.2
Fin de la residencia arzobispal latina
La situación política cambió repetidamente durante los siglos XIII al XV. Atenas pasó por el dominio franco, catalán y florentino antes de quedar bajo el poder otomano. El último arzobispo latino residente, Nicolás Protimus, murió en 1483. Después de su muerte, la Santa Sede continuó nombrando arzobispos latinos de Atenas, pero estos tuvieron carácter titular y no ejercieron necesariamente una residencia efectiva ni una jurisdicción territorial ordinaria sobre la ciudad.2
Esta distinción resulta esencial para interpretar la cronología. La continuidad del título de arzobispo de Atenas no equivale a la continuidad de una archidiócesis residencial plenamente operativa. Durante largos periodos, el título subsistió como sede titular, mientras la atención pastoral de los católicos latinos dependía de otras estructuras eclesiásticas.2

